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    Punto de inflexión, por Pilar Rahola

    Published by Yossi Bentolila on 18 junio, 2025
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    • Programa nuclear de Irán
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    Aunque es desgraciadamente inevitable que en breve se cree un relato público inspirado en concepciones ideológicas de izquierdas, tan simplista como de costumbre, lo cierto es que nadie debería acercarse al conflicto bélico entre Israel e Irán sin tomar en cuenta tres puntos que fijan la situación.

    El primero es incontestable, y está profusamente demostrado por ingentes datos que explican la conflictividad en la región: esta guerra hace años que dura, aunque casi siempre se ha producido mediante los intermediarios que Irán tenía en la región: a través de Hezbolá, dirigido y financiado por Irán, con un ejército de más de 150 mil miembros activos y cientos de miles de misiles dirigidos contra Israel; a través del régimen de los Assad en Siria, fundamental en la creación del pasillo iraní hasta el Mediterráneo; a través de los hutíes de Yemén, utilizados como piezas menores para agravar la desestabilización; y en las últimas décadas, a través de Hamás y la Yijad Islámica, los proxies de Irán en Gaza.

    En todas las ocasiones, Israel ha estado combatiendo con Irán, el auténtico mastermind de los intentos de destrucción del Estado hebreo, objetivo que ha mantenido desde el nacimiento del régimen en 1979. De hecho, ha sido tan claro el dominio iraní en el conflicto con Israel, que no era imaginable ningún proceso de paz sobre la cuestión palestina si no se ratificaba desde Teherán.

    Una pancarta gigante en Teherán glorifica el poder militar del régimen
    (Foto: AFP)

    Sin embargo, pese a la beligerancia del régimen de los ayatolás, no ha sido hasta después del 7 de octubre de 2023 cuando se han producido los ataques directos de Irán y la respuesta israelí, cuando se han medido las fuerzas directamente. Es, pues, una guerra antigua perpetrada de forma lateral —como ocurría a menudo con los satélites soviéticos en la época de la Guerra Fría—, que ahora entra en una fase frontal, no sabemos si definitiva.

    El segundo punto fue corroborado por la propia Agencia Internacional de Energía Atómica (OIEA), que el jueves pasado alertaba sobre un «rápido desarrollo del arma nuclear iraní», que ya había traspasado el límite del 60% de uranio enriquecido. Rafael Grossi, el director general de la OIEA, denunció que «Teherán ha almacenado 400 kilogramos de uranio altamente enriquecido», que había creado una nueva planta de enriquecimiento de uranio, y que, más allá de los lugares declarados de Natanz, Fordow e Isfahán, la agencia había detectado presencia de partículas de uranio en sitios no declarados como Varamin, Marivan y Turquzabad.

    La realidad es altamente preocupante. Por un lado, gracias al virus informático Stuxnet —creado conjuntamente entre EEUU e Israel—, se obtuvieron miles de datos que demostraron que Irán había encubierto su programa nuclear antes de firmar el famoso acuerdo de contención de 2015. Después, con la ayuda de decenas de agentes en el mismo Irán, donde Israel tiene un gran contingente de espías no israelíes, no en vano hay una fuerte oposición a los ayatolás —al igual que tiene en el Líbano, en su guerra contra Hezbolá—, se han obtenido miles de datos que añadieron alarmante precisión a la carrera nuclear de Irán.

    “En todas las ocasiones, Israel ha estado combatiendo con Irán, el auténtico mastermind de los intentos de destrucción del Estado hebreo, objetivo que ha mantenido desde el nacimiento del régimen en 1979. De hecho, ha sido tan claro el dominio iraní en el conflicto con Israel, que no era imaginable ningún proceso de paz sobre la cuestión palestina si no se ratificaba desde Teherán”

    El tercer punto resulta definitivo para entender la decisión de Israel de atacar finalmente el corazón neurálgico de la carrera nuclear iraní: la actual debilidad de Irán. Es un hecho que el régimen de los ayatolas está en su peor momento desde 1979 en todos los ámbitos. Por un lado, tiene más del 70% de la población en contra, y se sostiene por la brutal represión que ejerce permanentemente. Hace pocos días, por ejemplo, colgó en la horca a Mojahed (Abbas) Kourkouri, el último de los cientos de participantes ejecutados a raíz de la revuelta “Mujer, Vida, Libertad”. De hecho, pese a la furibunda propaganda antiisraelí del régimen, Israel es visto con simpatía en muchos sectores de la oposición iraní, lo que seguramente debe romper los esquemas de los gurús de las redes.

    ¿Puede caer el régimen, a raíz de la ofensiva israelí? No lo parece de entrada, pero tampoco es inimaginable que en algún momento se pueda vivir un efecto Muro de Berlín —o caída de Assad— y desmoronarse de repente. En cualquier caso, y como repetición: es el momento más débil de la dictadura de los ayatolás.

    Al mismo tiempo, hay que añadir a la debilidad política su debilidad geopolítica. En su estrategia bélica contra Israel, Irán ha perdido a Siria; ha visto cómo se descabezaba a Hezbolá y se alejaba su poder en el Líbano; los hutíes están en fase agónica, y Hamás y el resto de organizaciones yijadistas palestinas, severamente condenadas. Obviamente mantiene alianzas con Rusia y China, pero está más aislada que nunca en el Medio Oriente, donde había logrado un dominio considerable. Y esa debilidad política y geopolítica se convierte en una debilidad militar. Pero también añade prisa y obsesión al régimen por la carrera nuclear, que en los últimos meses entró en la fase de aceleración que ha denunciado la OIEA.

    “Pese a la furibunda propaganda antiisraelí del régimen, Israel es visto con simpatía en muchos sectores de la oposición iraní, lo que seguramente debe romper los esquemas de los gurús de las redes”

    A partir de ahí, hay otros elementos a considerar, como la superioridad militar y de inteligencia que ha demostrado Israel respecto a Irán. O la capacidad del Mossad para moverse en el interior del país y realizar ataques de precisión contra dirigentes y estructuras del régimen, en operaciones que parecen imposibles. Por último, no es menor el papel de Estados Unidos, que a pesar de jugar a la diplomacia, no cabe duda de que ha conocido de antemano y permitido el ataque israelí, no en vano la Casa Blanca —y la mayoría de los gobiernos— está igualmente preocupada por la carrera nuclear iraní.

    Todos estos factores explican el momento actual de guerra, y ponen fin a lo que el analista de los Emiratos Ahmed Sharif llama el punto definitivo de inflexión. Escribe en su cuenta de X: “Este es el colapso de la ambigüedad. Durante años, el régimen iraní prosperó en una zona gris, proyectando el poder a través de intermediarios, escondiendo la escalada tras la diplomacia y exportando ideología bajo el velo de la ‘resistencia’. Este modelo acaba de recibir un golpe directo. (…) ¿Qué paradigma ha muerto? La ilusión de que las ideologías destructivas podrían mantener indefinidamente la ambición nuclear sin provocar su propio castigo”.

    Sea como fuere, algo es cierto en esta explosiva situación working on: un Irán nuclear no es solo un peligro para Israel; es, sin paliativos, un peligro para todo el mundo.

    Pilar Rahola es una periodista y exdiputada española.
    Fuente: El Nacional (Cataluña).
    Versión NMI.

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    Yossi Bentolila
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