A 30 años de su asesinato, se acaban de difundir audios con sus reflexiones
Los audios de archivo arrojan luz sobre la estrategia dual de este combatiente y pacificador, que sigue siendo sorprendentemente relevante hoy en día
Stav Levaton*
Grabaciones del exprimer ministro Itzjak Rabin, publicadas por el Ministerio de Defensa el domingo para conmemorar el 30 aniversario de su asesinato, revelan la preocupación del líder, que pasó de combatiente a defensor de la paz, por la constante amenaza que la inestabilidad y la agitación representaban para Israel, incluso mientras el país implementaba estrategias a largo plazo para estabilizar su posición en la región.
Los comentarios de hace casi 50 años del dos veces primer ministro, cuyos innovadores esfuerzos de paz fueron truncados por la bala de un asesino el 4 de noviembre de 1995, demuestran que el exgeneral del ejército fue visionario al anticipar los desafíos que Israel ha seguido enfrentando desde entonces. Hablando décadas antes del ataque de Hamás contra el sur de Israel el 7 de octubre de 2023 —que sacudió la región hasta sus cimientos y redefinió la dinámica de poder en el Medio Oriente—, las declaraciones de Rabin resultan sorprendentemente relevantes ahora que Jerusalén busca restablecer la estabilidad en un entorno militar y diplomático radicalmente trasformado.
El entonces ministro de Defensa, Itzjak Rabin, durante una entrevista ofrecida el 18 de mayo de 1989
(Foto: AP)
“En general, el Estado de Israel ha vivido, vive y seguirá viviendo en dos ámbitos paralelos: uno que requiere planificación, previsión y evaluación de los acontecimientos a corto, medio y largo plazo, y otro, un segundo ámbito de acontecimientos inesperados”, afirmó Rabin en una conferencia de noviembre de 1976, durante su primer mandato como primer ministro, incluida entre los archivos de audio recientemente publicados. “La capacidad de vivir simultáneamente, con una visión a largo plazo —la necesidad de prepararse, planificar y actuar— y, al mismo tiempo, estar preparados para todo tipo de convulsiones que siempre han caracterizado al Medio Oriente Medio, ha sido y seguirá siendo una de sus principales características”.
En otras grabaciones, incluyendo varios discursos dirigidos al Estado Mayor de las FDI durante las décadas de 1960 y 1970, Rabin recalcaba repetidamente la importancia de perseguir una visión estratégica y política a largo plazo, incluso mientras se mantenía una constante preparación para crisis imprevistas.
En un discurso ofrecido a oficiales militares en 1977, enfatizaba el desafío de guiar a Israel entre el poderío militar y la destreza diplomática. “Israel sin fuerza no existirá”, se le oye decir, antes de añadir que el país debería “pasar de priorizar el conflicto armado a las oportunidades de negociación”.
Nacido en Jerusalén en 1922, Rabin ascendió en las filas del Palmaj y las Fuerzas de Defensa de Israel, comandando las FDI durante la Guerra de los Seis Días de 1967 y posteriormente desempeñándose como embajador de Israel en Washington. Ocupó el cargo de primer ministro por primera vez entre 1974 y 1977, sucediendo a Golda Meir tras la Guerra de Yom Kipur, en la que fuerzas egipcias y sirias lanzaron un ataque sorpresa contra un Israel excesivamente confiado.
Retomó la jefatura del gobierno en 1992, y fue el artífice de los Acuerdos de Oslo de 1993 con los palestinos. Este proceso propició, por primera vez, el reconocimiento mutuo y un marco para el autogobierno. Al año siguiente compartió el Premio Nobel de la Paz con Shimón Péres, entonces ministro de Asuntos Exteriores de Israel, y el líder palestino Yasser Arafat.
Sin embargo, los mismos esfuerzos por la paz que le granjearon reconocimiento internacional fracturaron la política interna de Israel. El 4 de noviembre de 1995, Rabin fue asesinado por un extremista judío de ultraderecha durante una manifestación por la paz en Tel Aviv, acontecimiento que sigue siendo uno de los traumas nacionales más profundos de la historia de Israel. Su asesinato marcó una ruptura y una advertencia sobre la fragilidad del equilibrio entre seguridad, ideología y diplomacia.
Rabin y Shimón Péres se dirigen a una sala de votación en Tel Aviv el 22 de abril de 1974, antes de que el Comité Central del Partido Laborista eligiera a Rabin para formar un nuevo gobierno
(Foto: AP)
La insistencia de Rabin en mantener “dos vías paralelas” —planificar a largo plazo y, al mismo tiempo, estar preparado para reveses imprevistos— podría reflejar la nueva comprensión que Israel tenía de su papel en la región tras la Guerra de Yom Kipur. Israel se vio sorprendido por la percepción de que Egipto y Siria carecían de la voluntad o la capacidad para lanzar un ataque de esa magnitud tras las cuantiosas pérdidas sufridas en la Guerra de los Seis Días, seis años antes. Algunos analistas consideran que los fracasos de Israel el 7 de octubre de 2023 fueron producto de la misma falta de visión por parte de la cúpula militar y política del país.
