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    Estos tiempos turbulentos para el pueblo judío son una oportunidad para estar más unidos

    Published by Yossi Bentolila on 18 abril, 2025
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    • Judíos de la diáspora

    El editor de opinión de The Jerusalem Post comparte las realidades del periodismo y cómo se siente ser un periodista israelí y judío durante una guerra

    David Jablinowitz*

    En general, Israel es el lugar ideal para celebrar Pésaj, y especialmente para la Noche del Séder. Pésaj es un tiempo de redención que simboliza el retorno de los judíos a su patria.

    Pero al igual que el año pasado, con la llegada de la Fiesta de la Libertad, este proceso de redención está cargado de dolor.

    La libertad no está completa: la guerra en Gaza continúa y los rehenes siguen cautivos a manos de terroristas de Hamás, tan cerca, pero tan lejos de casa.

    A título personal, recientemente regresé a Israel de una gira por varias ciudades de Norteamérica, sobre todo en la Costa Oeste, donde hablé con el público sobre nuestra situación aquí, así como sobre los desafíos que ellos enfrentan en la diáspora. El público era diverso: ortodoxos, conservadores, reformistas y no judíos, aunque representaban solo una pequeña muestra de las muchas comunidades de Estados Unidos y Canadá. Han enfrentado sus propios desafíos, incluso mientras nosotros en Israel lidiamos con el estrés y el trauma diarios de la guerra, el lento y tortuoso regreso de rehenes vivos y muertos, y los continuos ataques con misiles, mientras tantas personas  siguen desplazadas de sus hogares.

    Manifestación a favor de Israel de la comunidad judía de Montreal, en febrero de 2024
    (Foto: Reuters)

    Crecí en la ciudad de Nueva York antes de mudarme a Israel al terminar la universidad, y he regresado a Estados Unidos muchas veces, así que no soy ajeno a ese terreno. Pero los tiempos ciertamente han cambiado.

    Esta vez, en medio de la guerra, fue particularmente estresante. Hablé con un público que quería escuchar, y yo quería compartir, cómo es la vida en el Estado judío para mí como israelí, como periodista y como ser humano. Incluso mientras comenzaba mis presentaciones, los ataques con misiles de los hutíes desde Yemen contra Israel continuaban. Mis familiares, junto con muchos otros israelíes, se vieron obligados a buscar refugio en habitaciones seguras o en cualquier otro lugar que pudieran encontrar.

    Mi familia en Israel me mantenía al tanto. Uno de mis hijos me contó que sonó una sirena mientras viajaba al trabajo en tren. Como resultado de un ataque con misiles y una intercepción, varios fragmentos cayeron a un par de cuadras de mi casa.

    Cuando me presenté ante el público en lugares como Columbia Británica (Canadá) y California y les conté estas experiencias, movían con la cabeza con incredulidad. Capté toda su atención, incluso en una sinagoga un viernes por la noche, cuando es común ver a la gente cabeceando.

    A la vez escuché sus experiencias en la diáspora: una sinagoga atacada con bombas incendiarias; carteles con las fotos de los rehenes, arrancados; guardias de seguridad apostados en lugares de culto judíos. En una sinagoga me dijeron que, si no había ningún guardia, se necesitaba conocer un código para entrar. La empatía mutua fue intensa, independientemente de la afiliación religiosa de mi público. Querían conocer las historias tras los titulares. Les expliqué el significado de las frases hechas que escuchan en los medios internacionales, y lo que realmente significan para quienes vivimos en Israel. Hablamos de historia y contexto.

    Un rabino reformista me dijo que, a pesar de los tiempos tumultuosos en Estados Unidos, le preocupa la situación en Israel. Un rabino conservador quería saber más sobre lo que implica redactar la dosis diaria de artículos de opinión durante una guerra, y dijo que comprendía lo delicado e intenso que debía ser.

