Conocido por sus imaginativos diseños, cambió de nombre por sugerencia de su primera esposa, quien afirmaba que el antisemitismo podría estar frenando su carrera
Frank Gehry con la maqueta del Museo Judío Mundial de Tel Aviv, obra aún no construida que diseñó por encargo de una fundación privada.
El estilo de Gehry se inscribe en el llamado deconstructivismo
(Foto: Jewish Journal)
Frank Gehry, diseñador de algunos de los edificios más imaginativos jamás construidos, y quien alcanzó un reconocimiento mundial rara vez alcanzado por un arquitecto, ha fallecido a los 96 años.
Gehry murió el viernes 5 de diciembre en su casa de Santa Mónica, California, tras una breve enfermedad respiratoria, según informó Meaghan Lloyd, jefa de personal de Gehry Partners LLP.
La fascinación de Gehry por el arte pop moderno lo llevó a crear edificios distintivos e impactantes. Entre sus numerosas obras maestras se encuentran el Museo Guggenheim de Bilbao, España; el Walt Disney Concert Hall de Los Ángeles, California, y el edificio del DZ Bank de Berlín. También diseñó una ampliación de la sede de Facebook en el norte de California por insistencia del director ejecutivo de la compañía, Mark Zuckerberg.
Gehry fue galardonado con todos los premios importantes de la arquitectura, incluyendo el máximo galardón del sector, el Premio Pritzker, por lo que se ha descrito como una obra «refrescantemente original y totalmente estadounidense».
Otros galardones incluyen la medalla de oro del Royal Institute of British Architects, el premio a la trayectoria de Americans for the Arts, y la máxima distinción de su país natal, la de Compañero de la Orden de Canadá.
Tras obtener su título en Arquitectura por la Universidad del Sur de California en 1954 y servir en el ejército, Gehry estudió Urbanismo en la Universidad de Harvard.
Pero su carrera tuvo un comienzo lento. Durante años luchaba para llegar a fin de mes, diseñando proyectos de vivienda pública, centros comerciales, e incluso conduciendo un camión de reparto durante un tiempo.
Finalmente, tuvo la oportunidad de diseñar un moderno centro comercial con vista al muelle de Santa Mónica. Estaba decidido a no arriesgarse, y elaboró planos para un mall cerrado similar a otros que había en Estados Unidos en la década de 1980. Para celebrar su finalización, el promotor del centro comercial visitó la casa de Gehry y quedó atónito con lo que vio: el arquitecto había trasformado un modesto bungalow de la década de 1920 en una ingeniosa residencia, remodelándolo con cercas de alambre, madera a la vista y chapa ondulada.
El Museo Guggenheim de Bilbao, España (1987), primera de las grandes obras museísticas de Gehry, marcó un hito en la arquitectura mundial y revitalizó a esa ciudad vasca
(Foto: Guggenheim Bilbao)
Al preguntarle por qué no había propuesto algo similar para el centro comercial, Gehry respondió: «Porque tengo que ganarme la vida». Si realmente quería destacar como arquitecto, le dijeron, debía dejar esa actitud y seguir su visión creativa.
Gehry haría precisamente eso durante el resto de su vida, trabajando hasta los 90 años para crear edificios que también son impresionantes obras de arte.
A medida que su fama crecía, Gehry Partners LLP, el estudio de arquitectura que fundó en 1962, creció con él, llegando a incluir más de 130 empleados. Pero a pesar de su gran crecimiento, Gehry insistió en supervisar personalmente cada proyecto que emprendía. La sede de InterActiveCorp, conocida como Edificio IAC, adoptó la forma de una reluciente colmena cuando se terminó de construir en el distrito Chelsea de Nueva York en 2007. El edificio New York By Gehry, de 76 plantas y que en su día fue una de las estructuras residenciales más altas del mundo, se incorporó de forma impactante al horizonte del Bajo Manhattan cuando se inauguró en 2011. Ese mismo año, Gehry se incorporó al profesorado de su alma máter, la Universidad del Sur de California, como profesor de arquitectura. También impartió clases en las universidades de Yale y Columbia.
No todos admiraban la obra de Gehry. Algunos detractores la despreciaban, considerándola poco más que gigantescas y desequilibradas reencarnaciones de las pequeñas ciudades de chatarra que, según él, dedicaba horas a construir durante su infancia en el pueblo minero de Timmins, Ontario.
El crítico de arte de Princeton, Hal Foster, desestimó muchos de sus proyectos posteriores como «opresivos», argumentando que fueron diseñados principalmente como atracciones turísticas. Algunos denunciaron el Disney Hall por parecer una colección de cajas de cartón abandonadas bajo la lluvia.
“Hay una curiosidad inherente a la cultura judía. Crecí bajo esa influencia. Mi abuelo me leía el Talmud. Probablemente esa es una de las cosas judías a las que me aferro: esa filosofía de esa religión que está separada de Dios. Es más efímera. Crecí con esa curiosidad, la llamo una curiosidad sana. Quizá sea algo que la religión ha producido. No lo sé. Sin duda, es algo positivo”
Frank Gehry
Otros críticos, entre ellos la familia de Dwight D. Eisenhower, se opusieron a la audaz propuesta de Gehry de construir un monumento en honor al 34º presidente de la nación. Aunque la familia afirmó que quería un monumento sencillo y no el que Gehry había propuesto, con sus múltiples estatuas y ondulantes tapices metálicos que representaban la vida de Eisenhower, el arquitecto se negó a modificar significativamente su diseño.
