Viernes 06 de Marzo de 2026
    • @NMISRAELITA
    • @NMISRAELITA
    • @MUNDOISRAELITA
    logo_nmilogo_nmilogo_nmilogo_nmi
    Suscríbete
    a nuestro boletín
    • INICIO
    • DOSSIER
    • KEHILÁ
      • Kehilá
      • Shivá
    • LEER PARA CREER
    • OPINIÓN
      • Perspectivas
    • VIDA RELIGIOSA
    • ISRAEL/DIÁSPORA
    • NOTICIAS
    • OBITUARIOS
    • SALUTACIONES
    • AGENDA COMUNITARIA
    • ESPECIALES
    • GASTRONOMÍA
    • EDICIONES IMPRESAS
    • QUIÉNES SOMOS
      • Quiénes somos
      • Nuestra Historia
      • Contacto
    ✕
    Arranca la temporada de actividades 2025-2026 de Hebraica
    5 septiembre, 2025
    Gal-Gadot-Gage-Skidmore-Wikimedia mujer
    Gal Gadot, la Mujer Maravilla que enfrenta la hipocresía de Hollywood
    8 septiembre, 2025

    Opinión

    “Marrano”: insulto con historia más larga que una telenovela

    Published by Yossi Bentolila on 5 septiembre, 2025
    Categories
    • 2189
    • Destacados
    • Destacados Anteriores
    • Opinión
    Tags
    • Inquisición
    • Marrano
    • Soledad Morillo Belloso

    Soledad Morillo Belloso*

    Hay palabras que no vienen solas: traen maletas, baúl, y hasta un par de esqueletos escondidos. “Marrano” es una de esas. Hoy se lanza como insulto entre hermanos peleando por el control remoto, pero hubo un tiempo en que esa palabrita podía costarte la vida. Literal.

    Cuando “marrano” era más que una grosería

    En la España de los siglos XV al XVII, decirle “marrano” a alguien no era como soltar un “cochino” por no lavarse las manos. Era como ponerle una bomba de tiempo en la espalda. Se usaba para señalar a judíos y musulmanes que, aunque se habían “convertido” al Cristianismo, seguían practicando su fe en secreto. Como quien guarda su alma en una cajita de zapatos debajo de la cama.

    A eso se le llamaba criptojudaísmo o criptoislam. Pero los inquisidores, que tenían más drama que una novela turca, preferían llamarlo “herejía con doble cara”. Porque si algo les gustaba a estos tipos era ponerle nombre rimbombante a lo que querían quemar.

    Cualquier persona acusada de criptojudaísmo ante la Inquisición podía enfrentar terribles torturas, o la muerte en la hoguera
    (Imagen: redes sociales)

    ¿Y de dónde salió la palabra?

    Hay teorías para todos los gustos. Una dice que viene de “marrar”, que significa errar. Como si esos conversos se hubieran “equivocado” de religión. Pero esa explicación huele más a sermón que a lingüística. Más a juicio que etimología.

    La Inquisición: el Gran Hermano

    La Inquisición no era sólo una cacería de judíos y musulmanes. No, señor. También se iba con todo contra cristianos que pensaban por cuenta propia. Si eras místico, reformista, humanista o simplemente alguien con más neuronas que estupidez, te ponían en la mira. Era como tener un policía espiritual metido en la cabeza, revisando tus pensamientos con lupa y marcando con rojo todo lo que no encajaba. ¿Leías algo raro? Sospechoso. ¿Rezabas diferente? Hereje. ¿Cocinabas sin cerdo? ¡Alerta máxima!

    Porque sí, hasta la cocina era terreno de vigilancia. Si tu casa no olía a chorizo, ya te estaban mirando raro. Si evitabas el jamón como si fuera veneno, cuidado: podías terminar en la lista negra. Judíos convertidos eran “marranos”, musulmanes convertidos eran “moriscos”. Y todos vivían bajo sospecha, como si tuvieran una bomba de cerdo sin explotar en la despensa.

    ¿Por qué no comen cerdo?

    Para los judíos, según la Torá, el cerdo tiene pezuñas partidas pero no rumia. Eso lo hace impuro. No es por capricho ni por dieta: es por fe. Y sí, también por algo sanitario.

    Para los musulmanes, el Corán lo veta. El cerdo es haram, o sea, prohibido. Evitarlo es obedecer a Alá. Solo en casos extremos —tipo “me muero si no como”— se permite.

    Ahora, “marrano” empieza a verse como símbolo de resistencia. Porque esos “marranos” no eran traidores. Eran sobrevivientes. Gente que cocinaba sin cerdo porque ahí, entre especias y silencios, estaba su dignidad. Y eso, en tiempos de miedo, era un acto de valentía

    Entonces, si alguien no se comía una rodilla de cochino ni una tocineta tostadita, los cristianos inquisidores y los soplones de la época pensaban: “Aquí hay gato encerrado”. Y ¡pum! “Marrano” se volvió insulto como dardo envenenado. Como decir “falso cristiano”, “impuro”, “sospechoso”. Un escupitajo con bendición papal.

