Han trascurrido 81 años de la “liberación” del campo de exterminio más dantesco de que se tenga noticia, donde alrededor de un millón cien mil personas fueron asesinadas en las cámaras de gas, de las cuales un millón eras judías.
Aquel 27 de enero de 1945, el Ejército Rojo llego a dichas instalaciones, abandonadas por los nazis días antes, siendo que por circunstancias del destino el primer soldado en entrar al campo fue el oficial judío Anatoli Shapiro, quien expresó: “El hedor que se respiraba era insoportable por más de 5 minutos”. Imagínense el horror de los que fueron trasportados en trenes de ganado para aquel tenebroso lugar, sin retorno para la inmensa mayoría.
A pesar del tiempo trascurrido, todavía quedan alrededor de 196 mil sobrevivientes de la Shoá en diferentes partes del mundo, la mayoría en Israel, testimonios vivos de la desolación humana en una época histórica oscura, cuando, por paradójico que parezca, florecían desde principios de siglo la cultura y la poesía en Alemania.
Uno pensaría, en sana lógica, que después de lo acontecido en el Holocausto-Shoá, en el que seis millones de personas fueron asesinadas por el solo hecho de ser judías —incluso muchas por tener ancestros judíos—, que la humanidad toda habría aprendido la lección de que los discursos y propagandas repetidas ad nauseam cargadas de odio y prejuicios, tanto viejos como nuevos, contra una comunidad, un pueblo o una nación, pueden causar, como en efecto han causado a través de historia, una catástrofe de consecuencias inconmensurables como sucedió en la llamada “barbarie civilizada”, derivada de la gestión burocrática planificada, vinculada con una ideología legitimadora, a lo cual Hannah Arendt denominó “la banalidad del mal”.
Esta nueva versión de la solución final tendrá el mismo fin que tuvieron todos los imperios que trataron de eliminar al pueblo judío, que hoy en día con Israel a la vanguardia se encuentra más firme, sólido y unido que nunca, siguiendo la tradición de la fuerza y valentía del “León de Judá”
Lamentablemente la sana lógica no solo no funcionó, sino que la judeofobia entró en una nueva dimensión, esta vez bajo la mascarada del llamado antisionismo, que tiene como premisa esencial la demonización, deslegitimación y por último la destrucción del moderno Estado de Israel.
Ahora, los judeófobos dicen que ellos no odian a los judíos —con frecuencia dicen tener amigos judíos—, pero cuando se les menciona a Israel se les brotan los ojos y se les ensancha la vena yugular. Aun cuando ya sabemos que toda esta nueva etapa del antisemitismo disfrazada de antisionismo era una patraña, una falsedad, la misma una vez más ha quedado al descubierto después del 7 de octubre de 2023, cuando a pesar de la masacre sufrida por el pueblo judío en Israel, en manos de terroristas palestinos, gran parte del mundo apoyó a los criminales y persiguió a los judíos, en universidades, restaurantes, pasajeros de aviones, en las calles, plazas, en fin, ha sido una especie de Ku Klux Klan con el ropaje de la defensa de los derechos humanos.
La nueva fase del antisemitismo es la digital, en la que con un clic cientos de millones de personas (entre las cuales las más vulnerables, los jóvenes) son educadas con una imagen, un video o una expresión con contenido cargado de tergiversaciones, mentiras o prejuicios que, como siempre, apuntan al chivo expiatorio perfecto, aquel que “asesinó a Jesús”, que se llevó a niños de un pueblito para usarlos en rituales religiosos, que en las sombras conspiraba para apoderarse del mundo según la falsificación panfletaria denominada Los Protocolos de los Sabios de Sión, o aquel que ha cometido un “genocidio”, una “limpieza étnica” contra el pueblo palestino… el cual en menos de un siglo ha crecido de pocos cientos de miles a más de cinco millones de personas.
En fin, este flagelo, este virus tiene tantas caras que se van turnando, disfrazando, adaptando o modernizando, pero siempre con un solo objetivo: “el judío”, bien sea como individuo o como nación.
La llamada “Intifada Global” es la puesta en escena de una nueva “solución final”. Quienes la promueven sueñan con destruir al Estado de Israel con el slogan From the river to the sea Palestine will be free, pero realmente no les interesan para nada los palestinos, o lo que les pase a los iraníes con la masacre en curso, o los cristianos en Nigeria.
Esta nueva versión de la solución final tendrá el mismo fin que tuvieron todos los imperios que trataron de eliminar al pueblo judío, que hoy en día con Israel a la vanguardia se encuentra más firme, sólido y unido que nunca, siguiendo la tradición de la fuerza y valentía del “León de Judá”.
Quiero cerrar este artículo con una declaración del padre del oficial israelí Ran Gvili, último cuerpo rescatado de Gaza, caído en combate el 7 de octubre de 2023, que refleja en su más pura forma el espíritu judío, cuando dijo: “Ran estaba de vacaciones de su servicio en la policía, porque tenía una fractura en el hombro, y estaba esperando para ser operado; pero cuando escuchó lo que estaba pasando aquel 7 de octubre, no dudó en ir a defender a su gente, que se encontraba en la fiesta Nova o en los kibutzim aledaños. Testigos cuentan que logró neutralizar a muchos terroristas, salvando incontables vidas antes de ser abatido”.Kol Israel arevim ze la ze, “Todo Israel (el pueblo judío) es responsable como un solo cuerpo del uno por el otro”.