    “A la vez escuché sus experiencias en la diáspora: una sinagoga atacada con bombas incendiarias; carteles con las fotos de los rehenes, arrancados; guardias de seguridad apostados en lugares de culto judíos. En una sinagoga me dijeron que, si no había ningún guardia, se necesitaba conocer un código para entrar”

    Otro rabino ortodoxo quedó fascinado con la historia que le conté sobre mi madre, quien rompió a llorar hace muchos años durante la primera visita de nuestra familia a Israel, cuando aún vivíamos en Nueva York. Estábamos en el Monte de los Olivos en Jerusalén. Ella miró hacia el Monte del Templo y, con la voz entrecortada por la emoción, declaró que haríamos aliá. Una estudiante universitaria me dijo que no sabía cómo refutar las reiteradas acusaciones en su campus de supuesto apartheid y genocidio israelí. Hablamos sobre cómo responder.

    Por otra parte, un sobreviviente del Holocausto me dijo que era «increíble» escuchar mi presentación sobre la situación actual en Israel; el comentario me conmovió profundamente. En otra charla, alguien me dijo que no podría dormir después de escuchar mis palabras; la situación parecía desesperada, dijo.

    También me enfrenté a algunas preguntas y declaraciones desafiantes del público. Una mujer preguntó: «¿Por qué no podemos dejar atrás las experiencias negativas de los anteriores esfuerzos de paz e intentarlo de nuevo?». Un hombre afirmó: «No importa lo peligrosa que sea la situación en Gaza para Israel, no se puede esperar que dos millones de palestinos se vayan».

    Las numerosas controversias de Israel

    En los diversos eventos, también discutimos las divisiones y controversias en Israel: que el primer ministro Benjamín Netanyahu ha estado en el cargo demasiado tiempo, las acusaciones de que sus asesores están ayudando a Catar, y la historia detrás de la reforma judicial. Mi público, que deseaba mantener conversaciones abiertas y honestas conmigo, expresó que Israel está en el lado correcto de la historia en este conflicto, pero que eso no significa que seamos un país sin problemas internos.

    Como antídoto a las controversias, hablé sobre mis publicaciones en redes sociales que reflejan la vida cotidiana en Israel: el cuidado de los demás, la gestión personal de las crisis, el desafío de la salud mental, y los esfuerzos de voluntariado que se han desarrollado durante la guerra.

    Entre las personas no judías que conocí durante mi visita se encontraban Patricia Heaton y Elizabeth Dorros. Viajé desde la Costa Oeste a Nashville, Tennessee, para reunirme con ellas y dirigirme a la Federación Judía del Gran Nashville.

    Heaton, una aclamada actriz conocida por su papel de Debra Barone en la comedia Todos aman a Raymond, cofundó la Coalición del 7 de Octubre con Dorros para combatir el antisemitismo y alzar la voz a favor de Israel.

    Me llevaron a un estudio de Nashville donde reservistas de las Fuerzas de Defensa de Israel graban música como parte de un proyecto terapéutico organizado por ellas. Su objetivo es ayudar a los soldados israelíes a expresar las emociones derivadas de sus experiencias del servicio militar y la atmósfera posterior al 7 de octubre.

    Experiencia terapéutica

    Esta gira por Norteamérica fue terapéutica para mí, pues me permitió un respiro de la rutina diaria de la cobertura periodística de la guerra. Si bien mi público expresó su agradecimiento por la información que compartí, yo agradecí la solidaridad que a su vez me mostraron.

    Justo antes del final del viaje viví un incidente desafortunado, aunque incluso en este caso hubo un rayo de esperanza. Mientras esperaba un vuelo en el aeropuerto de Seattle, fui a una de las tiendas cerca de mi puerta de embarque para comprar una barra de chocolate. Mientras pagaba, un hombre que había entrado y había visto mi kipá me dijo «Palestina libre», a lo que le respondí «de Hamás». El cajero le ordenó al hombre que saliera de la tienda. Hombre: «Pero estoy comprando algo». Cajero: «No quiero su compra. Todos deben sentirse seguros aquí. Si no se va lo denunciaré». Se fue.

    Ese último acto del viaje fue muy simbólico. Incluyó la retórica que enfrentan los judíos y otros partidarios de Israel en estos tiempos difíciles. Sin embargo, también demostró que hay quienes están dispuestos a hacerle frente.

    Al celebrar la Pascua judía, este consuelo nos da la esperanza de que esta pueda ser realmente una fiesta de redención y libertad.

    *Editor de opinión de The Jerusalem Post.
    Fuente: The Jerusalem Post.
    Traducción Sami Rozenbaum / Nuevo Mundo Israelita.

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    Yossi Bentolila
    Yossi Bentolila

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