    Cocinar sin cerdo era casi un acto revolucionario

    En tiempos de la Inquisición, bastaba con que tu olla no oliera a jamón para que te acusaran. Celebrar el Séder, rezar hacia La Meca, evitar el vino… todo eso era como gritar “¡aquí hay fe clandestina!”. Y eso podía terminar en interrogatorios, castigos, o algo mucho peor.

    El Santo Oficio no se quedó en Europa. Cruzó el charco y se instaló en América como quien abre franquicia. He visitado los museos de la Inquisición en Ciudad de México, Guanajuato, Cartagena de Indias, Lima… y créanme, lo dejan a uno con la piel de gallina y el alma en pausa.

    De insulto a símbolo de resistencia

    Con el tiempo, “marrano” perdió filo, pero no sombra. Ya no se usa para acusar criptojudíos, pero sigue teniendo ese tufillo de “sucio” o “desviado”. Aunque, ojo, la historia está cambiando de guión. Ahora, “marrano” empieza a verse como símbolo de resistencia. Porque esos “marranos” no eran traidores. Eran sobrevivientes. Gente que cocinaba sin cerdo porque ahí, entre especias y silencios, estaba su dignidad. Y eso, en tiempos de miedo, era un acto de valentía.

    Historia express

    Los judíos fueron expulsados de España en 1492 (Isabel y Fernando). A los moriscos les tocó tarjeta roja entre 1609 y 1614 (Felipe II). Y en 1767, fue el turno de los jesuitas de ser expulsados de todos los dominios de la Corona (Carlos III). Tres actos de crasa estupidez.

    Lo que vale es el respeto

    Vivimos en tiempos de rescate cultural. “Marrano” ya no es piedra, sino bandera. Representa a quienes vivieron entre dos mundos y no dejaron que su fe se apagara. Ni siquiera cuando todo los empujaba al silencio. Y si se convirtieron, ni Jehová ni Dios ni Alá andan en son de reclamo. No venga el simple mortal a restregar papeleta.

    Así que la próxima vez que alguien suelte un “¡marrano!” en medio de una discusión, antes de responder con otro grito, tal vez convenga preguntarse: ¿estamos hablando de suciedad, de prejuicio… o de resistencia histórica?

    Y si aún hay dudas, basta con recordar lo que diría una abuela con sabiduría y picardía: “El que cocina con alma, levanta pasiones… sin tener que ponerle jamón”.

    La Inquisición fue una maquinaria de terror institucionalizada. Una época en la que el pensamiento libre, la diversidad religiosa y la disidencia eran tratados como crímenes. Y lo peor: todo eso se hacía en nombre de la fe, manipulando la espiritualidad para justificar el control y el castigo, la dictadura de la estupidez

    Más allá del tono irónico que uso para abordar la historia, la Inquisición fue una maquinaria de terror institucionalizada. Una época en la que el pensamiento libre, la diversidad religiosa y la disidencia eran tratados como crímenes. Y lo peor: todo eso se hacía en nombre de la fe, manipulando la espiritualidad para justificar el control y el castigo, la dictadura de la estupidez.

    Repetir algo así hoy —con toda la historia documentada, con los testimonios, con los horrores expuestos— sería no solo una muestra de ignorancia, sino de una miseria humana profunda. Porque ya no hay excusas. Ya sabemos lo que pasó. Y sabemos lo que cuesta callar a alguien por pensar distinto.

    La Inquisición no fue apenas una persecución religiosa. Fue un atentado contra la dignidad humana. Y cualquier intento de revivir ese tipo de control, aunque sea disfrazado de moral, tradición o “defensa de valores”, merece ser enfrentado con firmeza y sin titubeos.

    Nadie tiene derecho a imponer su religión a otro. La fe es personal. Y usarla como excusa para controlar, es esconder una agenda de poder. Hay más de 4000 religiones en el mundo. Y tres de las grandes —Judaísmo, Cristianismo e Islam— vienen del mismo tronco. Son ramas del árbol de Abraham. Así que menos piedras, más respeto.

    *Periodista, ensayista y novelista venezolana.

    Share
    1
    Yossi Bentolila
    Yossi Bentolila

    Related posts

    Pedro-Sanchez-Yahoo-Noticias washington
    5 marzo, 2026

    Sánchez está llevando su política contra Israel al límite, Washington podría responder


    Read more

    Deja un comentario Cancelar la respuesta

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    Portal informativo de la comunidad judia de venezuela

    © Copyright Nuevo Mundo Israelita 2023 Rif - J-30613878-1 - Powered by

        Todos los viernes recibirá los artículos
        publicados durante la semana


        X