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    Vida Religiosa

    ¿Qué es lo mejor de Sucot?

    Published by Yossi Bentolila on 8 octubre, 2025
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    • Sucot

    Sucot, una de las festividades más alegres y significativas del calendario judío, es mucho más que una conmemoración histórica. Es una invitación anual a salir de la rutina, a reconectarse con la naturaleza y con la esencia espiritual de la vida. Durante siete días, las familias judías en todo el mundo habitan en una sucá, una cabaña temporal construida con ramas, telas y materiales simples, recordando los cuarenta años en los que el pueblo de Israel vagó por el desierto tras su salida de Egipto.

    Pero más allá del recuerdo histórico, Sucot encierra una profunda enseñanza sobre la vulnerabilidad humana, la gratitud y la alegría. Lo mejor de Sucot es precisamente esa combinación única de sencillez, unión y celebración de lo efímero.

    Nino Sucot ToI

    (Foto: The Times of Israel)

    Vivir en una sucá implica renunciar, aunque sea por unos días, a las comodidades del hogar. El techo de ramas deja pasar la luz del sol y permite ver las estrellas, recordándonos que la protección verdadera no proviene de los muros sólidos, sino de la fe y de la comunidad. En un mundo obsesionado con la seguridad material y la apariencia, la sucá nos invita a experimentar la fragilidad como una fuente de crecimiento. Esa vulnerabilidad compartida une a las personas: amigos, vecinos y familiares se reúnen para comer, cantar y conversar bajo un mismo techo frágil. Es un espacio donde las jerarquías se disuelven y todos son iguales ante la naturaleza y ante Dios.

    Otro de los aspectos más bellos de Sucot es su profunda conexión con la naturaleza. La festividad marca el fin de la temporada de cosecha en Israel, y celebra la abundancia de la tierra. Los Arbaat Haminim —las cuatro especies: etrog (fruta cítrica), lulav (palma), hadas (mirto) y aravá (sauce)— simbolizan la diversidad del pueblo y la interdependencia de sus miembros. Cada planta tiene un aroma y un sabor distinto (o ninguno), pero solo juntas representan la totalidad del pueblo judío. Esta imagen de unidad en la diversidad es una de las enseñanzas más poderosas de Sucot: todos los seres humanos, con nuestras diferencias, formamos parte de un mismo cuerpo colectivo que solo cobra sentido cuando está unido.

    La alegría, sin embargo, es quizá lo mejor y más característico de Sucot. Calificada como Zman Simjatéinu (“tiempo de nuestra alegría”), esta festividad nos enseña que la felicidad no depende de la estabilidad ni de la riqueza, sino de la gratitud. Comer bajo una cabaña frágil, rodeados de amigos y familia, agradeciendo por lo que se tiene en lugar de lamentar lo que nos falta, revela una forma de alegría pura y sincera. En un mundo cada vez más marcado por el consumo y la prisa, Sucot propone un modelo de felicidad basado en la presencia, en el compartir y en la conexión con lo esencial.

    Lo mejor de Sucot, entonces, no es solo lo que se ve —la decoración colorida, las comidas festivas, los cantos y bailes—, sino lo que se siente: la experiencia de una alegría auténtica que nace de la sencillez, la unión y la fe

    Asimismo, Sucot posee una dimensión universalista. Según la tradición, en el Templo de Jerusalén se ofrecían sacrificios en nombre de las 70 naciones del mundo durante esta festividad. Esa práctica simbolizaba el deseo de paz y prosperidad para toda la humanidad. En tiempos de división y conflicto, recordar que Sucot es también una fiesta de hospitalidad y apertura puede ser profundamente inspirador. La sucá es un espacio permeable, un lugar de encuentro donde los muros no separan, sino que acogen.

    Lo mejor de Sucot, entonces, no es solo lo que se ve —la decoración colorida, las comidas festivas, los cantos y bailes—, sino lo que se siente: la experiencia de una alegría auténtica que nace de la sencillez, la unión y la fe. Sucot nos enseña que podemos vivir plenamente, incluso en la impermanencia; que la fragilidad puede ser fuente de fuerza, y que la verdadera riqueza está en la capacidad de agradecer. En cada sucá construida, en cada comida compartida bajo las estrellas, se renueva el mensaje más profundo de esta festividad: la vida es pasajera, pero mientras dure puede ser intensamente luminosa.

    Redacción NMI.

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    Yossi Bentolila
    Yossi Bentolila

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