Viernes 06 de Marzo de 2026
    • @NMISRAELITA
    • @NMISRAELITA
    • @MUNDOISRAELITA
    logo_nmilogo_nmilogo_nmilogo_nmi
    Suscríbete
    a nuestro boletín
    • INICIO
    • DOSSIER
    • KEHILÁ
      • Kehilá
      • Shivá
    • LEER PARA CREER
    • OPINIÓN
      • Perspectivas
    • VIDA RELIGIOSA
    • ISRAEL/DIÁSPORA
    • NOTICIAS
    • OBITUARIOS
    • SALUTACIONES
    • AGENDA COMUNITARIA
    • ESPECIALES
    • GASTRONOMÍA
    • EDICIONES IMPRESAS
    • QUIÉNES SOMOS
      • Quiénes somos
      • Nuestra Historia
      • Contacto
    ✕
    Isaac-Benjamin nuestros
    Discurso de Rosh Hashaná del presidente de la AIV y el Vaad Hakehilot, Isaac Benjamín
    10 octubre, 2025
    Plaza-de-los rehenes 11-10-2025-AFP
    “Gran salvación, gran súplica”, por Elías Farache
    13 octubre, 2025

    Perspectivas

    Israel ha ganado mucho más que una guerra

    Published by Yossi Bentolila on 10 octubre, 2025
    Categories
    • 2190
    • Destacados
    • Destacados Anteriores
    • Perspectivas
    Tags
    • 7 de octubre
    • Gaza
    • Hamás
    • Ilan Eichner
    • Rehenes israelíes

    Esta guerra trasformó no solo las fronteras, sino también la arquitectura moral del Medio Oriente. Y el resultado no fue la expansión territorial de Israel, sino algo más grande: la recuperación de la convicción de que el pueblo judío nunca más permitirá que el miedo se apodere de su vida

    Ilan Eichner*

    Mientras el mundo espera el anuncio oficial que marque el fin de la guerra en Gaza y el regreso de los rehenes, Israel se encuentra en una encrucijada decisiva. Una vez más, bajo el honorable mando de las Fuerzas de Defensa de Israel, la nación ha prevalecido en una guerra que nunca eligió, y cuyo resultado redefine la legitimidad moral y estratégica de su propia existencia. Esta conclusión, aún pendiente de confirmación formal, representa la culminación de un esfuerzo que alteró para siempre el destino del pueblo judío y del Medio Oriente.

    Han pasado dos años y dos días desde aquella oscura mañana del 7 de octubre, cuando los asesinos de Hamás cruzaron a Israel con la crueldad deliberada de quienes buscan no solo asesinar, sino destrozar el espíritu de una nación. Desde entonces, cada amanecer ha llevado consigo el recuerdo de ese horror, y cada acto del Estado de Israel ha sido una renovada afirmación de su derecho más fundamental: el derecho a existir.

    Celebrando-en-Tel-Aviv-AP supervivencia

    Celebrando el anuncio en las calles de Tel Aviv
    (Foto: AP)

    Nada ha sido sencillo desde aquel amanecer sangriento. Israel no solo se defendía a sí mismo; defendía su alma colectiva de la aniquilación. Sus enemigos, los emisarios del Islam militante que aún sueñan con borrar a Israel del mapa, buscaban no solo su destrucción física, sino también su colapso moral. El precio fue alto, pero el resultado fue el contrario: el renacimiento de una nación orgullosa y honorable que encuentra seguridad en la adversidad.

    Durante dos años implacables, Israel luchó y desmanteló una organización que ya no existe como fuerza militar, aunque su ideología venenosa aún persista. Gaza yace hoy en ruinas, no como un premio de conquista, sino como prueba innegable de la derrota del fanatismo islamista.

    Los perversos líderes de Hamás, Yahya Sinwar, Ismail Haniye y Mohamed Deif, adoradores de la muerte y enemigos de la civilización, murieron como vivieron: miserables traficantes de odio, responsables de una masacre que deshonró a la humanidad. Hassan Nasrala, el nihilista moral de Hezbolá, corrió la misma suerte, sellando el fin de la era en que las milicias armadas dictaban la agenda de la región. Las milicias hutíes de Yemen fueron aplastadas, e Irán, la dictadura teocrática que los financiaba a todos, quedó reducido a un cascarón vacío, con solo palabras incendiarias y un sueño nuclear fallido.

    La trasformación que ahora recorre la región es política y estructural. Por primera vez en generaciones, gran parte del mundo árabe ya no ve a Israel como una amenaza, sino como un ancla de estabilidad

    Militarmente, los resultados son indiscutibles. La infraestructura terrorista y los túneles de Gaza quedaron prácticamente destruidos. La inteligencia israelí alcanzó una precisión sin precedentes; la operación que eliminó a cientos de terroristas simultáneamente mediante sus propios buscapersonas y walkie-talkies será estudiada como una de las hazañas tecnológicas más asombrosas del siglo XXI. La amenaza nuclear iraní ya no es inmediata, y la red logística de los hutíes ha sido desmantelada.

