Algunos podrían considerarlo como el inicio de una nueva era de competencia internacional en el Cuerno de África, pero el verdadero problema es que podría parecer más un tablero de ajedrez estratégico de lo que es en realidad
Seth J. Frantzman*
Tras el reconocimiento de Somalilandia por parte de Israel, se ha debatido mucho sobre por qué se lleva a cabo ahora y con qué fin.
Dado que Somalilandia está situada en el Cuerno de África, con vecinos como Etiopía y Yibuti, el reconocimiento israelí genera, sobre todo, inquietud en relación con lo que se encuentra cerca: el Golfo de Adén y el Mar Rojo.
El estrecho de Bab al-Mandeb separa estas dos masas de agua. Este es un cuello de botella económico para el trasporte marítimo que se dirige del Mediterráneo al Océano Índico. Por ello, se considera una zona comercial de vital importancia mundial.
Los hutíes, respaldados por Irán, han aterrorizado al trasporte marítimo durante los últimos años en esta zona. Afirman hacerlo debido a la guerra en Gaza. Además, desde hace décadas, piratas somalíes atacaban rutinariamente barcos frente a las costas de África Oriental.
Somalíes festejan la noticia de que Israel se convirtió en el primer país en reconocer formalmente la autoproclamada República de Somalilandia como un Estado independiente y soberano, en Mogadiscio, Somalia, el 27 de diciembre
(Foto: Reuters)
Esta zona está ahora en el punto de mira tras el reconocimiento de Somalilandia por parte de Israel. Algunos podrían interpretar esta medida como el inicio de una nueva era de competencia internacional en esta parte de África. Muchos países ya participan. Turquía, por ejemplo, ha estado vinculado a Somalia y Sudán. Emiratos Árabes Unidos invirtió en un puerto en Somalilandia. Las potencias europeas tienen bases y fuerzas en Yibuti.
Sin embargo, muchos de los Estados de la región son débiles, o tienen conflictos internos. Sudán lleva años sumido en una guerra civil. Somalia se desintegró como país a principios de la década de 1990, lo que obligó a una intervención internacional que alcanzó su punto álgido con el incidente de la caída del “Halcón Negro” en 1993, en el que murieron fuerzas estadounidenses. Eritrea ha sido durante mucho tiempo un país del Tercer Mundo que sufre. Etiopía también ha sufrido disturbios internos.
Al otro lado del mar, en Yemén, el país también ha estado sumido en una guerra civil durante años. Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos intervinieron en 2015 para impedir que los hutíes tomaran el control de Adén. El país ha estado dividido durante gran parte del último siglo en Yemén del Norte y Yemén del Sur. Egipto intervino en la década de 1960, y Yemén vuelve a estar dividido hoy entre el Consejo de Transición del Sur, respaldado por los Emiratos, y el gobierno yemení respaldado por Arabia Saudí.
Muchos analistas consideran la medida de Israel como estratégica. Aparentemente, coloca a Israel y a los Emiratos de un lado, compartiendo intereses en esta región. Mientras tanto, Estados como Turquía se sitúan en el otro bando.
Sin embargo, nada es tan simple. Arabia Saudita y los Emiratos han llegado a un acuerdo sobre Yemén. Es poco probable que Egipto esté a favor de cambios en el Cuerno de África, y ya está profundamente preocupado por la creciente presencia de las Fuerzas de Apoyo Rápido en Sudán y por una nueva presa en Egipto. Catar y muchos otros países se oponen a la decisión de Israel.
Los problemas en el Cuerno de África parecen girar principalmente en torno a cuestiones estratégicas. Si bien es cierto que contar con fuerzas navales o activos militares en esta zona parece importante, los ataques hutíes a buques han demostrado que con drones y misiles relativamente simples y económicos se puede aterrorizar al trasporte marítimo. Los piratas somalíes solían secuestrar barcos abrumándolos con simples lanchas y rifles automáticos AK-47.
El Cuerno de África es pobre en recursos, y hay una buena razón por la que muchos de sus países son Estados débiles. Por lo tanto, desde una perspectiva estratégica general, el reconocimiento israelí puede ser menor que la suma de sus partes en esta región.
Es cierto que muchos países tienen intereses en esta zona, como Francia y Estados Unidos, Turquía e Irán, los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita. Sin embargo, estos intereses hasta ahora se han traducido en una participación limitada. Hay peces más grandes que pescar, como la mayoría de los países ya saben.
*Corresponsal sénior sobre temas del Medio Oriente y analista de The Jerusalem Post.
Fuente: The Jerusalem Post.
Traducción Sami Rozenbaum, Nuevo Mundo Israelita.