Rabino Eitan Weisman*
En el último sábado del año antes de Rosh Hashaná leímos parashat Nitzavim. Esta parashá comienza con estos versículos: “Todos ustedes se encuentran hoy firmes ante Hashem, su Elokim, los jefes de sus tribus, los ancianos, los oficiales – todos los hombres de Israel. Los niños, las mujeres… incluso el leñador y el aguatero”.
Según la Cabalá, cuando las escrituras sagradas mencionan la palabra Hayom, que es “Hoy”, se refiere al día de Rosh Hashaná. Con esta interpretación, la Torá nos indica en estos versículos que en Rosh Hashaná el pueblo completo se enfrenta ante un juicio celestial.
¿Por qué los versículos detallan “jefes, ancianos, oficiales”, si después dice “todos los hombres de Israel”? Al decir “todos”, los incluye a todos. Pero después sigue, y detalla “Los niños, las mujeres … incluso el leñador y el aguatero”. ¿Para qué?
El rabino Desler, en su libro Mijtav MeEliyáhu, escribe que, si bien ambos días de Rosh Hashaná son días de juicio, en realidad son diferentes. En el primer día cada persona es juzgada de manera privada, mientras que en el segundo día es juzgada como parte de su comunidad y de todo el pueblo.
Es por eso que en los versículos antes citados nos habla de dos formas distintas. La forma que Rosh Hashaná es un día de juicio personal, que se refiere a “jefes, ancianos, oficiales, los niños, las mujeres… incluso el leñador y el aguatero”. Y después hay el juicio en el que todo Am Israel va junto, como esta escrito “todos los hombres de Israel”.
¿Cuál es la diferencia?
En el primer día, el ser humano depende solo de sus actos. Se comparan sus acciones positivas con las negativas. Cada acción cuenta igual. Si fue una persona con más acciones negativas, malo para él…
Pero en el segundo día la cuenta es diferente. No se miden solo sus actos personales, sino se ve la necesidad de esta persona para la sociedad en la que vive, sea su comunidad, su país y su pueblo. Puede ser que cometió más errores, pero en su trabajo como profesional no hay otros como él para ayudar a los demás. Quiere decir que esta persona es vital para la sociedad, y se le va a juzgar positivamente. Por eso, sería bueno que cada uno pensara en qué puede destacar para su ambiente, su salón en el colegio, su lugar de trabajo, etc. Qué tiene él para aportar a los demás que los otros no tienen. Si logra algo de esto, podría asegurar ser juzgado a su favor.
Hay otra diferencia. En el primer día, cuando nos juzgan de manera privada, solo dependemos de nosotros mismos; no podemos ser apoyados por otros. Si tenemos un amigo justo con muchos méritos y puntos a favor, no lo podemos aprovechar; sus méritos cuentan solo para él, y nosotros dependemos de los nuestros. En el segundo día es otra historia: el juicio en grupal. Allí sí me puedo apoyar en otros; allí los méritos de mis familiares, amigos o cualquier otra persona de mi pueblo pueden contar a mi favor.
Es mucho más conveniente ser juzgado como parte de Am Israel. A lo mejor yo no merezco privadamente ser atendido, ¡pero si formo parte de Am Israel tal vez sí!
Así, podemos entender la importancia de ser parte de una comunidad y formar parte activamente de nuestro pueblo.
El Midrash relata la historia de un padre que estaba junto a sus hijos justo antes de morir. Le dio a cada uno de ellos una caña, y les pidió que las rompieran; los hijos lo lograron sin ninguna dificultad. Después unió un grupo de cañas y los retó a que lo volvieran a intentar; esta vez ninguno de los hijos logró romperlas. La moraleja es muy clara: separados serán vencidos, pero juntos triunfarán.
Mientras estemos unidos por y para nuestra comunidad, y cada miembro sienta su compromiso y amor por nuestra kehilá, podemos tener la confianza de que Dios nos inscribirá en el libro de la vida buena
Es así que los integrantes del pueblo judío, cuando están unidos, no solo son más fuertes e invencibles físicamente, sino que ante los ojos de Dios son justos y perdonados.
El profeta nos habla sobre una mujer, Shunamit, que siempre alojaba al profeta Elisha en su casa cada vez que visitaba su ciudad. Y nos cuenta la Biblia lo que ocurrió un día en que Elisha estaba en la ciudad y quiso demostrarle su agradecimiento a la mujer, diciéndole: “He aquí que te has afanado por nosotros con todo este esmero. ¿Qué se puede hacer por ti? ¿Acaso hace falta hablar por ti al rey o al jefe del ejército?”
Como vimos antes, en la Cabalá se explica que Elisha se estaba comprometiendo a representarla personalmente en su juicio frente a Dios, rey de reyes y jefe de todos los ejércitos. ¿Quién no hubiese aprovechando semejante oferta del profeta? Pero la respuesta de Shunamit fue simple y contundente: “Yo habito en medio de mi pueblo”.
La mujer no quería presentarse sola en su juicio ante Dios, ni siquiera con un abogado de la enorme talla del profeta Elisha. Ella sabía que si se presentaba como parte del pueblo de Israel estaría más protegida.
Mientras estemos unidos por y para nuestra comunidad, y cada miembro sienta su compromiso y amor por nuestra kehilá, podemos tener la confianza de que Dios nos inscribirá en el libro de חיים טובים, de la vida buena.
¡Shaná Tová!
*Rabino de la Unión Israelita de Caracas.