Su presidente Roberto Mishkin durante el acto de los 75 años
Placa conmemorativa entregada a la UIC por su institución hermana, la Asociación Israelita de Venezuela, de manos de su presidente, Isaac Benjamín
La Unión Israelita de Caracas arribó a sus 75 años de existencia, y lo festejó con un acto efectuado el 23 de octubre en el salón Baltuch de su sede en San Bernardino.
En el evento, pleno de sensibilidad, se rindió homenaje a las numerosas figuras que ayudaron a construir esta importante institución, que tiene antecedentes desde la década de 1920 y se organizó con fuerza como uno de sus propósitos iniciales ofrecer un nuevo hogar a numerosas familias sobrevivientes de la Shoá. De sus fundadores se originó también el Colegio Moral y Luces Herzl-Bialik, que luego se ha convertido en el centro educativo por excelencia de nuestra comunidad.
El maestro de ceremonias fue Alexander Fincheltub, secretario de la Junta Directiva de la UIC
La primera intervención corrió a cargo del rabino Eitan Weisman, quien recordó su llegada a la UIC y reflexionó:
“Tengo el honor de pertenecer a esta comunidad desde hace 23 años, es decor, parte importante de mi vida adulta. Un año antes conocí en Israel al que entonces era el vicepresidente de la UIC, Roby Croitorescu, y después al presidente, Daniel Slimak. Ellos me contaron sobre una comunidad, la de Caracas, y me dijeron: “es la mejor comunidad judía del mundo”. Y no se equivocaron.
“Esta comunidad es un paraíso. Fue construida por mucha gente que aportó su tiempo, su talento y su esfuerzo para que nosotros podamos vivirla y disfrutarla. Tenemos que continuar construyéndola, mejorándola. Es verdad que hoy en día es más difícil, el desafío es más grande, pero para eso estamos aquí.
“Somos una comunidad judía ortodoxa y sionista. Es decir que sabemos que el centro de la comunidad es el judaísmo, nuestra conexión con Dios, una comunidad basada en la tzedaká y comprometida con la halajá. Y también somos sionistas, estamos orgullosos del Estado de Israel, que nos cuida y al que cuidamos con mucho orgullo.
“Kol Hakavod a todos los dirigentes, líderes y voluntarios que por han trabajado durante estos 75 años, día y noche, para que nosotros podamos disfrutar de esta comunidad”.
Tras estas palabras, el rabino recitó un misheberaj por la UIC y por toda la kehilá.
De seguidas, se proyectó un video enviado por el rabino emérito de la UIC, Pynchas Brener, quien encabezó el aspecto religioso de la institución durante más de 40 años.
Isaac Benjamín, presidente de la Asociación Israelita de Venezuela y el Vaad Hakehilot, compartió con los presentes:
“La Unión Israelita de Caracas ha sabido ser hogar espiritual y moral, referente de liderazgo y símbolo de continuidad. Su historia se entrelaza con la de cada familia, con cada generación que encontró en sus espacios un lugar para rezar, aprender, convivir y crecer.
“Para mí, esta celebración tiene un significado muy especial. He tenido el privilegio de conocer y trabajar con los últimos 20 de los 25 presidentes que ha tenido esta querida institución, en distintas etapas y responsabilidades comunitarias. Con muchos de ellos comparto hoy una amistad sincera y duradera, forjada en años de trabajo común, de desafíos compartidos y de sueños colectivos. Es un orgullo poder decir que he aprendido de cada uno de ellos, y que todos —sin excepción— han dejado una huella en la historia de nuestro pueblo.
“Permítanme evocar aquí las palabras pronunciadas en el año 1980 por el doctor Moisés Garzón Serfaty, expresidente de la AIV, quien en una conferencia profética destacó: ‘(…) la igualdad que debemos pretender es aquella que nos permita ser iguales en el derecho a ser diferentes’.
