Sábado 07 de Marzo de 2026
    • @NMISRAELITA
    • @NMISRAELITA
    • @MUNDOISRAELITA
    logo_nmilogo_nmilogo_nmilogo_nmi
    Suscríbete
    a nuestro boletín
    • INICIO
    • DOSSIER
    • KEHILÁ
      • Kehilá
      • Shivá
    • LEER PARA CREER
    • OPINIÓN
      • Perspectivas
    • VIDA RELIGIOSA
    • ISRAEL/DIÁSPORA
    • NOTICIAS
    • OBITUARIOS
    • SALUTACIONES
    • AGENDA COMUNITARIA
    • ESPECIALES
    • GASTRONOMÍA
    • EDICIONES IMPRESAS
    • QUIÉNES SOMOS
      • Quiénes somos
      • Nuestra Historia
      • Contacto
    ✕
    Pedro-Sanchez-Yahoo-Noticias washington
    Sánchez está llevando su política contra Israel al límite, Washington podría responder
    5 marzo, 2026

    Opinión

    Los horrores de la represión en Irán en testimonios de médicos y enfermeras

    Published by Yossi Bentolila on 6 marzo, 2026
    Categories
    • 2194
    • Destacados
    • Opinión
    Tags

    Suzanne Bowdey*

    “Vi escenas que habrían puesto de rodillas a cualquier ser humano”

    Médico general, Teherán

    Cuando los misiles comenzaron a llover sobre Irán el pasado sábado, la urgencia de ponerse a salvo se apoderó de la gente, sí, pero también hubo otra emoción predominante para muchos: alivio. La demostración de fuerza de Estados Unidos e Israel fue la violenta respuesta a innumerables plegarias elevadas desde enero, cuando los líderes de Irán masacraron a miles de inocentes para detener la ola de protestas contra el régimen que recorrió el país.

    La mayor parte de los iraníes había empezado a temer que ese baño de sangre quedara impune ante el mundo. Se equivocaron. Nadie sabrá jamás la verdadera profundidad del sufrimiento que soportó el país al amparo del bloqueo de las comunicaciones por parte del régimen, pero los testimonios que han comenzado a surgir de los valientes hombres y mujeres sobre el terreno están empezando a reconstruir las horribles historias de aquellas semanas; historias, opinan algunos, de «una de las peores matanzas en la historia mundial contemporánea».

    Bandera-irani-ensangrentada-Washington-Stand pacientes

    (Imagen: The Washington Stand)

    Hospitales desbordados por una masacre oculta

    Preocupado porque nadie creyera la pesadilla que se desató en las provincias iraníes a principios de este año, un trabajador médico en Rasht arriesgó su vida para sacar información del país y enviarla a The New York Times.

    Tras trabajar cuatro días en el centro de traumatología, regresó a casa y «en lugar de dormir, comenzó a recopilar 11 gigabytes de radiografías, tomografías computarizadas e historiales médicos, que luego nos envió a través de una aplicación de mensajería cifrada», escriben Roxana Saberi y Fatemeh Jamalpour en su esclarecedor artículo. «Quieren ocultarlo», les advirtió él.

    Después de que el régimen cortó internet, encubriendo sus crímenes con un manto de oscuridad, la mayor parte del mundo desconocía la verdadera magnitud de la barbarie que se había desatado contra el pueblo iraní en la sangrienta represión que siguió, señala el Times. «Pero los médicos y las enfermeras sí».

    «Nuestro hospital es un centro pequeño», describe un médico general de Isfahán. “Nunca antes habíamos atendido pacientes con traumatismos. No estábamos preparados para atender esa cantidad de heridos. ¿Atenderlos? Ni siquiera el personal de limpieza pudo recoger la sangre del suelo del hospital, de tanta que había. Caminaba entre sangre. Todavía siento el olor a sangre en la nariz”

    En una impactante recopilación de testimonios presenciales de hospitales y salas de urgencias de 14 ciudades, surge un tema común de horror, uno que hace que los ataques del fin de semana pasado parezcan la justicia que Irán había estado esperando.

