El lenguaje también enmarca la legitimidad. Si se percibe que Israel responde al terrorismo con una guerra a gran escala, se le puede acusar de extralimitación. Pero si se entiende que Israel libra una lucha defensiva y existencial contra un régimen hostil que invadió su territorio, asesinó y secuestró a sus ciudadanos y declara su intención de repetir el ataque, entonces la guerra —con todas las obligaciones y normas que conlleva— es la respuesta adecuada, y la victoria absoluta es un objetivo justificado
John Spencer y Solomon Moshkevich*
El 7 de octubre de 2023, combatientes de Hamás lanzaron desde Gaza uno de los ataques más brutales en suelo israelí desde la fundación del país: asesinaron civiles, tomaron rehenes y ocuparon territorio brevemente. La acción fue rápidamente calificada como «ataque terrorista», y Hamás, una organización terrorista extranjera designada por Estados Unidos, fue retratada una vez más como un grupo de extremistas religiosos que operan al margen del sistema de Estados soberanos.
Este enfoque, aunque familiar, es erróneo. Crea percepciones falsas sobre la escala, la naturaleza y la clasificación legal del conflicto que enfrenta Israel. Y confunde tanto a los responsables políticos como al público sobre las normas que rigen este conflicto, las expectativas de respuesta y el verdadero significado de la proporcionalidad.