Mientras Israel, Estados Unidos y sus socios multilaterales buscan reconfigurar Gaza y el Medio Oriente, tras dos años de guerra que parecen estar llegando a su fin, no está claro hasta qué punto Jerusalén ha intentado planificar para lo inesperado, como parecía aconsejar Rabin. A corto plazo, ha adoptado un enfoque cauto en sus esfuerzos por poner fin a los combates tanto en Gaza como en el Líbano, y las FDI han continuado ejecutando operaciones limitadas y ajustando su postura defensiva para disuadir nuevas amenazas.
Sin embargo, los críticos afirman que su dependencia de un único aliado principal —Estados Unidos— lo deja vulnerable a un desastroso aislamiento global si la situación geopolítica se torna desfavorable.
Rabin consideraba indispensable la alianza de Israel con Washington, tanto en el ámbito militar como en el diplomático. “Sin un entendimiento estratégico con Estados Unidos, no se pueden alcanzar tres de los objetivos y, por consiguiente, el cuarto”, declaró en el discurso de 1976, refiriéndose a sus cuatro objetivos rectores en la consolidación de la paz: priorizar las negociaciones sobre la confrontación, mantener la fortaleza militar, asegurar una asistencia exterior sostenida y llevar a cabo todo ello en un contexto de relativa calma.
Casi cinco décadas después, la dependencia de Israel de Estados Unidos sigue siendo un pilar fundamental de su política exterior y de defensa. Tanto la administración Biden como la de Trump desempeñaron un papel clave en la mediación de las negociaciones de alto el fuego durante los dos últimos años de conflicto. La administración Trump negoció el acuerdo más reciente —y potencialmente duradero—, a la vez que supervisa el mecanismo multinacional de monitoreo que garantiza su cumplimiento.
Sin embargo, ante los crecientes rumores de que decisiones clave sobre el futuro de la Franja de Gaza se toman en Washington, el primer ministro Benjamín Netanyahu ha insistido en que Israel es un Estado soberano que toma sus propias decisiones en materia de seguridad nacional.
El debate interno en Israel sobre cuánta autonomía deberían poseer sus representantes dentro de ese marco liderado por Estados Unidos —equilibrando la soberanía con la dependencia estratégica— refleja el reconocimiento de Rabin de que las alianzas externas no son necesariamente una limitación, sino más bien un pilar de la resiliencia de Israel.
El presidente estadounidense Bill Clinton junto al primer ministro Itzjak Rabin y al líder de la OLP, Yasser Arafat, quienes se dan la mano en el Salón Este de la Casa Blanca el 28 de septiembre de 1995. El presidente egipcio Hosni Mubarak observa detrás de Arafat
(Foto: AP)
En una grabación de sus palabras de despedida al final de su primer mandato como primer ministro, Rabin advirtió sobre la expectativa de resultados inmediatos de la diplomacia. “La negociación como objetivo central no significa lograr la paz, sino cambiar la prioridad de la confrontación militar a la posibilidad de entablar negociaciones”, afirmó.
En otras palabras, Rabin consideraba la negociación no como una garantía de paz inmediata, sino como un medio para replantear las prioridades, pasando del conflicto directo a un enfoque estructurado y gradual para la resolución de disputas.
Esa perspectiva pragmática se refleja en el plan de 20 puntos de la administración Trump para Gaza, que plantea un enfoque gradual para la desescalada y la gestión del conflicto. El plan hace hincapié en medidas escalonadas, como el intercambio de rehenes, las retiradas parciales, la verificación coordinada y los acuerdos de seguridad progresivos.
Si bien Trump declaró que su plan equivale al amanecer de una paz en el Medio Oriente esquiva durante milenios, las palabras de Rabin, y el propio plan, muestran una comprensión más matizada del trabajo necesario antes de que tal logro sea siquiera concebible. Al dividir el proceso en pasos manejables y verificables, el plan refleja el principio de Rabin de que la estabilidad duradera se logra de forma gradual —mediante una planificación cuidadosa, una supervisión constante y expectativas realistas—, en lugar de mediante declaraciones grandilocuentes.
*Reportera del área militar en The Times of Israel.
Fuente: The Times of Israel.
Traducción Sami Rozenbaum, Nuevo Mundo Israelita.