    Uno por uno, los médicos hablan de la «angustia extrema, que incluye pesadillas, flashbacks, dolor, ira y ansiedad» que experimentaron por las escenas espeluznantes que no pueden olvidar. Algunos confiesan haber pensado en el suicidio. «Como médico», dice uno, «no podía asimilar que se infligieran tantas heridas de guerra a mi propia gente en las calles de mi propia ciudad».

    El mismo dolor resonó en el panorama médico. «Nuestro hospital es un centro pequeño», describe un médico general de Isfahán. “Nunca antes habíamos atendido pacientes con traumatismos. No estábamos preparados para atender esa cantidad de heridos. ¿Atenderlos? Ni siquiera el personal de limpieza pudo recoger la sangre del suelo del hospital, de tanta que había. Caminaba entre sangre. Todavía siento el olor a sangre en la nariz”.

    Un patrón de brutalidad selectiva

    La incapacidad de mantener el ritmo con la brutalidad es un tema recurrente. «Los pasillos del hospital estaban llenos de gente ensangrentada. Todos los pasillos y paredes estaban cubiertos de sangre», recuerda un trabajador médico de Shiraz. «Vi cerebros y órganos abdominales expuestos, amputaciones y desmembramientos, múltiples golpes de cuchillo y machete, heridas de perdigones y orificios de entrada y salida de balas».

    El número de heridos era tan elevado, señalan otros, que intentaron llamar a todos los médicos y enfermeras que conocían para que vinieran a ayudar, pero fue inútil. «Unos 15 minutos después nos cortaron el teléfono. Casi no había camilleros ni auxiliares, ni suero, ni kits para suero, ni portasueros. Nadie esperaba semejante volumen, y tardamos mucho en tener suministros», lamenta un traumatólogo. La gran cantidad de pacientes, “desde un niño de nueve años hasta un hombre de 70”, según una enfermera de la provincia de Teherán, era abrumadora.

    “Un solo cirujano oftalmólogo podría realizar diez cirugías mayores como esta en toda su carrera”, declaró un oftalmólogo a los periodistas, “pero nosotros realizamos miles. Otro problema era la gravedad de las lesiones, la mayoría destinadas deliberadamente a causar ceguera. Tuvimos muchos casos que involucraban ambos ojos”. Un hombre fue golpeado tan brutalmente que se le salieron los ojos de las órbitas.

    Esas eran las heridas que un cirujano dijo haber esperado presenciar “en una guerra cara a cara con un enemigo extranjero, no durante protestas internas”. Los recuerdos que se repiten en sus mentes son los de los cientos de niños que murieron de forma agonizante

    Un médico de urgencias lamenta la cantidad de pacientes que murieron simplemente porque les cortaron el teléfono. “No teníamos acceso a apoyo quirúrgico ni anestésico”. Y siguen conmocionados por las oleadas de lesiones espantosas que inundaron sus pasillos. “Una escopeta es para cazar animales, no es un arma antidisturbios. E incluso si lo fuera, sería para disparar a las piernas, no a la cara ni a la cabeza”, insiste un oftalmólogo. “Vi disparos en la cabeza y el cuello, disparos por la espalda, disparos en los genitales, heridas por disparos a un metro de distancia y graves puñaladas”, relata una enfermera de Teherán. “Muchas personas tuvieron brazos o piernas amputadas, muchas sufrieron lesiones en la médula espinal o parálisis, y muchas también quedaron ciegas”.

    Esas eran las heridas que un cirujano dijo haber esperado presenciar “en una guerra cara a cara con un enemigo extranjero, no durante protestas internas”. Los recuerdos que se repiten en sus mentes son los de los cientos de niños que murieron de forma agonizante.

    “Una madre lactante sostenía a su bebé cuando las fuerzas de seguridad abrieron fuego contra su auto”, cuenta un médico del sur de Teherán a Saberi y Jamalpour. “Llegaron al hospital en ese mismo vehículo, acribillados a balazos. La bala atravesó la mano del bebé y se clavó en el pecho de la madre”.

