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    Opinión

    “Seguridad y solidaridad”, por Elías Farache

    Published by Yossi Bentolila on 28 abril, 2025
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    • Inestabilidad política en Israel
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    El Estado de Israel se prepara para la celebración de la independencia. Se cumplen 77 años de la fundación del moderno Estado judío el 15 de mayo de 1948, que corresponde al 5 de Iyar según el calendario hebreo. La celebración de la independencia, vale pena mencionarlo, tiene un paralelo antagónico cuando algunos palestinos, árabes y sus simpatizantes, conmemoran la Nakba, un día de duelo por la ocasión. No hace falta mucha capacidad de reflexión para concluir que el verdadero problema de la región es la negativa de reconocer el derecho de los judíos a un Estado independiente.

    Desde antes de su fundación, y durante toda su corta existencia, la sobrevivencia de Israel ha estado muy comprometida. Sus primeros veinte años, antes de la aparición del tema palestino y la Guerra de los Seis Días, fueron muy rudos; también la Guerra de Yom Kipur. Recién en la década de los noventa se percibe Israel como una potencia militar difícil de batir.

    Los acontecimientos del 7 de octubre de 2023 pusieron de nuevo en la mira que la situación de seguridad de Israel era delicada. Un país rodeado de hostilidad, y con siete frentes hostiles abiertos y activos en simultáneo; Irán muy empoderado, Hezbolá sólido en el Líbano, y Hamás dictando la pauta del conflicto. El mapa de la región de hace un año resultaba más precario para Israel de lo que es hoy en día. Pero, con eso y todo, incluyendo la nueva y más amigable administración en Estados Unidos, la sensación dentro de Israel no es lo confortable que merecería ser.

    Manifestantes protestan contra la reforma judicial bajo una enorme bandera de Israel en 2023
    (Foto: Voice of America)

    En todas las guerras y conflictos que tenido Israel, en todas las crisis vividas, privó siempre un espíritu de camaradería y solidaridad general. También hubo siempre serias diferencias de enfoque, muchas y profundas diferencias ideológicas. Pero parecía estar por encima el interés nacional, la seguridad de todos, la unión ante el peligro. Las cuentas pendientes, que siempre fueron numerosas, se ajustaban luego de la guerra o la crisis de turno. Y en ese pasado aún muy reciente, es oportuno señalar que el espíritu de respeto y solidaridad se lograba trasmitir a propios y extraños.

    En estos momentos, la sociedad israelí parece muy dividida. Peor aún, enfrentada, con un nivel de virulencia que resulta traumático. Es verdad que se vive una situación muy triste y difícil: los secuestrados por ya casi seiscientos días son un espada de Damocles, en una sociedad cuyo valor máximo es la vida de las personas. Dejarlos en cautiverio es un crimen presente; una negociación que deje libres a terroristas es un crimen a futuro. ¿Quién puede arriesgar vidas presentes a riesgo cierto de atentados futuros? ¿Y viceversa? Todo esto en medio de una crisis de institucionalidad que, provocada o no, resulta en una tremenda inestabilidad.

    Luego del golpe dado a Hezbolá, luego de la elección de Donald Trump, luego de los ataques poco exitosos de Irán, luego de la salida de Assad de Siria, es evidente que la situación de seguridad de Israel es mucho mejor que la de hace unos pocos meses. También es evidente que el clima interno es mucho más difícil que cuando, años y décadas atrás, Israel era mucho más endeble.

    En su larga historia, los judíos lograron ejercer su soberanía territorial únicamente mientras privó un espíritu de unidad nacional. Al no estar esto presente, la situación siempre se complicó, sus enemigos capitalizaban esta coyuntura. Es el caso del Reino de Israel y el de Yehudá, sin caer en anacronismos. Es el caso de las rivalidades y enfrentamientos internos antes de las destrucciones de ambos templos de Jerusalén, también evitando los anacronismos evidentes. El Israel de hoy en día tiene una cohesión inexpugnable que le permite sobrevivir, pero refleja al exterior profundas diferencias internas, adornadas de una falta de respeto que agrede y resulta imperdonable.

    En principio, la seguridad en relación con la incapacidad enemiga de destruir a Israel debería generar un ambiente de mayor alegría. En la práctica, las agendas políticas, los deseos de poder y las agendas ocultas de intereses no siempre nobles, generan un clima de inseguridad y enfrentamientos

    En estos momentos, la pugna entre instituciones vitales del Estado, el enfrentamiento entre poderes, y la eterna carrera electoral dentro de una democracia parlamentaria sin partidos ni bloques mayoritarios y dominantes, resulta en un ambiente de peligros y sinsabores que se vive todos los días. Con fronteras más seguras y defendibles, con enemigos abatidos y disminuidos, el israelí, paradójicamente, se siente algo mas vulnerable y sin consuelo a corto plazo.

    En principio, la seguridad en relación con la incapacidad enemiga de destruir a Israel debería generar un ambiente de mayor alegría. En la práctica, las agendas políticas, los deseos de poder y las agendas ocultas de intereses no siempre nobles, generan un clima de inseguridad y enfrentamientos.

    Otrora, la lucha por la seguridad común generaba una solidaridad automática. En nuestros días, esta aparente seguridad es el detonante de conflictos que golpean a una sociedad ya golpeada. Por increíble que parezca, la falta de seguridad genera solidaridad, la misma que se pierde cuando la seguridad parece garantizada.

    Solidaridad y seguridad. Ambas necesarias y no excluyentes. No perdamos la oportunidad de celebrar y desear un feliz Día de la Independencia. ¡Jag Saméaj!

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    Yossi Bentolila
    Yossi Bentolila

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