La postura cada vez más agresiva de España hacia Israel corre el riesgo de dañar sus vínculos con Estados Unidos y la Unión Europea, ya que las tácticas de Sánchez chocan con las realidades geopolíticas
Ángel Mas*
Durante años, el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, ha gobernado mediante el escalamiento.
¿Acorralado? Redobla la apuesta. ¿Aislado? Polariza. ¿Está bajo presión? Mueve el campo de batalla.
Ese enfoque le funcionó en casa. Construyó un mito de resiliencia. Le ayudó a sobrevivir a coaliciones frágiles y a la turbulencia constante.
Pero la geopolítica se rige por otras reglas, y Sánchez se está encontrando con ellas.
(Foto: Yahoo Noticias)
La postura cada vez más agresiva de España hacia Israel no se ha basado únicamente en un lenguaje moral. Se ha calibrado en torno a la creencia de que las consecuencias serían limitadas.
El cálculo era sencillo: España no era central para el enfoque estratégico de EEUU. Washington tenía prioridades más importantes. La hostilidad retórica hacia Israel no dañaría materialmente las relaciones bilaterales.
Así que los gestos se intensificaron. El lenguaje se endureció. El simbolismo se intensificó. Poco ocurrió de inmediato.
Esa aparente inmunidad generó confianza. Sin embargo, esa inmunidad construida sobre la irrelevancia tiene fecha de caducidad.
Durante décadas, España se benefició de ser una prioridad menor para Washington. Ahora, debido a la fricción acumulada con Israel, su alineación estratégica y su postura, España corre el riesgo de convertirse en un problema de mayor importancia.
Una vez que se produce ese cambio, la dinámica cambia. Cuando Estados Unidos recalibra, rara vez lo anuncia con ultimátums dramáticos. Se ajusta discretamente, y luego estructuralmente: la cooperación en defensa se vuelve condicional. Los activos estratégicos se reconsideran. El escrutinio comercial aumenta. La confianza diplomática se debilita. La influencia dentro de los consejos de la OTAN se erosiona.
Esto es asimetría de poder. España carece de la influencia necesaria para ganar una prueba de voluntad prolongada con Washington.
Algunos asumen que la Unión Europea amortiguará cualquier consecuencia. España se beneficia de la arquitectura de la eurozona, la credibilidad del Banco Central Europeo y los fondos estructurales. Europa estabiliza la macroeconomía española. Pero Europa no está diseñada para respaldar el aventurerismo geopolítico unilateral.
El cálculo era sencillo: España no era central para el enfoque estratégico de EEUU. Washington tenía prioridades más importantes. Sin embargo, esa inmunidad construida sobre la irrelevancia tiene fecha de caducidad
La distensión parlamentaria entre el Partido Popular Europeo y la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas ha suavizado la presión sobre Madrid y ha contribuido a generar una oposición interna contenida. Pero ese equilibrio es condicional.
Europa del Este no cambiará la cohesión atlántica por la postura española. Alemania no pondrá en peligro la estabilidad transatlántica a la ligera. Francia calculará primero su propio beneficio.
Si España se convierte en una fuente de fricción en lugar de cohesión, Bruselas se distanciará, primero discretamente, y luego con firmeza.
Europa es el salvavidas económico de España. No es el guardaespaldas geopolítico de Sánchez.
El instinto de Sánchez es la escalada. Sin embargo, la escalada interna no constituye una política exterior.
Los adversarios parlamentarios pueden dudar. Los mercados no. Las alianzas no. Las superpotencias no. La creencia de que España podía confrontar a Israel con fuerza, presionar retóricamente a Washington y evitar consecuencias estructurales dependía de una condición: que España permaneciera estratégicamente periférica. Si esa condición se pierde, con ella se pierde el margen de maniobra.
Una huida hacia adelante solo funciona mientras haya margen de maniobra. Sánchez ha sobrevivido impulsando constantemente el avance, modificando las crisis, replanteando las batallas y aumentando las apuestas.
El instinto de Sánchez es la escalada. Sin embargo, la escalada interna no constituye una política exterior
La geopolítica tiene gravedad. A medida que el gobierno de España, bajo el mando del presidente Pedro Sánchez, se desliza hacia una tensión abierta con su principal aliado en materia de seguridad, mientras se autodenomina el país europeo más visiblemente hostil hacia Israel, eso no se interpretará como claridad moral. Se interpretará como una extralimitación.
La resiliencia política puede sobrevivir a los escándalos, pero rara vez supera un error de cálculo estructural.
El impulso puede convertirse en caída libre. España se acerca a ese momento, y la gravedad no negocia. Podríamos estar presenciando el último bluff fallido de Sánchez.
*Presidente de ACOM (Acción y Comunicación sobre Oriente Medio).
Fuente: The Jerusalem Post.
Traducción Sami Rozenbaum, Nuevo Mundo Israelita.
Trump: “Vamos a cortar todo el comercio con España”
El presidente Donald Trump amenazó este martes 3 de marzo con cortar todo el comercio con España, cuyo gobierno de izquierdas se negó a permitir que aviones estadounidenses usen bases españolas para atacar Irán y se opuso a aumentar su gasto en defensa en el marco de la OTAN.
“España se ha portado de manera terrible”, dijo Trump a periodistas durante su reunión con el canciller alemán, Friedrich Merz, en Washington. “Vamos a cortar todo el comercio con España. No queremos tener nada que ver con España”, añadió el mandatario estadounidense tras la decisión del gobierno presidido por el socialista Pedro Sánchez.
No está claro, sin embargo, qué poder tendría Trump para “cortar” el comercio con España, tras la decisión de la Corte Suprema de anular su uso de poderes de emergencia para imponer aranceles arbitrarios a otros países.
Horas antes, el ministro de Relaciones Exteriores español, José Manuel Albares, había asegurado que no esperaba “ninguna consecuencia” después de que España se negara a permitir el uso de sus bases por Estados Unidos. Albares recordó que esas instalaciones son “de soberanía española” y aseguró que “el compromiso de España con la seguridad euroatlántica está fuera de toda duda”, poniendo como ejemplo la participación del país en misiones en los países bálticos, en Líbano o en Iraq.
Con información de El Colombiano (elcolombiano.com)