El diccionario define el término “pacotilla” como de baja calidad, sin valor, de pura apariencia; y así fue el episodio de la llamada “Flotilla Sumud”, tanto por sus propósitos como por sus personajes.
Comenzó como un sainete, siguió de mal en peor y terminó dando un espectáculo bochornoso, exprimiendo sus minutos de fama con diferentes narrativas que, como toda patraña, no concuerdan en los relatos y enredos de unos y otros; pero eso sí, difundiendo sus creaciones tragicómicas al máximo, e insertando nuevos detalles imaginarios de su propia inventiva que se acumulan en esta farsa.
Esta flotilla fue un fraude, pues una de sus excusas fue llevar ayuda humanitaria; no obstante, no llevaron ni una lata de leche maternizada ni un vendaje, nada de nada. Incluso, a los mismos flotilleros se les acabó la comida y llegaron a Israel con hambre. En realidad, todo se trató de unos embaucadores en busca de promocionarse, de “autopropaganda”, y provocar a Israel, un país atacado por grupos terroristas palestinos, tales como Hamás y Yijad Islámica.
(Fuente: redes sociales)
El grupo de españoles que el domingo 5 de octubre llegó de regreso a su país, tan solo dos días después de que la armada israelí interceptara los barcos que intentaban romper el bloqueo de Gaza y arrestara a sus militantes, afirmaron, entre una serie de obvios engaños, que los golpearon. Sin embargo, a ninguno se le vio herido ni con moretones; de hecho, las organizaciones de asistencia legal y determinados abogados españoles han asegurado que no hay ningún herido, que todos están en buenas condiciones.
También alegaron que les negaron asistencia consular, lo cual fue abierta y categóricamente desmentido por el propio cónsul español, Fernando López de Castro, quien estuvo desde el primer momento esperando la llegada de los flotilleros al puerto de Ashdod; y muy rápidamente gestionó el pago por parte de España de los pasajes en avión con los cuales estos militantes pudieron regresar a su país. Con la misma mala intención, otro flotillero se quejó de que les habían negado asistencia médica, lo cual es falso y está a la vista con un incidente: en la prisión de Ktsiot, una española mordió a una doctora israelí luego de que esta le realizara un examen médico.
Un asunto más evidencia lo fraudulento de la flotilla: según informó la organización no gubernamental ACOM, en Gaza se encontraron un par de documentos que exponen que esa flotilla fue sufragada por el propio grupo terrorista Hamás a través de la PCPA, siglas en inglés de “Conferencia Palestina para los Palestinos en el Extranjero”. Se trata de un órgano representativo de Hamás en el exterior; su función es movilizar manifestaciones violentas en contra de Israel y organizar flotillas de provocación. Esos escritos no dejan dudas de la clara relación entre los terroristas de Hamás y los líderes de la flotilla; no se trata de activismo, sino de una operación coordinada para desplegar propaganda y causar más problemas al Estado de Israel. También se muestra que Hamás es propietario de los barcos a través de empresas de fachada.
Recordamos que, en la parada que hicieron en Túnez, Greta Thunberg afirmó que el barco en el que ella viajaba fue alcanzado por un dron; sin embargo, las autoridades tunecinas confirmaron que no detectaron actividad de drones en la zona; lo cierto es que uno de los flotilleros lanzó una bengala que cayó en el propio barco, causando un pequeño incendio. Otro episodio irónico fue que los 479 flotilleros arrojaron sus celulares y laptops al mar sin importarles la contaminación que estaban causando, pese a la presencia de la “ecologista” Greta Thunberg.
Todo lo ocurrido en Israel fue grabado, las pruebas existen, por lo que ya es tiempo de que el gobierno israelí demande a estos calumniadores de oficio, acostumbrados a emitir difamaciones contra Israel y/o el pueblo judío sin mayores consecuencias
Un flotillero turco, Ersin Celik, tuvo la desfachatez de mentir: “Arrastraron por el pelo a la pequeña Greta ante nuestros ojos, la golpearon, y la obligaron a besar la bandera israelí. Le hicieron todo lo imaginable, como advertencia para los demás”. El periodista italiano Lorenzo Agostino dio una versión diferente acerca del supuesto maltrato a Greta Thunberg: “La humillaron, la envolvieron en una bandera israelí y la exhibieron como un trofeo”. No obstante, la ecologista se quejó de su celda pequeña, del colchón vencido, de los chinches, de falta de agua y comida, pero nada más. Para comprobar la realidad basta ver el video de las cámaras corporales de los policías, pues todos los arrestos fueron grabados.
La flotilla también sirvió para lanzar al estrellato a decadentes personajillos como Ana Alcalde, quien desde el mar era la figura que comentaba a los medios de comunicación el devenir de su excursión. Por supuesto, a la llamada “Barbie Gaza” no le faltaron expresiones antisemitas, y sobre todo negaciones de los brutales crímenes cometidos por los terroristas palestinos en el sur de Israel el 7 de octubre de 2023. Ya de regreso en Madrid, la señora Alcalde repitió su particular versión en todos los programas de radio y televisión en los que se presentó, tal como un Joseph Goebbels, aquel de “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”, pero en femenino, de inteligencia reducida y de estos tiempos; así forjó sus reseñas, asegurando que no hubo israelíes violadas el nefasto 7 de octubre de 2023, pese a las arduas investigaciones forenses que lo prueban.
Todo lo ocurrido en Israel fue grabado, las pruebas existen, por lo que ya es tiempo de que el gobierno israelí demande a estos calumniadores de oficio, acostumbrados a emitir difamaciones contra Israel y/o el pueblo judío sin mayores consecuencias; por el contrario, consiguen réditos para vivir del cuento. Con algunos procesos judiciales que saquen a la luz pública la realidad de estos sucesos, cabe la posibilidad que los mentirosos antisemitas escarmienten.