“Garzón concluyó con una visión que hoy sigue más vigente que nunca: ‘Así, con el apoyo mutuo, el respeto mutuo, conscientes de que los valores de unos y de otros son valores comunes, que el pluralismo cultural e ideológico es una riqueza que nos pertenece a todos por igual, estaremos forjando en América Latina el nuevo judío del año 2000’. Una síntesis simbólica de lo que somos hoy: una sola comunidad, con dos tradiciones que se abrazan y se enriquecen mutuamente.
“También quiero recordar las palabras del Dr. Wilhelm Jaegerman, entonces presidente de la Unión Israelita de Caracas, pronunciadas el 10 de septiembre de 1984 durante la firma del histórico convenio que dio nacimiento al Sistema Educativo Comunitario (SEC), junto al Dr. Abraham Levy, presidente de la AIV en aquel momento, quien se encuentra esta tarde entre nosotros. El Dr. Jaegerman expresó con sabiduría que ‘la firma de este acuerdo no es el final de un camino, sino un comienzo’, y resaltó la importancia de la convivencia entre nuestras comunidades, no solo en lo educativo, sino también en lo social, deportivo y cultural. Citó ejemplos tan emblemáticos como la creación de Hebraica y del Nuevo Mundo Israelita, y vislumbró un futuro en el que existiera un Vaad Hakehilot (el cual tengo el honor de presidir en este momento), capaz de centralizar la vida cultural y los servicios comunitarios para evitar la duplicación de esfuerzos.
“Que esta conmemoración de los 75 años de la Unión Israelita de Caracas sea también una reafirmación de nuestro compromiso. Porque la historia de nuestras instituciones es, en realidad, una misma historia: la del esfuerzo conjunto por mantener viva la fe, la educación, la identidad y el orgullo de ser la comunidad judía de Venezuela”.
Tocó el turno a Roberto Mishkin, presidente de la UIC.
“Este no es un aniversario más. Hoy celebramos tres cuartos de siglo de identidad, de continuidad, de sueños compartidos; y lo hacemos en un momento histórico global: el acuerdo de cese al fuego y la liberación de los rehenes que sufrieron dos años de cautiverio bajo Hamás. Es un rayo de esperanza que ilumina también nuestra propia historia de resiliencia y fe.
“Mi relación con la UIC comenzó, como ocurre con muchos, de forma casi casual. Fui invitado a colaborar en la Comisión de Administración, sin imaginar que esa experiencia marcaría un antes y un después en mi vida comunitaria. A medida que fui participando, descubrí que esta institución tiene un alma que trasciende a quienes la dirigen. Detrás de cada decisión, de cada proyecto, hay décadas de historia, de compromiso y de fe.
“Comprendí que la UIC no es solo una organización: es una misión compartida. Ser parte de ella no significa solo colaborar en su gestión, significa asumir la responsabilidad de continuar una obra que comenzó mucho antes que nosotros, y que debe seguir mucho después.
“No puedo estar en este podio sin pensar en lo que esta comunidad significó para quienes llegaron a Venezuela escapando del hambre, de la guerra y de la persecución. Llegaron con miedo, pero también con esperanza. Y encontraron aquí un país seguro, donde pudieron volver a rezar, estudiar, criar a sus hijos y vivir como judíos libres.
“Y eso también es una gran parte de nuestra celebración: Venezuela. No estaríamos hoy aquí si este país no nos hubiera dado la oportunidad. Un país que nos acogió cuando más lo necesitábamos. Un país lleno de gente buena, amable, alegre, sin malicia. Un país lleno de oportunidades, donde millones de inmigrantes llegaron para trabajar, para criar a sus familias y para reconstruir sus vidas.
“Pero nuestra historia en Venezuela no es solo nuestra. La vida judía en el país crecía, y junto con nuestra comunidad hermana, la Asociación Israelita de Venezuela, emprendimos el gran proyecto de integración comunitaria. Así nació, en 1974, nuestro centro comunitario Hebraica.
