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    Opinión

    “Medio Oriente que desorienta”, por Elías Farache

    Published by Yossi Bentolila on 7 abril, 2025
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    El primer ministro de Israel viaja a Washington por segunda vez en el breve período que lleva Donald Trump como presidente. Una especie de récord respecto a las relaciones entre ambos países, una diferencia muy notable comparada al trato dispensado por la administración Biden. La lectura superficial dice que esto obedece a una cálida relación personal entre el presidente americano y el primer ministro israelí, también a una coincidencia de enfoques en cuanto a temas que les son de común interés y preocupación.

    Israel está en una guerra que no termina, frente a un Hamás que no conoce lo que es la derrota porque el sacrificio es una forma de victoria. Rendirse, negociar para sobrevivir, no aplica de acuerdo a como se entiende en los cánones de la llamada civilización occidental. Esta situación que se prolonga por demasiado tiempo, y resiste ultimátums y amenazas, constituye una molestia extrema para las intenciones de lograr un mundo apaciguado, sin conflictos de alta intensidad y sin amenazas de situaciones bélicas muy sangrientas. Un mundo donde reinen en general la estabilidad y el progreso, y el papel del imperio norteamericano se limite a prevenir y disuadir gracias a su enorme poderío, sin necesidad de intervenir en el terreno con tropas, complicaciones, bajas directas y colaterales y el lío consecuente de la opinión pública.

    Siendo que Trump pareciera ufanarse de lograr sus objetivos sin involucrarse militarmente, debe sentir que su estrategia de amenazas muy serias y contundentes, su verbo encendido y hasta sus acciones, no han sido suficientes para lograr el retorno de los secuestrados ni el fin de las hostilidades. El Medio Oriente sigue encendido, la situación en Gaza, aunque mucho más controlada que hace unos meses, está lejos de ser lo que aspira un Trump ávido de relaciones entre Arabia Saudita e Israel, con una calma que, aunque tensa, signifique no agresión ni sobresaltos.

    Trump y Netanyahu se reunirán por segunda vez en menos de tres meses
    (Foto: Reuters)

    La visita de Netanyahu en estos días parece obedecer a esta intención de Donald Trump de obtener resultados más tangibles, vendibles a la opinión pública norteamericana, israelí y mundial. Debe estar muy preocupado por lo que ocurre en el Medio Oriente, incluyendo la tensa relación con Irán, como para invitar a su contraparte israelí justo en los días más delicados de su campaña de tarifas a nivel mundial, con la bolsa norteamericana registrando pérdidas colosales, y la cantidad de ataques que se reciben en todos los medios de comunicación, señalando un prematuro fin del período de gracia que se le dispensa generalmente a una nueva administración.

    Israel tiene una ocasión única de aprovechar esta ventana de oportunidad que ofrecen las circunstancias no previstas. La necesidad de Trump de mostrar un logro en el Medio Oriente quizá sea un catalizador (¿otro más?) para relanzar el proceso de negociación que traiga rehenes de vuelta en cualquier modalidad. Se trata de un tema de vida o muerte, de profunda angustia para toda la sociedad israelí. También para alejar la amenaza que significa un Irán nuclear para Israel. Esta necesidad es la misma que tiene Benjamín Netanyahu y su desgastada coalición, sumida cada breve tanto y tanto en escándalos y discusiones que no son de ninguna ayuda para el esfuerzo de guerra, tampoco para la compleja maniobra que se requiere a efectos de seguir en el poder.

    Israel sigue con sus siete frentes abiertos, más el del debate interno y la pugna entre gobierno y oposición. Es verdad que los enemigos están muy disminuidos, pero la situación que se vive dista mucho de la normalidad que requiere una ciudadanía cansada y atormentada. Quizás Trump y Netanyahu concuerden en que la estrategia de Biden no fue acertada, y la nueva esgrimida y ejecutada necesita de ajustes para conseguir resultados. Es muy curioso, interesante y también preocupante que ambas administraciones hayan dejado de confiar en instituciones básicas que son responsables de temas de seguridad y defensa. En el caso de Israel, siempre que hubo una guerra, alguna investigación posterior señalaba fallas y culpables, se establecían responsabilidades y venían destituciones, renuncias, reconsideraciones y señalamientos; pero siempre después de terminadas las hostilidades, no antes. Lo que vemos es producto de la desconfianza entre el Ejecutivo y sus subordinados, también de las fallas ocurridas y, por supuesto, por lo que tarda en llegar una victoria definitiva y contundente, la misma que ha de pasar por el regreso de los rehenes de Gaza.

    Israel tiene una ocasión única de aprovechar esta ventana de oportunidad que ofrecen las circunstancias no previstas. La necesidad de Trump de mostrar un logro en el Medio Oriente quizá sea un catalizador (¿otro más?) para relanzar el proceso de negociación que traiga rehenes de vuelta en cualquier modalidad

    Pareciera que nos enfrentamos a una semana crucial para Israel y el Medio Oriente. Lo que aturde es que desde el 7 de octubre de 2023 nos enfrentamos a semanas cruciales con mucha frecuencia y escasos resultados. Aunque el Medio Oriente de abril de 2025 es muy distinto de aquel del 6 de octubre de 2023, la persistencia de los conflictos y sus detalles cansa y confunde. Ojalá que Donald Trump y su equipo no estén tan cansados ni confundidos como muchos otros.

    La invitación a Netanyahu, la actitud de Trump, parecen tener objetivos claros. Pero la tozudez de los actores en el Medio Oriente hace muy probable que Occidente se desoriente respecto al Medio Oriente. 

    Como dice el chiste, es necesario una buena asesoría y consejos que medio orienten a quienes se ocupan del Medio Oriente.

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    Yossi Bentolila
    Yossi Bentolila

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