(Foto: Marc Israel Sellem / The Jerusalem Post)
Este año, al celebrar la bendición de la condición de Estado judío, no podemos dejar de estar también conscientes de los costos y sacrificios que nos exige. Son muchos.
Desde el 7 de octubre, en Israel hemos estado comprometidos en una lucha por la seguridad e integridad de nuestra sociedad. Muchas personas de todo Israel, y de comunidades de todo el mundo, siguen luchando en primera línea contra la oscura fuerza del terror que nos amenaza a todos, y defendiendo la esencia misma del Mundo Libre.
Nuestros corazones se rompen a cada instante ante la atrocidad continua de nuestros hermanos y hermanas enterrados en las profundidades de la tierra, vivos y muertos, en una brutal violación de todos los códigos legales, humanos y éticos. No cabe duda de que no podremos empezar a sanar verdaderamente, ni podremos sentirnos completos, hasta que todos y cada uno de ellos sean liberados. Al mismo tiempo, el antisemitismo ha cobrado fuerza de múltiples formas en todo el mundo. Ha desafiado radicalmente la sensación básica de seguridad de las comunidades judías de todo el mundo.
Pero, amigos míos, este momento es mucho más que solo dolor y pena. Nuestro camino es más largo y nuestro propósito más amplio que cualquier época de duelo. Junto con el dolor por lo que hemos perdido, también hemos recordado los profundos recursos de que disponemos.
He visto a judíos de todos los ámbitos de la vida afrontar el desafío y manifestarse de tantas maneras diferentes, unos a otros y por Israel. Me ha inspirado y conmovido
En estos tiempos difíciles hemos visto cuánto nos apoyamos mutuamente en Israel y en las comunidades judías del mundo. Cuán profundos e inquebrantables son nuestros lazos, contra cualquier ola de odio y contra cualquier prueba. Cuánto significa para cada uno de nosotros como individuos el sentido de pertenencia, identidad, apoyo y orgullo. Y cuán profundo es el verdadero don mutuo que eso nos ofrece.
Este año he conocido a miles de nuestros hermanos y hermanas en tantas comunidades y continentes. He visto a judíos de todos los ámbitos de la vida afrontar el desafío y manifestarse de tantas maneras diferentes, unos a otros y por Israel. Me ha inspirado y conmovido. Al conmemorar este año el Día de la Independencia de Israel, escuchemos atentamente este don de nuestra conexión: el privilegio y la responsabilidad que tenemos de seguir escribiendo juntos nuestra historia judía, y el eterno llamado a seguir luchando por lo que importa: por nuestros rehenes, por nuestro legado ético y por nuestro futuro compartido.
Les envío mi más sincero mensaje de apoyo, dondequiera que se encuentren en el mundo. Que compartamos muchos momentos de verdadera alegría juntos, y desde Jerusalén les deseo a todos un Feliz Día de la Independencia.