Hacia el 28 de diciembre de 2025, en varias ciudades iraníes estallaron las protestas cuyo detonante fue la grave situación económica: alta inflación, caída del valor adquisitivo de la moneda y aumento del costo de vida.
Inicialmente, los comerciantes del Bazar de Teherán cerraron sus tiendas y salieron a las calles. Con el trascurso de los días, estas manifestaciones se incrementaron con rapidez y se trasformaron de tensiones económicas a tensos reclamos contra el régimen de los ayatolás, en especial contra el líder supremo Alí Jamenei, máxima autoridad política y religiosa, exigiendo imperiosos cambios. Se fueron produciendo gigantescas concentraciones en la mayoría de las ciudades del país; para este mes de enero, las protestas se convirtieron en las mayores oleadas de descontento contra la República Islámica desde sus inicios en 1979.
Un manifestante en Irán se envuelve en la bandera anterior a la República Islámica
(Foto: perfil.com)
La represión fue brutal. Miles de iraníes han sido asesinados por el régimen islámico, y lo que alcanzamos a ver es solo una fracción de la realidad. No conocemos las cifras ni aproximadas, pues van desde 20.000 hasta más de 80.000, y es probable que esos cálculos se queden aterradoramente cortos. Pese al ingente número de iraníes asesinados, la población, con notable valentía y desarmada, se enfrenta a una de las dictaduras más violentas y fuertemente dotadas. Están siendo golpeados, abusados sexualmente, encarcelados, cegados y decapitados por exigir libertades básicas. De hecho, las órdenes de Jamenei a las fuerzas de seguridad del régimen iraní, entre ellas la tenebrosa Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), las Fuerzas policiales Faraja y la milicia Basij, fue de disparar a matar, con el propósito de sofocar los disturbios a nivel nacional por cualquier método.
A pesar de los cortes de Internet y de telefonía, numerosos ciudadanos pudieron evadir las restricciones y el mundo logró observar cantidades de fotografías y videos, sobre todo de jovencitos con sus rostros sonrientes en otros tiempos, sus nombres, sus historias de vida, las cuales fueron truncadas con brutalidad y, principalmente, silenciadas sin cámaras ni justicia. Hay videos de adolescentes obligados a confesar falsas acusaciones, para luego ser ejecutados. Hay hospitales convertidos en campos de exterminio; se sabe del feroz asalto a un hospital donde las fuerzas de seguridad utilizaron balas y gases lacrimógenos contra pacientes y personal médico. Miles se desangran en sus hogares, pues, horrorizados, se niegan a buscar ayuda en los hospitales donde pueden ser arrestados o masacrados.
Hay hospitales convertidos en campos de exterminio; se sabe del feroz asalto a un hospital donde las fuerzas de seguridad utilizaron balas y gases lacrimógenos contra pacientes y personal médico
En años anteriores hubo objetivos importantes; así, en 2009, las demostraciones del Movimiento Verde se fundamentaron en la fraudulenta elección de Ahmadineyad. A finales de 2017 fueron por la crisis económica, desempleo y corrupción; fue la primera vez que repitieron consignas contra el régimen clerical. En noviembre de 2019, por la abrupta subida de la gasolina; dejando un saldo de centenares de muertos. Entre junio y noviembre de 2021, los brotes surgieron por la escasez de agua y la inflación. En septiembre de 2022, tras el asesinato de Mahsa Amini bajo custodia de la “policía de la moral”, las manifestaciones se propagaron por todo el país, lideradas por mujeres. Sin embargo, las protestas del presente y las represiones tienen una escala mucho mayor, una magnitud sin precedentes.
Tras la amenaza del presidente estadounidense Donald Trump, los mulás chiítas ofrecieron no ejecutar a los manifestantes; no obstante, han recurrido a ejecuciones sumarias de los detenidos, disparándoles a quemarropa, torturándolos hasta la muerte o negándoles atención médica, para luego asegurar que “murieron durante las protestas”; así, pretenden borrar las pruebas de que el régimen está ejecutando personas tras su captura. Se trata de un esfuerzo sistemático para eliminar toda disidencia, retornar a la “normalidad” de la tiranía bajo el devoto terror, y reescribir una falsa historia sobre la verdadera revolución libertaria que está ocurriendo en estos días.