Si las palabras de sus críticos molestaban a Gehry, rara vez lo demostraba. De hecho, a veces incluso les seguía la corriente. Apareció como él mismo en un episodio de 2005 de la serie de dibujos animados «Los Simpson», en el que aceptó diseñar una sala de conciertos que posteriormente se convirtió en prisión. En ese episodio se le ocurría la idea del diseño, que se parecía mucho al Disney Hall, después de arrugar la carta que le había dirigido Marge Simpson y tirarla al suelo. Tras echarle un vistazo, declaró: «¡Frank Gehry, lo has vuelto a hacer!».
«Algunos creen que realmente lo hago así», declararía más tarde a AP.
Gehry recurría con frecuencia al motivo del pez, incluyendo dos grandes esculturas de peces en el World Trade Center de Nueva York y en el paseo marítimo de Barcelona. Algunos relacionaban el motivo del pez con sus recuerdos de las visitas semanales de su abuela judía a la pescadería para preparar el Shabat. «Lo poníamos en la bañera», contó Gehry, según el New York Times. “Yo jugaba con ese pez un día entero, hasta que ella lo mataba y hacía gefilte fish”.
Maqueta del Museo Judío Mundial diseñado por Gehry por encargo de la Fundación Asper, que se construiría entre el Parque Hayarkón y el mar Mediterráneo en Tel Aviv, y sería un hito del desarrollo del norte de la metrópoli. El objetivo era inaugurarlo en 2023 para el 75 aniversario de Israel y convertirlo en un ícono cultural que destacara los logros del Judaísmo, pero el proyecto ha enfrentado problemas de financiamiento
(Foto: Gehry Partners LLP)
Ephraim Owen Goldberg nació en Toronto el 28 de febrero de 1929, hijo de judíos polacos, y se mudó a Los Ángeles con su familia en 1947, donde finalmente se nacionalizó estadounidense. De adulto cambió su apellido por sugerencia de su primera esposa, quien le dijo que el antisemitismo podría estar frenando su carrera. Más tarde comentó que no volvería a tomar esa decisión.
Gehry comenzó a identificarse como ateo poco después de su Bar Mitzvá. Pero en 2018, mientras trabajaba en el proyecto para un Museo Judío Mundial a construirse en Tel Aviv, declaró al Jewish Journal que, a pesar de todo, el judaísmo había influido en su carrera. “Hay una curiosidad inherente a la cultura judía. Crecí bajo esa influencia. Mi abuelo me leía el Talmud. Probablemente esa es una de las cosas judías a las que me aferro: esa filosofía de esa religión que está separada de Dios. Es más efímera. Crecí con esa curiosidad, la llamo una curiosidad sana. Quizá sea algo que la religión ha producido. No lo sé. Sin duda, es algo positivo.
Aunque de niño disfrutaba dibujando y construyendo maquetas de ciudades, Gehry dijo que no fue hasta los 20 años que consideró la posibilidad de dedicarse a la arquitectura, después de que un profesor de cerámica en la universidad reconociera su talento. «Fue como la primera cosa en mi vida en la que me fue bien», dijo.
El Walt Disney Concert Hall (2003) es la sede de la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles
(Foto: AP)
Sin embargo, Gehry negaba rotundamente ser un artista. «Sí, los arquitectos en el pasado han sido tanto escultores como arquitectos», declaró en una entrevista de 2006 con The Associated Press. «Pero sigo pensando que estoy haciendo edificios, y eso es diferente a lo que ellos hacen». Sus palabras reflejaban una timidez que perduró toda su vida, y una inseguridad que lo caracterizó mucho después de ser declarado el mejor arquitecto de su época. «Estoy totalmente asombrado de haber llegado hasta donde estoy», dijo a la AP en 2001. «Ahora luce como algo inevitable, pero en aquel momento parecía muy problemático».
Se espera que el Museo Guggenheim de Abu Dhabi, diseñado por Gehry y propuesto inicialmente en 2006, se complete finalmente en 2026 tras una serie de retrasos en su construcción y trabajo esporádico. La estructura de 2787 metros cuadrados será el Guggenheim más grande del mundo, y dejará un legado perdurable en la capital de los Emiratos Árabes Unidos.
Le sobreviven su esposa, Berta; su hija, Brina; sus hijos Alejandro y Samuel; y los edificios que creó. Otra hija, Leslie Gehry Brenner, falleció de cáncer en 2008.
Fuente: The Times of Israel.
Traducción Sami Rozenbaum, Nuevo Mundo Israelita.
“Durante mi Bar Mitzvá, la gente me pareció hipócrita”, contaba Gehry en una entrevista con el Jewish Journal. “Fue en una pequeña sinagoga de Toronto. Mi abuelo era el presidente de la congregación. Trabajé duro en el texto que tenía que estudiar y leer, y después empecé a conversar con algunos de los miembros de la congregación. No entendían de qué estaba hablando. Solo estaban allí por el schnapps (aguardiente) y la comida, y se fueron. Yo me dije: ‘Un momento’, y hablé con mi abuelo. Él estaba más interesado en los principios y el humanismo del judaísmo que en la religión”.
Aun así, Gehry consideraba el Talmud como una fuente importante de inspiración. «El Talmud comienza con la palabra ‘por qué'», explicaba. De hecho, en la maqueta del Museo Judío Mundial —proyecto aún no iniciado— que se encuentra en sus oficinas, la palabra Láma («por qué» en hebreo) está grabada en uno de los edificios.
Fuente: Jewish Journal (jewishjournal.com).
2 Comments
Maravillosa historia de este arquitecto mundial.
Muy buen día estimados editores de Nuevo Mundo Israelí,
Mi gratitud por este hermoso artículo sobre el extraordinario arquitecto Frank Gehry. Finalmente pude entender de cual universo cultural emergió su obra. Am Israel Jai!!!