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    ¿Qué pasa con Haaretz? Una perspectiva desde la diáspora

    Published by Yossi Bentolila on 21 agosto, 2025
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    • Haaretz
    • Lev Deych
    • Prensa israelí
    • Sionismo socialista

    En un nivel profundo, se trata de dolor por una visión socialista perdida, sublimado en ira. Esa ira se manifiesta en sus decisiones editoriales: Haaretz arremete contra un país y una sociedad que ya no comprende

    Lev Deych*

    Para muchos judíos de la diáspora angloparlante que tienen opiniones proisraelíes y prosionistas, Haaretz se ha ganado la reputación de ser un periódico alineado con los críticos más duros de Israel, e incluso con sus enemigos. Sin embargo, rara vez veo intentos serios de comprender este fenómeno.

    En los círculos de la diáspora, a menudo se escuchan «explicaciones» despectivas: que los periodistas de Haaretz son simplemente judíos que se odian a sí mismos, que el periódico está financiado por árabes o antisionistas europeos que dictan su línea editorial, o, dicho de forma vaga, que todos son simplemente «izquierdistas», sea lo que sea que eso signifique.

    PRINCIPAL-Haaretz sionismo

    Haaretz se publica en hebreo e inglés, al igual que otros diarios israelíes. Su edición digital en inglés es muy influyente fuera del país, aunque su circulación en Israel es muy reducida
    (Fuente: haaretz.com)

    Siendo justos, Haaretz representa el ala izquierda de la política israelí. Pero ser de izquierda en Israel no es lo mismo que ser de izquierda en Estados Unidos o Europa, y esta etiqueta requiere un análisis más profundo, que es difícil de encontrar. En lugar de tal análisis, lo que a menudo veo es pereza intelectual: una negativa a abordar la complejidad, sustituida por reacciones instintivas ante cualquier cosa que se perciba como una crítica a Israel. Y sin duda, Haaretz proporciona abundante material para tales percepciones. Sus críticas a menudo traspasan la línea del escrutinio legítimo de la política gubernamental, para adentrarse en un terreno que parece hostil al propio Estado.

    Aunque Haaretz ha perdido gran parte de sus lectores (hoy representa apenas alrededor del 5% del mercado de suscripciones de Israel), sigue siendo una voz importante e influyente. Por lo tanto, comprender su evolución parece esencial.

    Lo que sigue es mi propio intento de comprender qué le ha sucedido a este periódico. No pretendo ser experto. Pero con algunos datos básicos y algunas herramientas analíticas a mi disposición, espero arrojar luz sobre el asunto, al menos para mí. Quizá mis reflexiones también sean de interés para otros.

    La Segunda Intifada destrozó a la izquierda israelí, derrumbó al Partido Laborista y enterró el proceso de Oslo. La sociedad israelí viró progresivamente a la derecha, pero Haaretz no la siguió

    Haaretz fue en su día la voz del sionismo laborista, arraigado en los sueños de un hogar nacional judío que hiciera realidad los ideales socialistas universales. Defendió a la Histadrut, el movimiento kibutziano y el Estado judío laico concebido por los fundadores de Israel. Desde un principio se alineó con las nociones de igualdad, responsabilidad cívica y liderazgo cultural.

    Cuando Zeev Jabotinsky introdujo una corriente revisionista y más militante del sionismo, posteriormente encarnada por líderes como Menajem Begin e Itzjak Shamir, Haaretz se opuso firmemente.

    Paralelamente a este giro político, el rabino Zvi Yehuda Kook sentó las bases ideológicas y espirituales del sionismo religioso, inspirando al movimiento de colonos que posteriormente se convertiría en una fuerza importante de la derecha israelí.

    En décadas más recientes, con la llegada al poder de figuras como Ariel Sharon, Benjamín Netanyahu, Avigdor Lieberman, Naftali Bennett, Bezalel Smotrich e Itamar Ben Gvir, Haaretz se mantuvo fiel a la visión inicial de un Israel diferente. Para el periódico, estos líderes no eran meros oponentes políticos; representaron un repudio al sueño sionista que en su día ayudó a definir.