    Incluso Catar, el Estado que patrocinaba el terrorismo y que intentó ocultar su complicidad tras una máscara diplomática, entendió el mensaje cuando Israel atacó sus instalaciones estratégicas, demostrando que no existe un santuario seguro para el terrorismo. Rafah, otrora el último bastión del extremismo, se convirtió en el símbolo de su extinción.

    Esta guerra trasformó no solo las fronteras, sino también la arquitectura moral del Medio Oriente. Y el resultado no fue la expansión territorial de Israel, sino algo más grande: la recuperación de la convicción de que el pueblo judío nunca más permitirá que el miedo se apodere de su vida.

    Las multitudes que manifiestan en Occidente en nombre de la justicia social han abandonado la justicia moral, incapaces de comprender que defender la libertad a veces requiere de la fuerza. Mientras el Medio Oriente aprende que la coexistencia depende de la supervivencia de Israel, las universidades europeas y estadounidenses parecen decididas a olvidar lo que la civilización le debe al pueblo judío

    La trasformación que ahora recorre la región es política y estructural. Por primera vez en generaciones, gran parte del mundo árabe ya no ve a Israel como una amenaza, sino como un ancla de estabilidad. Egipto, Arabia Saudita, Bahréin, Marruecos y los Emiratos Árabes Unidos continúan profundizando su cooperación a través de los Acuerdos de Abraham, mientras que en Beirut y Damasco se inician conversaciones cautelosas que antes habrían sido impensables.

    El colapso del régimen de Assad fue solo un síntoma visible de un cambio más profundo. El fanatismo, al menos en esta región, ha dejado de ser rentable. La retórica del odio se resquebraja. En su lugar emerge una idea frágil pero real: un sentido de supervivencia compartida. Nadie lo dice en voz alta, pero todos lo entienden: la seguridad de Israel se ha convertido en el prerrequisito para la estabilidad de la región.

    Irónicamente, en Occidente ocurre lo contrario. Una generación de autoproclamados activistas ha confundido la fragilidad emocional con el pensamiento crítico, construyendo una moralidad vacía, incapaz de distinguir entre víctimas y verdugos. Envueltos en un relativismo que convierte la cobardía en empatía, estos nuevos árbitros de la virtud borran la historia, encubren el terrorismo y, de forma repugnante, llaman resistencia al asesinato. Tras el lenguaje blando del humanismo inclusivo se esconde una cruda verdad: la única violencia que excusan es la cometida contra los judíos.

    Celebracion-en-Plaza-de-los-Secuestrados-Jana-Beris supervivencia

    Festejos en la llamada “Plaza de los Secuestrados” de Tel Aviv
    (Foto: Ana Jerozolimski)

    Esas mismas multitudes, en nombre de la justicia social, han abandonado la justicia moral, incapaces de comprender que defender la libertad a veces requiere de la fuerza. Mientras el Medio Oriente aprende que la coexistencia depende de la supervivencia de Israel, las universidades europeas y estadounidenses parecen decididas a olvidar lo que la civilización le debe al pueblo judío.

    El acuerdo para devolver a los rehenes a casa no surgió de la nada. Es el resultado lógico de una serie de decisiones que combinaron poder militar con paciencia diplomática. Que no haya confusión: Hamás no aceptó voluntariamente; se rindió. Ha sido aplastado en todos los frentes. Desprovisto de aliados, aislado de Irán, abandonado por Hezbolá y traicionado discretamente por Catar, Hamás aceptó los términos por puro agotamiento. La yijad fue un negocio lucrativo hasta que dejó de serlo.

    Las naciones árabes se dieron cuenta de que prolongar la guerra significaba financiar su propia ruina. Contribuyeron a su fin. Donald Trump, quien se espera anuncie el acuerdo y ya se rumora que podría ser candidato al Premio Nobel de la Paz, será recordado como el mediador visible de una negociación cuyo verdadero motor fue Israel. El mundo observó cómo Netanyahu visitaba la Casa Blanca una y otra vez.

    Sin embargo, el costo fue enorme. Miles de soldados regresan con heridas visibles, y otras que tardarán años en sanar. Cientos de familias lloran a sus muertos, y los judíos de todo el mundo lloran con ellos. Israel sabe que el precio de la supervivencia se mide no solo en vidas perdidas, sino también en vidas interrumpidas, y esa comprensión otorga a su victoria no solo legitimidad, sino también dignidad

    Dentro de Israel, se produjo un cambio profundo. Las divisiones políticas se suspendieron, si bien no se eliminaron, por la urgencia de la defensa común. La unidad, tan a menudo invocada y rara vez lograda, se hizo tangible. El pueblo judío recordó quién es y lo demostró con acciones. Recuperó la confianza, el sentido de propósito y la resiliencia. Soportó el dolor con dignidad, mientras la autodenominada comunidad internacional confundía a menudo la neutralidad con la apatía moral.

