El pasado 25 de marzo se efectuó el acto de reinauguración del Gran Salón del Hogar B’nai B’rith en Altamira, al que se otorgó el nombre de Dita y Salomón Cohén, quienes durante muchos años fueran benefactores de esta y otras instituciones comunitarias.
Los hijos de los homenajeados, Thalma, Carlos, Roberto, Freddy y Ricardo Cohén (Fanny no pudo estar presente), descubrieron la placa que desde ahora identifica a ese amplio espacio, que tantos actos y celebraciones ha presenciado desde que se construyó el edificio sede de la Fraternidad Hebrea B’nai B’rith de Venezuela en 1965
(Foto: Juan Carlos Sarli)
El rabino Eitan Weisman colocó la mezuzá en la base de la escalera que conduce al salón
(Foto NMI)
David Bachenheimer fungió como maestro de ceremonias (Foto NMI)
Carla Belozercovsky, presidenta de la Logia Caracas 1975 (Distrito 23) de la B’nai B’rith, agradeció a la familia Cohén por todo el apoyo que siempre ha ofrecido a la institución
(Foto NMI)
A continuación se procedió a encender la menorá ceremonial de la B’nai B’rith, cada una de cuyas velas tiene un significado relacionado con los valores de esa organización fundada en 1843. Hijos, nietos y bisnietos de Dita y Salomón Cohén participaron en el encendido
(Foto: Miguel Osers)
Roberto Mishkin y Elías Benzaquén encendieron una de las velas en representación de la Unión Israelita de Caracas y la Asociación Israelita de Venezuela, respectivamente
(Foto: Juan Carlos Sarli)
Numerosos descendientes de Dita y Salomón se reunieron para esta solemne ocasión
(Foto: Juan Carlos Sarli)
El joven profesor de música Jonathan Sarli deleitó a los asistentes interpretando varios temas en el teclado: Am Israel Jai, El diablo suelto, Mashíaj, El Verano de las Cuatro Estaciones de Vivaldi, y el bolero favorito de Dita y Salomón, Perfidia
(Foto NMI)
Miguel Osers, primer vicepresidente de la Fraternidad Hebrea B’nai B’rith, dio lectura a la resolución por la cual se designó formalmente al Gran Salón con el nombre de Dita y Salomón Cohén
(Foto NMI)
Yvonne Attas, quien desarrolló una profunda amistad con Dita y Salomón Cohén durante muchos años, compartió amables recuerdos y anécdotas, así como un poema que le dedicó a Dita cuando falleció
(Foto NMI)
Thalma Cohén se dirigió al público en nombre de su familia:
“El que el salón principal de esta sede lleve a partir de hoy los nombres de nuestros padres es un gesto que va mucho más allá de un reconocimiento: es la reafirmación de un legado, de una historia tejida con amor, generosidad y compromiso con nuestra comunidad.
Este lugar no es para nuestra familia simplemente una sede: es una casa. Recuerdo con emoción que fui la primera niña en hacer su Bat Mitzvá aquí en este mismo lugar. Además, mi abuelo Abraham “Mote” Kohn —padre de Dita— fue uno de los fundadores de esta institución junto con la familia Kohn. Aquí crecimos, aquí celebramos, aquí compartimos. En nuestra adolescencia, muchas de nuestras fiestas más especiales fueron en este espacio.
Nuestros padres, junto a la pequeña comunidad judía que existía en esa época de la fundación de esta sede de la B’nai B’rith de Venezuela, con su incansable entrega, hicieron de este lugar un centro vivo de encuentro, de ayuda, de aprendizaje y de cultura. Siempre con las puertas abiertas, no solo para la comunidad judía, sino también para tantos no comunitarios que encontraron aquí un espacio de acogida y apoyo.
Dita y Salomón entendieron que esta institución podía y debía ser una fuente de luz y conocimiento, un lugar para educar, orientar y fortalecer los lazos entre las personas. Desde oficinas dedicadas a ayudar a niños con sus estudios, hasta la colaboración para que la Unión Israelita de Caracas pudiera establecer aquí su segunda sinagoga, sus esfuerzos fueron constantes, silenciosos muchas veces, pero siempre firmes y generosos.
“Hoy, este salón no es solo un espacio físico. Es una memoria viva, una historia compartida y, a partir de ahora, también un homenaje eterno.
Gracias a B’nai B’rith de Venezuela por esta distinción. Gracias por inmortalizar en estas paredes el amor, el trabajo y los valores de nuestros padres. Ellos siguen presentes en cada rincón de este lugar”.
S.R.