Elad Zafrani
Si usted vive en Israel, o está visitando Israel, estos últimos días no puede sentir otra cosa más que la tensión en el aire, la tensión de todo un país ante lo llamado “el acuerdo de rehenes”.
Un nombre engañoso al 100%, porque para que fuera un acuerdo de rehenes real los rehenes deberían ser eso: rehenes, pero en realidad son secuestrados, porque como he dicho antes y en cada oportunidad: ¿En qué mundo un bebé de 9 meses es un rehén de guerra?
Lamentablemente, aquel niño de 9 meses sigue secuestrado, hoy cumple 2 años. Feliz cumpleaños, Kfir Bibas.
Entonces podríamos llamarle a tal acuerdo “acuerdo de secuestrados”, lo cual tampoco seria 100% correcto, puesto que no solamente son secuestrados, también son violados, violadas, mutilados, mutiladas, asesinados, asesinadas, torturados y torturadas física y mentalmente.
Entonces ¿cómo se debería llamar este “acuerdo”, este “negocio” con Hamás?
Hay que llamarlo como es en verdad: un pacto con el diablo.
Un mar de terroristas de Hamás rodea a la rehén Doron Steinbrecher, secuestrada durante la masacre del 7 de octubre de 2023, mientras la entregan a miembros del Comité Internacional de la Cruz Roja
(Foto: Reuters)
Israel no tiene del otro lado de este acuerdo alguien más que al mismo diablo., un grupo terrorista que se regocija, baila, canta y reparte dulces cuando ha asesinado a un israelí, sin importar quién sea, qué ha hecho o qué edad tiene, desde un bebé de una semana a una anciana de más de 80 años. Si hay muerte del lado israelí, ellos están felices.
Incluso están felices también por su propia muerte: Hamás es un grupo terrorista ultrarreligioso que vive bajo la creencia que ser shahid (mártir) es lo mejor que le puede pasar a alguien; ser shahid es morir en el acto de matar a alguien que tiene diferentes creencias.
Al ser shahid y morir matando, uno entra directo al paraíso, donde lo esperan 72 mujeres vírgenes. En resumen, es vivir una vida completa de terrorismo, vivir para matar y morir matando para llegar al paraíso, y cumplir todas sus fantasías perversas.
Cuando un soldado israelí muere en batalla, todo el país está triste; nadie deja de hablar de lo bueno que era, de qué tipo de hijo era, de qué clase de amigo, de esposo, de padre. Se llora por la pérdida de una gran persona que murió protegiendo al país.
Cuando un terrorista de Hamás muere, sin importar la razón o las consecuencias, todo el mundo en Gaza está feliz: ¡Ha muerto como shahid!
En las escuelas de Israel se estudia cómo ayudar al próximo, cómo hacer descubrimientos físicos o tecnológicos para mejorar el mundo. En la escuela de lo que llaman “Palestina” se estudia cómo odiar a Israel y cómo hay que erradicarlo.
La diferencia entre Israel y Hamás es como la diferencia entre la luz y la oscuridad, entre el bien y el mal. La misma diferencia entre un pueblo que a veces muere para vivir, y otro que vive para matar.
Cuando un soldado israelí muere en batalla, todo el país está triste; nadie deja de hablar de lo bueno que era, de qué tipo de hijo era, de qué clase de amigo, de esposo, de padre. Cuando un terrorista de Hamás muere, sin importar la razón o las consecuencias, todo el mundo en Gaza está feliz: ¡Ha muerto como shahid!
A Hamás no le importa en realidad la cantidad de muertos que hay de su lado, lo único que le importa es sobrevivir para intentar hacer un nuevo 7 de octubre en el futuro. A Israel le duele cada uno y uno de sus muertos en el centro del corazón.
Desde que se dio a conocer que las negociaciones estaban avanzando y que Israel tendría un pacto con el diablo, de ambos lados la gente salió a la calle a protestar y hacer escuchar su voz.
Del lado israelí salieron a protestar tanto los que están a favor como los que están en contra. Los que están a favor quieren ver mañana a los secuestrados en sus casas para poder rehabilitar la sociedad y tratar de volver a una vida normal, segura y tranquila en el futuro. Los que están en contra creen que para ver a los secuestrados en casa hay que utilizar otra estrategia: que Hamás no vuelva a ser lo que era el 6 de octubre del 2023, para asegurarse de que el pueblo de Israel pueda vivir seguro y tranquilo en su país.
Ambos grupos quieren lo mismo: a los secuestrados en casa y una vida segura y tranquila.
Del lado palestino salieron a protestar, a disparar, a repartir dulces y a recordarnos que no están protestando porque termina la guerra y regresarán a sus casas. No están felices porque termine la guerra y la vida pueda regresar a su normalidad. No por eso, sino por lo que ellos ven como lo más importante: sobrevivir esta vez, fortalecerse y realizar un nuevo 7 de octubre.
Y esa es la gran diferencia entre un Israel que muere para vivir y “Palestina”, que vive para matar. Y es la diferencia entre un “acuerdo de rehenes” y un pacto con el diablo.
Fuente: Enlace Judío (México).
Versión NMI.