    Y para bien o para mal, habibi, ein c’mo Bibi. Benjamín Netanyahu, a quien la historia y quizá los tribunales algún día juzgarán con más serenidad que los titulares, soportó una presión interna y externa sin precedentes. Se negó a detener la ofensiva antes de cumplir tres objetivos esenciales: destruir la capacidad militar de Hamás, traer a los rehenes a casa, y restablecer la disuasión contra Irán y sus aliados. Su decisión de continuar las operaciones en Rafah, Jan Yunis y el sur del Líbano a pesar de la presión externa fue el punto de inflexión. Israel actuó según su propio calendario, no el de nadie más, y esa independencia, duramente criticada en su momento, resultó ser la clave del éxito.

    Sin embargo, el costo fue enorme. Miles de soldados regresan con heridas visibles, y otras que tardarán años en sanar. Cientos de familias lloran a sus muertos, y los judíos de todo el mundo lloran con ellos. En Israel, los niños del sur aprendieron demasiado pronto a reconocer el sonido de las sirenas, mientras que en el norte muchos crecieron lejos de casa. Israel sabe que el precio de la supervivencia se mide no solo en vidas perdidas, sino también en vidas interrumpidas, y esa comprensión otorga a su victoria no solo legitimidad, sino también dignidad.

    La victoria de Israel no puede borrar la tragedia ni compensar el costo. Pero hay guerras que no se pueden evitar, guerras en las que rendirse significaría aceptar la injusticia como destino. Israel no eligió esta guerra; fue elegido por ella. Las Fuerzas de Defensa de Israel cumplieron su misión y, al hacerlo, aseguraron la continuidad del pueblo judío para las generaciones venideras

    Ahora el futuro plantea nuevas preguntas. Gaza debe ser gobernada por un modelo que impida el retorno del terror y construya un liderazgo civil responsable. Queda por ver si esa promesa se cumple. Lo que está claro es que la Autoridad Palestina, desacreditada y agotada, ya no es una opción viable. Incluso los propios gazatíes están empezando a alzar la voz contra la tiranía que los gobierna. La retórica del odio no ha desaparecido, pero está perdiendo fuerza.

    Dentro de Israel, el debate sobre la soberanía en Judea y Samaria vuelve a ser central. Lo que antes era una cuestión ideológica es ahora un asunto de seguridad estructural. Asegurar el control sobre esas regiones ya no es expansionismo; es defensa en profundidad. Los movimientos en Cisjordania durante estos dos años no fueron conquistas de territorio, sino conquistas de certeza. Israel emerge no como un ocupante, sino como el custodio de su continuidad histórica.

    La victoria más dulce de todas será el regreso de los rehenes, previsto para la festividad de Simjat Torá, la misma en la que fueron secuestrados. Ese día será un símbolo del triunfo de la vida sobre la muerte. Las calles se llenarán de lágrimas y bailes, de abrazos que no necesitan palabras. No será una celebración de poder, sino de supervivencia. Israel volverá a bailar, no porque haya conquistado, sino porque resistió.

    Los exrehenes Omer Shem Tov y Amit Sousanna se abrazan al conocer que se llegó a un acuerdo para el retorno de quienes permanecen secuestrados en Gaza
    (Foto: Reuters)

    Y sin embargo, una verdad permanece: nadie gana realmente una guerra. La victoria de Israel no puede borrar la tragedia ni compensar el costo. Pero hay guerras que no se pueden evitar, guerras en las que rendirse significaría aceptar la injusticia como destino. Israel no eligió esta guerra; fue elegido por ella. El pueblo judío luchó por deber. Las Fuerzas de Defensa de Israel cumplieron su misión y, al hacerlo, aseguraron la continuidad del pueblo judío para las generaciones venideras.

    Hoy, el Medio Oriente despierta a una nueva luz. Los tiranos se esconden, los terroristas callan y las naciones redescubren que la paz con Israel no es una concesión, sino una oportunidad. El Estado judío se alza fortalecido por la esperanza que encarna. Ha recordado al mundo que la libertad no es negociable, que la dignidad no se puede delegar y que la vida, incluso después del horror, sigue siendo la forma más alta de resistencia. Nadie gana realmente una guerra, pero Israel cumplió su misión y, al hacerlo, restauró el orden moral del mundo.

    *Profesor de Derecho, activista sionista y escritor, especializado en la dinámica geopolítica del Medio Oriente.
    Fuente: The Times of Israel.
    Traducción Sami Rozenbaum, Nuevo Mundo Israelita.

    Share
    0
    Yossi Bentolila
    Yossi Bentolila

    Related posts

    Bandera-irani-ensangrentada-Washington-Stand pacientes
    6 marzo, 2026

    Los horrores de la represión en Irán en testimonios de médicos y enfermeras


    Read more

    Deja un comentario Cancelar la respuesta

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    Portal informativo de la comunidad judia de venezuela

    © Copyright Nuevo Mundo Israelita 2023 Rif - J-30613878-1 - Powered by

        Todos los viernes recibirá los artículos
        publicados durante la semana


        X