“Esa misma visión inspiró en 1984 la creación del Sistema Educativo Comunitario, y años después, en 2003, del Vaad Hakehilot, donde la Unión y la Asociación comparten la gestión de nuestras responsabilidades comunes. La cooperación interinstitucional ha sido, y sigue siendo, una de las mayores fortalezas de nuestra comunidad. La relación entre la UIC y la AIV, junto a nuestras instituciones hijas, el Sistema Educativo Comunitario, Hebraica y Beit Avot, refleja un modelo de trabajo conjunto que trasciende diferencias y multiplica resultados.
“En una comunidad más pequeña y más madura, el reto es administrar con inteligencia, innovar con prudencia y mantener vivo el entusiasmo por construir juntos. Porque el futuro no es una incógnita lejana; es una tarea presente”.
Tras estas palabras, el público disfrutó de un video, preparado por Nelson Hariton, con fragmentos de las entrevistas realizadas hace un cuarto de siglo a figuras esenciales de la historia de la UIC, quienes se refirieron a los valores y experiencias que crearon la que esta institución representa y ha significado para sus miembros y para toda la comunidad. Este video puede
Mario Nassí, docente de generaciones y referente de nuestra comunidad, hizo una profunda reflexión sobre los valores que han construido y deben seguir construyendo a nuestra kehilá.
“El pueblo judío siempre ha sido un pueblo irredento que no se ha conformado, no se ha quedado tranquilo. Am kashé órej, “pueblo de dura cerviz”. Si no, ¿cómo habríamos podido aguantar toda nuestra historia? Nuestra historia no es solo relatar de los llantos y los logros; ante las persecuciones elaboramos interiormente una serie de mecanismos de defensa y ofensivos para aguantar los embates. Somos un pueblo afianzado en su criterio, en su manera de pensar, en sus valores fundamentales. De lo contrario, no habríamos podido seguir existiendo. Como dijo David Ben Gurión sobre el Estado de Israel, teníamos que crearlo “para construir y construirnos”.
“La Unión Israelita de Caracas ha hecho lo mismo: construyó y nos construyó. Nos enseñó a no tener miedo de hablar de Israel, a ser judíos en toda la extensión de la palabra y de acuerdo a la elección de cada quién, sin imposiciones, sin discriminaciones, sin particularidades. Kehilá ortodoxa, sí, pero a nadie se le discriminó por ser más o menos ortodoxo. Los principios sí, pero para las interpretaciones hay libertad individual y no coerción, separación o segregación; eso es lo más importante. Eso fue lo que aprendí aquí en la Unión Israelita.
“A diferencia de otras comunidades, aquí no hemos tenido disidencias que hayan podido separarnos y malponernos unos a los otros. Esa es la irreverencia de esta institución, apoyada por directivos de la Asociación Israelita de Venezuela, como Gonzalo Benaím Pinto, como Abraham Levy, como Moisés Garzón. Eso le dio a la comunidad vigor, valor, contundencia, amplitud y unidad. Por eso, no caigamos en particularismos y separatismos, en pensar que la causa de cualquiera de nosotros es mejor que la otra, o que es más importante para la conservación del judaísmo o de nuestra continuidad; todas son importantes, pero todas juntas, no debilitando una a la otra, y no execrando a una de la otra. Hagamos todo lo posible para que la juventud continúe por este camino”.
El cierre musical del acto contó con la participación del cantante y cuatrista César Gómez, acompañado del baterista Antonio de Vincenzo y el bajista Gerardo Chacón, bajo la coordinación del maestro Harold Vargas. Se interpretaron temas de música venezolana, desde la llanera tradicional hasta la “Onda Nueva”. En la imagen, César Gómez interpretando un fragmento de Alma Llanera junto a Pedro Stern, en español y hebreo
La niña Ilana Eger emocionó al público cantando en hebreo, mientras que niños de tercero y cuarto grado del Colegio Moral y Luces Herzl-Bialik entonaron el Hatikva junto a Pedro Stern al inicio del evento
Joseph Benhamú, solista invitado, interpretó canciones israelíes
En el Museo Kern de la UIC está abierta la exposición “75 años de legado de la Unión Israelita de Caracas”, con fotografías, documentos y testimonios sobre los tres cuartos de siglo de la institución.
Redacción NMI.
Fotos: José Esparragoza y NMI.