La época de los cohetes y los drones no ha terminado, pero los tiempos en que la cantidad por sí sola podía decidir los resultados está llegando a su fin
Mordejai Levin*
El despliegue operativo del sistema Iron Beam (Rayo de Hierro) por parte de Israel se describe a menudo como una capa más en la arquitectura de defensa aérea del país. Este enfoque pasa por alto su importancia. Iron Beam no es simplemente un nuevo interceptor; marca un cambio fundamental en la economía y la lógica de la guerra moderna.
Durante décadas, Israel y otras democracias se enfrentaron a una asimetría devastadora. Los actores no estatales podían disparar cohetes, morteros y drones económicos en grandes cantidades, obligando a los defensores a responder con interceptores mucho más costosos. La estrategia no era la precisión, sino el desgaste: si se dispara lo suficiente, el defensor agota su disponibilidad.
El Rayo de Hierro invierte esa ecuación.
Un interceptor láser reemplaza los misiles con electricidad. El factor limitante ya no son las reservas, sino la energía y la refrigeración. Las prolongadas campañas de cohetes y drones —la columna vertebral de Hamás, Hezbolá, los hutíes y otros proxies iraníes— se vuelven económica y operativamente insostenibles.
(Foto: Rafael Defense Systems)
Integrado con la Cúpula de Hierro, Honda de David y Flecha 3, el Rayo de Hierro redefine la defensa por capas. Los láseres interceptan cohetes, morteros y drones de corto alcance; los interceptores cinéticos se reservan para amenazas complejas o de largo alcance. La defensa ahora escala más rápido que la ofensiva.
La velocidad acrecienta el cambio. Los láseres atacan a la velocidad de la luz, acortando los plazos de decisión y degradando las tácticas de enjambre. Desde la perspectiva del mando y control, esto es decisivo: cuando los ciclos de ataque superan la toma de decisiones humanas, el volumen deja de otorgar ventaja y se convierte en un lastre.
Rayo de Hierro también reequilibra el poder entre Estados y actores no estatales. La defensa láser de alta energía favorece a quienes cuentan con infraestructura: generación de energía, sensores integrados y control del espacio aéreo. Una de las herramientas asimétricas más eficaces de la guerra irregular pierde su influencia, obligando a los adversarios a optar por alternativas más costosas y arriesgadas.
Esta no es una solución milagrosa. Los adversarios investigarán los efectos del clima, los formas de ocultarse, proyectiles que maniobren y ataques multidominio. Pero cada contramedida añade complejidad, costo y detectabilidad. La carga estratégica recae ahora sobre el atacante.
Algunas tecnologías no acaban con la guerra, pero cambian para siempre la forma de librarla. El radar, los proyectiles guiados de precisión y el sigilo hicieron precisamente eso. El Rayo de Hierro pertenece a esta línea. Señala el principio del fin de la guerra de saturación barata, y el regreso de la disciplina económica al campo de batalla.
La era de los cohetes y los drones no ha terminado, pero los tiempos en que la cantidad por sí sola podía decidir los resultados está llegando a su fin.
*Consultor en seguridad aérea y riesgo institucional
Fuente: The Times of Israel.
Traducción Sami Rozenbaum, Nuevo Mundo Israelita.