Un evento sin precedentes tuvo lugar en el Hospital Beilinson del Centro Médico Rabin, en Petaj Tikva, Israel, donde una mujer que sufría una grave inflamación intestinal causada por la enfermedad de Crohn se sometió a una resección intestinal robótica mínimamente invasiva, que le salvó la vida en la semana 32 de su embarazo.
La compleja cirugía, que duró varias horas y contó con la participación de decenas de profesionales médicos, se completó con éxito, permitiéndole llevar el embarazo a término y dar a luz a una niña sana.
Tzofiya Leibovich, estudiante de medicina de 23 años, fue diagnosticada con la enfermedad de Crohn en su adolescencia, pero no presentó síntomas hasta la última etapa de su primer embarazo. A las 32 semanas de gestación, ingresó en el Centro Médico Rabin con fuertes dolores abdominales y de espalda.
Ian White, director de la Unidad de Cirugía Colorrectal del Centro Médico Rabin, con Tzofiya Leibovich y su bebé recién nacida
(Foto: Centro Médico Rabin)
Fue hospitalizada en la Unidad Materno-Fetal, donde los médicos le diagnosticaron una inflamación intestinal aguda. A pesar del tratamiento médico, su estado empeoró y sufrió una perforación intestinal, poniendo su vida en peligro inmediato y requiriendo una intervención quirúrgica urgente. “El abordaje quirúrgico estándar para la perforación intestinal durante el embarazo es una cirugía abdominal abierta, que implica la interrupción del embarazo y el parto prematuro”, explica Ian White, director de la Unidad de Cirugía Colorrectal del Centro Médico Rabin. “Un procedimiento laparoscópico-robótico es extremadamente complejo en una etapa tan avanzada del embarazo, ya que el útero agrandado dificulta la visualización de los intestinos y hace que el acceso sea prácticamente imposible”, añade.
A pesar de los riesgos, el equipo decidió seguir adelante con la cirugía, que, debido a su extraordinaria complejidad, se prolongó durante varias horas de gran tensión. Se realizó en el quirófano de ginecología, con la presencia de ginecólogos expertos, neonatólogos del Hospital Infantil Schneider y monitoreo fetal en todo momento. “En cada etapa debatíamos si continuar o pasar a cirugía abierta”, recuerda el Dr. White. “Mientras la madre y el feto permanecieran estables, seguiríamos adelante. La operación fue un éxito, su dolor disminuyó y salió del peligro. Dado que este procedimiento nunca se había intentado antes, estuve ansioso hasta que la bebé nació sana y salva en la semana 38”.
Leibovich cuenta que no quería una cirugía que requiriera un parto prematuro y le dejara “una gran cicatriz en el abdomen”. “Estaba paralizada, no podía dormir, gritaba del dolor insoportable. Entendía que intentarían una cirugía laparoscópica con muy pocas probabilidades de éxito, y que lo más probable era que tuvieran que abrirme para que naciera la bebé”, dice. “El Dr. White, que es religioso, vino al hospital a pesar de ser Shabat, y fue entonces cuando me di cuenta de lo extraordinario que era ese momento”.
Fuente: Jewish News Syndicate (jns.org).
Traducción Sami Rozenbaum, Nuevo Mundo Israelita.