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    El verdadero acuerdo Israel-Hamás

    Published by Yossi Bentolila on 20 octubre, 2025
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    • Raymond J. de Souza

    Trump no “ama” a Israel. Se ama a sí mismo

    Raymond J. de Souza*

    Los rehenes fueron liberados. Las familias se reunieron. Los israelíes estaban eufóricos, y con razón. Los reservistas agotados de las FDI cesaron el fuego, se retiraron y tal vez pronto regresen a casa. La cada vez más inútil devastación de Gaza se detuvo, permitiendo que los palestinos regresaran a lo que quedaba de sus hogares.

    Hamás entonces tomó el territorio abandonado por las FDI, llevando a cabo ejecuciones públicas sumarias para reinaugurar su reinado de miedo y terror.

    Al final, el acuerdo de paz fue exactamente como los anteriores de las últimas cuatro décadas: Israel liberó prisioneros a cambio de los rehenes vivos. Esta vez la proporción fue de cien a uno, lo cual en realidad es bajo según los estándares históricos. Las FDI cesaron el fuego y se retiraron de parte del territorio, en el cual sus enemigos se reorganizaron.

    Esto era lo que en los círculos de seguridad israelíes se lamentaba como “cortar el césped”, es decir, que de vez en cuando había que eliminar el crecimiento del terrorismo, pero que, tras cortarlo, volvería a crecer. En esta ocasión, el primer ministro Benjamín Netanyahu —con un amplio apoyo israelí al principio— juró que la hierba verde de Hamas no volvería a crecer. Esta vez sería tierra arrasada —y bajo tierra. Persistió hasta que Trump lo obligó a subirse a su cortadora de césped y ceder la mitad de Gaza a Hamás, que ya está fertilizando el suelo con sangre fresca.

    Trump-con-el-jeque-Mansour-bin-Zayed-AFP acuerdo

    “Mucho dinero, dinero ilimitado”. Trump saluda efusivamente al vicepresidente de los Emiratos, jeque Mansour bin Zayed al-Nahyan
    (Foto: AFP)

    Netanyahu podría haber logrado un acuerdo de cese al fuego con intercambio de rehenes por prisioneros y retirada parcial hace seis meses, quizá incluso hace un año. No necesitaba al presidente Donald Trump para conseguir eso. Ese acuerdo, por el contrario, necesitaba a Trump para forzar a Netanyahu a aceptarlo. Así, la semana comenzó con multitudes en la Plaza de los Rehenes en Tel Aviv ofreciendo fervorosos elogios a Trump mientras abucheaban a Netanyahu.

    El acuerdo que Trump impuso a Netanyahu es, en realidad, peor para Israel que el que el primer ministro podría haber conseguido por sí mismo. La nueva fuerza de seguridad y estabilización en Gaza será multilateral. Si hay, por ejemplo, tropas turcas, egipcias y emiratíes en Gaza, ¿cuánto desarme y desradicalización se llevarán realmente a cabo?

    El dinero árabe del Golfo está listo para inundar Gaza, incluyendo aportes de los principales benefactores de Hamás. ¿Cuán cuidadosamente se gestionarán esos recursos para evitar que financien el terrorismo?

    Hamás recibió una salida del callejón sin salida en el que se había metido. Los rehenes se habían convertido en la causa permanente del avance de Netanyahu hacia la ocupación militar total de Gaza. Ahora Hamás tiene un respiro para recuperarse, potencias amigas (Turquía, Catar) con mayor influencia para frenar las acciones de Israel en Gaza, y Netanyahu está obligado a conceder al menos una apertura nominal a un futuro Estado palestino —algo a lo que se ha opuesto férreamente durante más de 30 años.

    Netanyahu, y los defensores de Israel en todo el mundo, se quejaron amargamente de que el reconocimiento de un Estado palestino en septiembre por parte del Reino Unido, Francia, Canadá y Australia haría la paz más difícil. En octubre, todos ellos se reunieron, convocados por el propio Trump, en la cumbre de paz en la que esa postura era la norma general en la sala, incluso (en forma más débil) por parte de los estadounidenses.

