Ante todo, en este momento y en este día sagrado quiero enviar nuestras condolencias a todas las familias de nuestros sagrados soldados que sacrificaron su vida en la guerra durante los últimos dos años, pedir y orar por el pronto regreso de los 48 secuestrados vivos y muertos que aún están en cautiverio, y por la Refuá Shelemá de todos los heridos.
El Talmud, en el Tratado Ketubot 112A, cuenta que el amoraíta Rabi Zeira iba de Babilonia a la Tierra de Israel. Llegó a la frontera, al Jordán, y no encontró un trasbordador que lo llevara a la tierra prometida. Rabi Zeira no esperó mucho, se montó sobre una cuerda que se extendía a ambos lados del Jordán, y así logró pasar de un lado a otro, un acto ciertamente muy peligroso para un hombre de la edad y el estatus de este rabino. El Talmud continúa y cuenta que en ese lugar había un saduceo que se burló de Rabi Zeira y le dijo: “Son un pueblo imprudente, que han adelantado la boca sobre los oídos, y veo que todavía actúan igual”.
El saduceo se refería a la famosa proclamación que dio Am Israel en Har Sinai antes de recibir los Diez Mandamientos, cuando dijo Naasé Venishmá, “haremos y escucharemos”. Am Israel se comprometió a cumplir los mandamientos aun antes de saber lo que estaría escrito en la Torá. Para aquel saduceo, este comportamiento era imprudencia, e igual se rió de la prisa del Rabi Zeira, quien, en lugar de esperar un rato a que llegara un trasbordador que lo llevara al otro lado de forma segura, saltó sobre la cuerda y cruzó de inmediato. Rabí Zeira le respondió al saduceo: «Al lugar al que ni Moshé y ni Aarón lograron llegar, ¿quién me garantiza que yo logre llegar?»
(Foto: depositphotos.com)
Otro caso con la misma crítica se relata en el Tratado Shabat 88A, que narra cuando un saduceo vio a Raba sentado, tan absorto en su estudio de la Torá que no se dio cuenta de que tenía los dedos aplastados bajo su pie hasta que sangraron. Asombrado, el saduceo se acercó a Raba y exclamó: “¡Qué gente tan imprudente! Tu actitud de estudiar la Torá hasta sangrar se debe a la misma imprudencia y falta de juicio, pues una persona con un comportamiento equilibrado se daría cuenta de que su concentración puede dañar su salud”. Raba le respondió con calma y serenidad: “Somos un pueblo que busca la perfección”.
Igual que Rabi Zeira y Raba fueron acusados de ser imprudentes, así todo Am Israel fue acusado a lo largo de la historia de ser un pueblo que actúa con imprudencia, sin pensar y sin tomar en cuenta los resultados que pueden tener sus acciones.
Acepto esta acusación y admito que así somos. Un pueblo imprudente. Pero un pueblo positivamente imprudente. Así califico, por ejemplo, la valiente decisión de Ben Gurión hace 77, años al proclamar el Estado de Israel contra todas las advertencias que recibió de que esa acción acabaría con el pequeño yishuv judío en la entonces llamada Palestina. Solo de esta manera puedo explicar cómo cientos de personas salieron en la mañana del 7 de octubre de 2023, muchas de ellas sin las armas necesarias, para proteger, cuidar y salvar a sus hermanos alrededor de Gaza. No tengo otro término para los hermanos Yisai y Noam Slutki, quienes salieron aquella mañana de sus casas en Beersheva y viajaron al kibutz Alumim solo con sus pistolas, mataron a muchos terroristas y salvaron a cientos personas, hasta que cayeron uno al lado del otro. Su padre, el rabino Shmuel Slutki, recibió sus cuerpos como jefe de la brigada del Rabinato Militar. Su sobrina, que nació después de la muerte de Yisai y Noam, fue llamada Amit, que significa hermandad, por ese valor que mostraron en su vida y en su muerte.
No tengo otro término para entender cómo actuaron los hermanos Eljanan y Menajem Kalmanzon, con su sobrino Eitiel Zohar, quienes dejaron ese mismo día a sus familias en Otniel y, sin que nadie los llamara, llegaron al kibutz Beerí, donde se ocuparon durante 16 horas en sacar de allí, muchas veces bajo fuego, a los habitantes del kibutz. En este día lograron salvar como a 100 personas, hasta que un terrorista escondido en una casa sorprendió a Eljanan y lo mató. Su hermano Menajem recibió en Yom Haatzmaut el Premio Israel, en el ámbito del renacimiento cívico y el heroísmo por sus actos.
Este comportamiento de Am Israel, desde su nacimiento hasta hoy en día, no es imprudencia en su significado negativo. Se trata de una actitud única, de un pueblo que sabe que su existencia no es normal ni lógica. Entiende que somos el pueblo elegido por Dios, y cuando queremos y necesitamos algo, especialmente cuando se trata de nuestra vida y seguridad, debemos demostrar nuestra confianza en nuestro padre y salvador, a veces en actuaciones que, a la mirada de otros, pueden ser vistas como imprudencia. Podemos y debemos actuar así por el sentimiento que describe el rey David en el salmo 27: “Hashem es mi luz y mi salvación. ¿A quién he de temer? Hashem es la fortaleza de mi existencia. ¿Qué me habrá de espantar?”. Si este sentimiento es nuestro punto de partida, no deberíamos sentir miedo ni desesperación por nada.
Así es también la actitud que debemos tener hoy en este día de Yom Kipur. Como todos los años, en este día tan especial y sagrado estamos aquí reunidos, al igual que todos los judíos en sinagogas alrededor del mundo. Nuestra meta es clara: aspiramos a ser inscritos y sellados en el libro de la vida digna, de la redención y de la salvación, de la manutención y el sustento, de los méritos y del perdón.
Este comportamiento de Am Israel, desde su nacimiento hasta hoy en día, no es imprudencia en su significado negativo. Se trata de una actitud única, de un pueblo que sabe que su existencia no es normal ni lógica
Y hoy, al igual que en cada Yom Kipur, nos preguntamos: ¿Cómo lo lograremos? ¿Cómo convenceremos a Dios para que nos inscriba en el libro de la vida?
Este año sugiero proponernos una nueva estrategia: Ser imprudentes de manera positiva. Me refiero a que no pensemos que no podemos lograr esta meta. No ser demasiado lógicos y realistas, sabiendo que nuestro comportamiento no fue tan positivo, admitiendo que, si ponemos sobre la balanza nuestros méritos y nuestros errores, a lo mejor no tenemos el saldo a nuestro favor. Puede ser que así sea, pero si de verdad queremos que Dios nos perdone y nos dé un buen crédito para un año más, si entendemos que nuestra vida y existencia depende de este día, actuaremos ya. Para esto nos regaló Dios el Yom Kipur: para rezar, para pedir perdón y para tratar de comprometernos a ser mejores personas.
Cuando Rabi Zeira quiso llegar a la tierra sagrada, se montó de una cuerda sobre el Jordán aunque era muy peligroso. Y nosotros, que queremos pasar este Yom Kipur con éxito, ¿no haremos nuestro esfuerzo para lograrlo?
Aprovechemos el entusiasmo y la energía de este día sagrado, y hagamos el esfuerzo de una vez, sin dudar y sin esperar.
Gmar Jatimá Tová.
Eitan Weisman es rabino de la Unión Israelita de Caracas.