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    Perspectivas

    No fue un acuerdo, fue un crimen

    Published by Yossi Bentolila on 21 enero, 2025
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    • Alan Dershowitz
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    • Terrorismo palestino

    Alan M. Dershowitz*

    La decisión del gobierno israelí de hacer concesiones significativas a los secuestradores de Hamás nunca debería ser llamada un «acuerdo». Fue una extorsión. ¿Lo llamaría usted un acuerdo si alguien secuestrara a su hija y usted «acordara» pagar un rescate para recuperarla? Por supuesto que no. El secuestro fue un crimen. Y las exigencias extorsivas fueron un crimen adicional.

    De modo que la descripción adecuada de lo que ocurrió es que Israel, presionado por Estados Unidos, capituló ante las demandas ilegales y extorsivas de Hamás como la única manera de salvar las vidas de bebés, madres y otros rehenes inocentes secuestrados, en su mayoría civiles.

    Esto no fue el resultado de una negociación entre iguales. Si un ladrón armado le pone una pistola en la cabeza y le dice «su dinero o su vida», su decisión de darle el dinero no se describiría como un acuerdo. Tampoco debería considerarse un acuerdo las concesiones extorsivas aceptadas por Israel. Así que dejemos de usar ese término.

    Un terrorista de Hamás sostiene a dos de los muchos niños israelíes que Hamás asesinó o llevó secuestrados a la Franja de Gaza el 7 de octubre de 2023
    (Foto: X)

    Cuando un grupo terrorista «negocia» con una democracia, siempre tiene la sartén por el mango. Los terroristas no están limitados por la moral, la ley o la verdad. Pueden asesinar a voluntad, violar a voluntad, torturar a voluntad y amenazar con hacer cosas peores. La democracia, por otra parte, debe cumplir las normas de la ley y escuchar las súplicas de las familias de los rehenes. El resultado de este esfuerzo fue malo para la seguridad de Israel, pero bueno para los rehenes que siguen vivos y sus familias. El corazón gobierna al cerebro, como suele suceder en las democracias morales que valoran la salvación inmediata de las vidas de personas conocidas por encima de las muertes futuras de personas hipotéticas cuyas identidades desconocemos. Esto es comprensible como algo compasivo, aunque no sea una política convincente.

    Si todas las naciones democráticas adoptaran una política de no negociar nunca con terroristas, podrían desalentar el terrorismo. Pero todas las naciones se someten a las exigencias de los secuestradores y extorsionadores, de modo que el terrorismo y la toma de rehenes se han convertido en una táctica primordial de la peor gente del mundo. Y el resto de nosotros somos cómplices.

    Cuando un grupo terrorista «negocia» con una democracia, siempre tiene la sartén por el mango. Los terroristas no están limitados por la moral, la ley o la verdad. Pueden asesinar a voluntad, violar a voluntad, torturar a voluntad y amenazar con hacer cosas peores. La democracia, por otra parte, debe cumplir las normas de la ley y escuchar las súplicas de las familias de los rehenes

    Especialmente cómplices, con sangre en sus manos, son los partidarios de Hamás en los campus universitarios que gritan a favor de la intifada y la revolución. También son cómplices las organizaciones internacionales, como la Corte Penal Internacional, que tratan a Israel y Hamás como iguales. Estos partidarios del terrorismo alentaron a Hamás a resistir durante muchos meses, con la creencia de que su apoyo presionaría a Israel para que hiciera más concesiones.

    Los estudiantes del terror —los estudiantes universitarios que están alentando a Hamás a continuar con sus métodos asesinos— deben rendir cuentas por su complicidad con el mal. Aunque pueden tener los mismos derechos otorgados por la Primera Enmienda que los judíos, deben ser tratados con el mismo desprecio que los nazis, el KKK y los partidarios racistas de la violencia. La Primera Enmienda no les da el derecho a ser contratados por empleadores decentes. La Primera Enmienda otorga a los empleadores el poder de negarse a asociarse con partidarios del nazismo, el terrorismo de Hamás u otros grupos malignos. La ley estadounidense penaliza el apoyo material a grupos terroristas designados, entre los que se incluyen Hamás y Hezbolá.

    Los estudiantes del terror —los estudiantes universitarios que están alentando a Hamás a continuar con sus métodos asesinos— deben rendir cuentas por su complicidad con el mal. Aunque pueden tener los mismos derechos otorgados por la Primera Enmienda que los judíos, deben ser tratados con el mismo desprecio que los nazis, el KKK y los partidarios racistas de la violencia

    La moral, a diferencia de la ley, debería considerar inmoral brindar cualquier apoyo (material, político, económico o demostrativo) a cualquier grupo terrorista como Hamás. Sin embargo, tanto los candidatos presidenciales como los vicepresidentes del Partido Demócrata instaron a la gente a escuchar los mensajes de esos manifestantes. Nunca dirían eso de manifestantes que estuvieran a favor de linchar negros o violar mujeres. Pero Hamás sí lincha a judíos y viola mujeres judías. No hay ninguna diferencia moral.

    Recibamos con agrado la noticia de que tal vez 33 de los 98 rehenes puedan ser liberados, algunos de ellos con vida, sabiendo que lo que Hamás extorsionó a Israel a cambio de estas liberaciones puede poner en peligro la seguridad de Israel en el futuro y costar aún más vidas inocentes. Y echemos la culpa de TODAS las muertes en Gaza a quien corresponde: a Hamás y a los idiotas útiles e intolerantes inútiles que apoyan a los terroristas asesinos.

    *Profesor de Derecho en la Universidad de Harvard. Autor, recientemente, del libro War Against the Jews: How to End Hamas Barbarism (“La guerra contra los judíos: cómo acabar con la barbarie de Hamás”)
    Fuente: Gatestone Institute (gatestoneinstitute.org).
    Traducción Sami Rozenbaum / Nuevo Mundo Israelita.

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    Yossi Bentolila
    Yossi Bentolila

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