    Primera edición de Jadashot Haaretz, nombre original del periódico (“Noticias de la Tierra de Israel”, con el subtítulo de “Las noticias de Palestina”), de fecha 18 de junio de 1919. Haaretz es actualmente el diario más antiguo de Israel
    (Fuente: haaretz.com)

    La Segunda Intifada destrozó a la izquierda israelí, derrumbó al Partido Laborista y enterró el proceso de Oslo. La sociedad israelí viró progresivamente a la derecha, pero Haaretz no la siguió. Observó con consternación cómo el país que una vez ayudó a moldear se trasformaba en algo que ya no reconocía. El kibutz dio paso a las startups, la Histadrut al capital de riesgo. El sionismo secular y liberal cedió terreno a una política nacionalista religiosa intransigente, que define cada vez más la narrativa nacional.

    Benjamín Netanyahu, primero como ministro de Finanzas y luego como primer ministro, aceleró el desmantelamiento del antiguo orden socialista. Privatizó activos estatales, recortó el Estado de bienestar y reformuló a Israel a imagen del capitalismo global de libre mercado. Con ello, ayudó a enterrar los últimos vestigios del sueño sionista socialista que Haaretz había defendido durante tanto tiempo. Para Haaretz y muchos de sus lectores, esta no fue solo una derrota política: fue una crisis existencial.

    El Israel en el que creían y ayudaron a construir ya no existía. En algún momento del camino, muchos en el periódico parecen haber concluido —quizá solo implícitamente— que si el sionismo se ha convertido en esto, entonces tal vez deba abandonarse todo el proyecto. Sospecho que esta es la raíz del tono y la retórica actuales de Haaretz. No se trata solo de Netanyahu, aunque es el villano central de su narrativa. Tampoco se trata solo de la cuestión palestina, aunque este sigue siendo un tema recurrente.

    En un nivel más profundo, se trata de dolor, un dolor por una visión perdida, sublimado en ira. Esa ira se manifiesta en sus decisiones editoriales: Haaretz arremete contra un país y una sociedad que ya no comprende. Denigra al gobierno, incluso en tiempos de guerra. Utiliza un lenguaje que a veces se alinea incómodamente con el de los enemigos de Israel. Da voz a argumentos desesperanzadores que no solo cuestionan la política, sino la propia legitimidad moral del Estado. No necesariamente porque odie a Israel, sino porque ya no lo reconoce. O quizá sí odia a este Israel, y está dispuesto a sacrificarlo en nombre de la pureza ideológica y los sueños incumplidos.

    El Israel en el que creían y ayudaron a construir ya no existía. En algún momento del camino, muchos en el periódico parecen haber concluido —quizá solo implícitamente— que si el sionismo se ha convertido en esto, entonces tal vez deba abandonarse todo el proyecto. Sospecho que esta es la raíz del tono y la retórica actuales de Haaretz

    Sin embargo, esta narrativa coexiste con una realidad nacional mucho más compleja. Israel sigue siendo un mosaico de judíos seculares, tradicionalistas y religiosos, además de una minoría árabe del 20%. Sus ciudades y su economía son mayoritariamente seculares. Sus instituciones son vibrantes y controvertidas. La política sigue siendo un campo de batalla de visiones contrapuestas.

    Pero para Haaretz el equilibrio de poder ha cambiado demasiado lejos, demasiado rápido, en una dirección que no se concilia con los ideales de la generación fundadora.

    No puedo usar ese dolor y esa ira para justificar el actual tono del periódico, pero me ayuda a comprenderlo. ¿Y si esto no fuera traición, sino un corazón roto?

    *El autor es profesor de física en el Queens College, City University of New York (CUNY).
    Fuente: The Times of Israel.
    Traducción Sami Rozenbaum, Nuevo Mundo Israelita.

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    Yossi Bentolila
    Yossi Bentolila

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