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    Emor: Un Sutil “Defecto”

    Published by Sami Rozenbaum on 10 mayo, 2019
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    • Parashá
    • Yair Ben Yehuda

    En esta perashá la toráh dicta las leyes sobre los cohaním.
    Cómo deberá ser su condición física para estar aptos a cumplir sus funciones en el mikdash, con quienes no se pueden casar, de qué forma conservar su santidad y pureza, etc. Todas ellas apuntan a revelar quiénes eran los descendientes de Aharón, y cuál era su objetivo en este mundo.

    “Habla a Aharón, diciendo, cualquier persona de tu descendencia – por las generaciones – quien vaya a tener un defecto, no se aproximará a ofrendar el “pan” de su Di´s. Pues todo hombre que tenga en él un defecto no se acercará…” (21, 17-18)

    Estos dos pesukím aparentan ser redundantes, no obstante el Kelí Yakar, ZT”L, explica lo siguiente.

    “El primer versículo utiliza un lenguaje a futuro, mientras que el segundo se expresa en tiempo presente. Éste último se refiere a un defecto físico que el cohén tiene en estos momentos, en tanto que el primero alude a un defecto que el cohen todavía no tiene pero – eventualmente – lo tendrá. Por ejemplo; quien recibe soborno. Pues, dice la torá, que quien lo hace, indefectiblemente perderá la vista. O cualquier otra mala cualidad o mala costumbre, que conlleva a un deterioro físico. Aún cuando no lo presente en ese momento, de cualquier modo se considera como si ya lo tuviera”.

    De estas palabras, la idea fundamental salta a la vista. Pues según la óptica de la torá, una falta en el carácter, un vicio en la conducta personal, o una segunda naturaleza que no respete el derecho de los demás, se ve tan mal, como si fuera una grave deformación física.

    De hecho, podría ser más severa una deficiencia dentro de este marco, que un defecto físico visible. Ya que sobre este último, la persona haría lo posible para corregirlo. Se encargaría de que – por lo menos – no se vea tan mal, pero aquellas fealdades internas, al no estar a la vista, la mayoría de la gente no se encarga de rectificar, y permanecen por mucho tiempo, carcomiendo nuestra felicidad, y la de quienes nos rodean.

    El mundo espiritual es la base del físico. Mientras nos dediquemos a mantener en óptimas condiciones el primero, disfrutaremos y aprovecharemos al máximo las bondades del segundo.

    Shabat Shalom
    Yair Ben Yehuda
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    Sami Rozenbaum
    Sami Rozenbaum

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