A medida que la estructura de mando de Teherán se fractura, un vistazo a lo que aún le queda al régimen y dónde reside el verdadero peligro
Danny Citrinowicz*
A medida que avanza la campaña en Irán, parece que la presión que pesa sobre el régimen ha comenzado a producir las primeras fracturas en su liderazgo. La dificultad de mantener un proceso ordenado de toma de decisiones y de trasmitir directivas claras y coherentes a las fuerzas sobre el terreno no hace más que aumentar. Ante la posibilidad real de que Israel y Estados Unidos continúen la campaña e incluso la amplíen, surge la pregunta: ¿Conserva Irán capacidades significativas que todavía no ha desplegado, sobre todo si el liderazgo del régimen llega a un punto de desesperación extrema?
La respuesta es que, en términos de medios de combate, es dudoso que el régimen posea capacidades significativas que no haya utilizado ya contra Israel. El reciente lanzamiento de los misiles Khorramshahr 4, conocidos en Irán como Kheibar, podría representar una de las últimas cartas en el avanzado arsenal del CGRI. Irán ciertamente puede seguir desafiando a Israel con un fuego más intenso, sujeto a la cantidad de lanzadores y misiles que le queden. Pero no posee una capacidad nuclear operativa que pueda utilizarse.
El enorme misil balístico Khorramshahr 4 es el más avanzado en el arsenal iraní, y ha causado graves daños en Israel a pesar de que la mayoría son interceptados por el antimisil Jetz
(Foto: IRNA)
Tampoco se está considerando la posibilidad de fabricar armas químicas, en parte debido a la prohibición que Jomeini impuso en su momento para participar en ese campo. El escenario de una «bomba sucia» (un explosivo convencional mezclado con material radiactivo, no un arma nuclear) también surge ocasionalmente, pero en muchos casos las evaluaciones de las capacidades de Irán en este ámbito, y del impacto real que tendría dicha arma, son exageradas.
Incluso si Irán poseyera tal capacidad, su utilidad operativa sería extremadamente limitada, mientras que el daño diplomático y estratégico que provocaría podría ser grave. En el pasado hubo informes de que Teherán estaba desarrollando armas «neutralizadoras» (sistemas de desactivación no letales), pero es dudoso que estas representen una capacidad que pueda cambiar el curso de la campaña o utilizarse de manera significativa.
Sin embargo, donde Irán sí tiene un margen de maniobra real es en la escalada de tensiones en la región, sobre todo contra los países del Golfo. Podría intentar atacar plantas desalinizadoras en esos países, además de instalaciones de producción y almacenamiento de petróleo y gas, una medida que causaría un daño económico significativo y podría desencadenar un fuerte aumento en los precios mundiales de la energía. Al mismo tiempo, Teherán podría presionar a los hutíes para que se integren más profundamente en la campaña, intensificando la presión sobre el frente interno israelí y potencialmente también sobre los países del Golfo.
¿Quién debería realmente preocuparse?
A pesar de las amenazas que emanan de Teherán, Irán no parece tener en su arsenal un arma que pueda cambiar las reglas del juego. Esto no significa que la amenaza deba descartarse: el fuego continuo, en particular de misiles de precisión como el Fateh y el Khorramshahr, sigue representando una amenaza significativa para el frente interno israelí. Sin embargo, la mayor amenaza de Irán no se dirige a Israel, sino a los Estados del Golfo, que podrían verse obligados a pagar el precio más alto si la campaña continúa intensificándose.
*Investigador principal del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (INSS) en Irán y del Programa del Eje Chiíta.
Fuente: Israel Hayom.
Traducción Sami Rozenbaum, Nuevo Mundo Israelita.