    Todos los reportes sobre el acuerdo de paz de Trump comienzan con el intento israelí de asesinar a funcionarios de Hamás en Catar. Trump dijo en la Knesset que “ama a Israel”, pero hay un orden en sus amores, y ni siquiera el amado Israel podría tocar a Catar. Enfurecido y plenamente involucrado, Trump decidió que la guerra terminaría en los términos de Catar

    Entonces, ¿por qué Trump obligó a Netanyahu a aceptar un acuerdo peor del que Israel podría haber tenido por su cuenta?

    Hubo un momento revelador en la cumbre de Sharm-El-Sheikh, cuando Trump saludó al jeque Mansour bin Zayed al-Nahyan, vicepresidente de los Emiratos Árabes Unidos. En lugar del saludo cultural tradicional de “la paz sea contigo”, le ofreció unas cálidas palabras desde el corazón: “¡Mucho dinero, dinero ilimitado!”

    El acuerdo para silenciar las armas en Gaza recuperó a los rehenes en términos moderadamente favorables para Hamás, y enormemente favorables para los árabes del Golfo —con Turquía aprovechando el viaje. Eso puede ser bueno para Israel. Mucho mejor los árabes del Golfo que para Irán y sus aliados, pero el “nuevo Medio Oriente” de Trump estará impulsado por los intereses de Doha, Abu Dhabi y Riad, más que por los de Jerusalén.

    Trump no pudo haber sido más claro al respecto: su política hacia el Medio Oriente está impulsada por “dinero, dinero ilimitado” —quizá para Estados Unidos, ciertamente para su familia. En 2017, su primer viaje internacional fue a Arabia Saudita, una elección sorprendente. Tan sorprendente que añadió un toque monoteísta: de Riad a Jerusalén y luego a Roma. En su segunda administración ya no hubo necesidad de fingir; no había Dios, solo dinero. Fue nuevamente a Arabia Saudita, y luego a Catar y los Emiratos. No había necesidad de detenerse en un Israel en guerra.

    Todos los reportes sobre el acuerdo de paz de Trump comienzan con el intento israelí de asesinar a funcionarios de Hamás en Catar. Trump dijo en la Knesset que “ama a Israel”, pero hay un orden en sus amores, y ni siquiera el amado Israel podría tocar a Catar. Enfurecido y plenamente involucrado, Trump decidió que la guerra terminaría en los términos de Catar.

    Así fue: Netanyahu tuvo que disculparse con Catar desde la Oficina Oval, con Trump literalmente sosteniendo el teléfono. Catar obtuvo garantías de seguridad de tipo OTAN por parte de Estados Unidos, que no se ofrecerían a Ucrania. Arabia Saudita firmó un pacto de defensa mutua con Pakistán, lo cual no habría ocurrido sin la aprobación estadounidense.

    Israel cree, correctamente, que Trump no está del lado de Hamás, Hezbolá e Irán. Pero tampoco está del lado de Israel. Está del suyo propio y del de sus socios del Golfo. Ellos querían que la guerra terminara en sus términos; Trump se aseguró de que así fuera

    Catar siempre ha querido un Hamás lo bastante fuerte como para crearle problemas a Israel, pero no tanto como para causar inestabilidad en las monarquías del desierto mediante la Hermandad Musulmana. Si existe un objetivo subyacente que recorre todo el acuerdo de Trump, es ese. Catar puede seguir albergando al liderazgo de Hamás y financiando sus operaciones sin consecuencias por parte de Israel. Y Trump proclamó su éxito incluso después de que Hamás se negara a desarmarse. Catar gana en todos los frentes.

    De hecho, Trump ha impuesto un nuevo anillo alrededor de Israel, desde el Golfo hasta Turquía y Egipto, todos ellos presionando a Hamás para que acepte un buen acuerdo, todos ellos disfrutando ahora del favor presidencial, y todos insistiendo en una (meramente nominal) condición de Estado palestino. Netanyahu ha pasado décadas oponiéndose a una autoridad palestina unificada en Cisjordania y Gaza. Si eso es lo que el nuevo “anillo” desea, lo obtendrá.

    Israel cree, correctamente, que Trump no está del lado de Hamás, Hezbolá e Irán. Pero tampoco está del lado de Israel. Está del suyo propio y del de sus socios del Golfo. Ellos querían que la guerra terminara en sus términos; Trump se aseguró de que así fuera.

    *Analista, columnista y sacerdote católico canadiense.
    Fuente: National Post (https://epaper.nationalpost.com/).
    Traducción y versión NMI.

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    Yossi Bentolila
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