    Hubo un patrón, dicen otros con escalofríos, de niños con disparos en la cabeza, un hecho que confirman los trabajadores del hospital de Teherán. “El número de niños muertos por disparos de francotiradores o ametralladoras fue alto”, dice con tristeza un médico de la provincia. “Estas escenas se repiten en mi mente unas ocho o nueve veces al día, y las veo todas, tanto despierto como dormido”, admite un miembro del personal de Rasht.

    “Siento que fue una pesadilla o un sueño”, se lamenta un médico de urgencias. “Lo peor era tener los cuerpos en una habitación. Horas después, sus teléfonos móviles sonaban y nosotros llorábamos fuera de la habitación”.

    Un llamado a la justicia y la esperanza de una nación

    Pero los hospitales y centros de traumatología no eran lugares seguros. «Muchos médicos y enfermeros nos dijeron que hicieron todo lo posible para evitar que las autoridades iraníes identificaran a sus pacientes como manifestantes; por ejemplo, falsificaron sus historiales médicos, borraron las grabaciones de las cámaras de seguridad o los atendieron en domicilios particulares. Les preocupaba que sus pacientes pudieran ser secuestrados o incluso asesinados», explican las periodistas.

    «Hacerlo puso en peligro al propio personal médico. Muchos denunciaron que ellos o sus compañeros habían sido amenazados, interrogados o citados a comparecer ante las autoridades. Varios dijeron tener colegas detenidos».

    «Muchos médicos y enfermeros nos dijeron que hicieron todo lo posible para evitar que las autoridades iraníes identificaran a sus pacientes como manifestantes; por ejemplo, falsificaron sus historiales médicos, borraron las grabaciones de las cámaras de seguridad o los atendieron en domicilios particulares”

    Algunos recibieron mensajes de texto amenazantes de números anónimos. En Shiraz, el personal médico declaró más tarde: «Varios agentes vestidos de civil amenazaban con matar a los heridos y a los médicos en el servicio de urgencias». Uno de ellos fue arrestado tras hablar con The New York Times, según informó su familia al medio. Estaba muy claro que “las fuerzas de seguridad intentaban identificar a los heridos”, declaró una fuente anónima en Rasht. “A quienes tenían una tarjeta bancaria o cualquier tipo de identificación, les tomaban una foto y anotaban la información en una libreta. A quienes no tenían identificación les fotografiaban el rostro con una cámara profesional, probablemente para luego arrestarlos”. Finalmente, la gente simplemente desaparecía. “Presencié la desaparición de cuerpos en el hospital”, afirma un médico general.

    Juntos, todos estos médicos y enfermeras rompieron el silencio y arriesgaron sus vidas para pedir una sola cosa: ayuda. “Le piden al mundo que no mire hacia otro lado”.

    Afortunadamente para Irán, la administración Trump no lo hizo. Finalmente, las imágenes e historias desgarradoras que estas personas llevan consigo de estas semanas y años de terror están siendo desagraviadas. Este es el ajuste de cuentas que merecen los tiranos del país, argumentan los testigos de la brutalidad de Irán. “No quiero que se salgan con la suya. Quiero que sean castigados. No quiero que toda esta sangre quede sin respuesta”, argumenta con vehemencia un médico de urgencias. Una enfermera coincide. “Todas las noches me duermo con la esperanza de la libertad de Irán”. Era y es, insiste, “la esperanza de los muertos, heridos o detenidos”.

    *Directora editorial y redactora principal de The Washington Stand.
    Fuente: The Washington Stand (washingtonstand.com).
    Traducción Sami Rozenbaum, Nuevo Mundo Israelita.

    Share
    0
    Yossi Bentolila
    Yossi Bentolila

    Related posts

    Pedro-Sanchez-Yahoo-Noticias washington
    5 marzo, 2026

    Sánchez está llevando su política contra Israel al límite, Washington podría responder


    Read more

    Deja un comentario Cancelar la respuesta

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    Portal informativo de la comunidad judia de venezuela

    © Copyright Nuevo Mundo Israelita 2023 Rif - J-30613878-1 - Powered by

        Todos los viernes recibirá los artículos
        publicados durante la semana


        X