Irving Gatell*
Algo cambió en el trascurso de las últimas dos semanas. Fue un cambio sutil, pero profundo, y probablemente implique que Hamás quemó su último cartucho y el fin esté cada vez más cerca.
¿Te fijaste que el embate mediático contra Israel por el bombardeo al Hospital Al-Nasser, que dejó un saldo de alrededor de veinte muertos, varios de ellos identificados como civiles e incluso como periodistas, no levantó el mismo nivel de escándalo mediático que vimos en otras ocasiones?
Muy raro, porque en esta ocasión incluso Israel ofreció disculpas ante la posibilidad de que haya habido un error (lo cual fue un gesto de corrección política porque, en realidad, no hubo ningún error; el hospital fue convertido por Hamas en base militar, así que desde hace meses que es un blanco legítimo; si había civiles allí en el momento del ataque, los únicos responsables son los terroristas de Hamás).
Apenas hace dos y tres semanas seguíamos inmersos en medio del escándalo de la supuesta hambruna que Israel pretendidamente ha provocado en Gaza. Todos los frentes propagandísticos a favor de Hamás, incluyendo a grandes medios noticiosos como BBC y Reuters, o periódicos de gran prestigio como el New York Times, estaban activados para tratar de crear la suficiente presión mediática como para obligar a políticos de todo el mundo a forzar a Israel a detener la guerra. Eso habría significado la salvación de Hamás y, muy probablemente, la imposibilidad para desarraigarlo de Gaza. La pequeña franja habría sido reconstruida sólo para volver a ser lo que era hasta el 6 de octubre de 2023, y la guerra habría quedado inacabada, apenas a la espera del siguiente round.
El gesto vacío de Macron no tendrá la consecuencia que buscaba: salvar a Hamás
(Foto: AFP)
El abyecto presidente francés, Emmanuel Macron, jugó feliz el papel que le correspondía en ese teatro para salvar al grupo terrorista. Unos días antes había anunciado el inminente reconocimiento por parte de Francia de Palestina como un estado soberano, y los negociadores de Hamás en Catar entendieron bien el mensaje. Se retiraron de las negociaciones, a la espera de que la estrategia conjunta —Macron liderando el esfuerzo internacional por elevar a Palestina al estatus máximo de la política, y la prensa provocando el furor mundial a causa de una falsa hambruna— tuviera éxito, y por fin Israel fuese obligado a renunciar a la victoria.
La estrategia falló.
Pese a que durante varias semanas la falsa hambruna fue el epicentro del debate público, Israel no se detuvo. Macron falló en su misión de lograr un consenso, y acaso lo más doloroso para su grotesca causa fue el rechazo tajante de Alemania de entregar a Palestina el reconocimiento como Estado. Sin el apoyo del todavía más poderoso país de la Unión Europea, Macron sólo podía replegarse a relamerse las heridas.
De todos modos, hay algo que es digno de resaltar: con todo y que la hambruna era una acusación falaz, esta obtuvo una cobertura mediática notoriamente más agresiva que el episodio del Hospital Al-Nasser.
¿Por qué?
Porque tal vez el asunto de la hambruna haya sido el último cartucho político de Hamás.
Tal vez el asunto de la hambruna haya sido el último cartucho político de Hamás. La coordinación con la que redes sociales, periódicos, agencias de noticias y gobiernos de diferentes lugares (especialmente Francia, Australia y Canadá) trataron de salvar a Hamás, dejó en evidencia que todo era un plan debidamente coordinado y, más aún, financiado seguramente desde Catar y las ONGs de George Soros
La coordinación con la que redes sociales, periódicos, agencias de noticias y gobiernos de diferentes lugares (especialmente Francia, Australia y Canadá) trataron de salvar a Hamás, dejó en evidencia que todo era un plan debidamente coordinado y, más aún, financiado seguramente desde Catar y las ONGs de George Soros.
Si eso falló, ¿qué probabilidades de éxito podía tener organizar otro embate mediático alrededor del ataque al hospital?
Ninguno. Para cuando ocurrió el episodio en el Al-Nasser, Alemania y muchos otros países ya se habían posicionado tajantemente en contra de reconocer al Estado palestino, por lo que el elemento medular de la estrategia estaba simplemente anulado.
De golpe, otros cambios se dieron y tomaron por sorpresa a muchos. El gobierno australiano, tan claramente antisemita y antiisraelí durante los últimos meses, repentinamente rompió sus relaciones diplomáticas con Irán. Ordenó el regreso de sus diplomáticos establecidos en Teherán, cerró la embajada iraní, y cortó todo trato con los ayatolas, después de que se comprobó que estos habían estado detrás de los ataques terroristas contra dos sinagogas en Australia.
No es que fuera noticia descubrir que Irán había tramado el complot, pero nadie esperaba que Australia de pronto tomara una postura tan contundente en contra de los islamistas y a favor de los judíos.
Hace dos días el panorama se completó: Canadá anunció que pone en suspenso su reconocimiento del Estado palestino, porque las condiciones para ello todavía no están dadas. Con ello, la derrota de Macron es completa. Todo lo que haga sobre ese tema ahora, simple y sencillamente, inútil.
Lo interesante es esto: Hamás no tiene ninguna posibilidad de éxito en lo militar (y eso desde hace mucho). Por lo tanto, todo su éxito dependía del factor internacional. Sin embargo, después del fracaso del cuento de la hambruna ¿qué otra cosa se puede intentar que no sea nada que no se haya intentado ya?
Eso significa que nadie va a detener a Israel. La ansiada ayuda del exterior no va a llegar para Hamás. La única posibilidad que le queda para sobrevivir es rendirse, liberar a todos los secuestrados, y aceptar el exilio.
Catar logró negociar una última pre-propuesta de urgencia, en la que Hamás aceptaría liberar a todos los rehenes a cambio del retiro completo de Israel, para que Gaza pueda volver al estatus previo a la guerra. Israel y Estados Unidos ya dejaron en claro que no van a aceptar eso. Las condiciones ya no se mueven: liberación de todos los rehenes y rendición total de Hamás.
Lo interesante es esto: Hamás no tiene ninguna posibilidad de éxito en lo militar (y eso desde hace mucho). Por lo tanto, todo su éxito dependía del factor internacional. Sin embargo, después del fracaso del cuento de la hambruna ¿qué otra cosa se puede intentar que no sea nada que no se haya intentado ya?
A Catar, el principal apoyo de Hamás, se le acabaron las opciones.
A efectos prácticos, no hay nada que hacer.
Hamás perdió la guerra, y ha llegado la hora de que lo admita.
*Columnista sobre temas de política, música y Teología.
Fuente: Enlace Judío.
Versión NMI.