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    El mundo necesita que este sea un punto de inflexión con Irán

    Published by Yossi Bentolila on 4 marzo, 2026
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    • Terrorismo

    Debemos esperar que esta confrontación abra un nuevo capítulo definido por la rendición de cuentas, la seguridad y la posibilidad de una paz genuina, en Irán y en toda la región

    Shay Salamon*

    Hace veinticuatro años, en julio de 2002, una fotografía me captó en la escena de uno de los muchos ataques terroristas a los que respondí como profesional de la salud en Israel. La imagen es más que un recuerdo. Es una herida que nunca sanó del todo.

    Recuerdo la urgencia, el ruido, la confusión y, sobre todo, el costo humano. Las víctimas no eran estadísticas ni titulares. Eran padres, madres, niños, vecinos.

    Para quienes trabajamos en respuesta a emergencias, el terrorismo nunca fue un término geopolítico abstracto. Era algo que tocábamos con nuestras propias manos y que llevábamos a casa en silencio mucho después de que cesaran las sirenas.

    El autor, a la derecha, prestando servicio médico de emergencia tras un atentado terrorista en Tel Aviv
    (Foto: cortesía)

    Durante décadas, la República Islámica de Irán, en gran medida a través de su red de aliados, ha exportado el terror a través de las fronteras, atacando a comunidades mucho más allá de su propia región. Desde el Medio Oriente hasta Latinoamérica y más allá, la estrategia de Teherán ha sido dolorosamente consistente: armar milicias, financiar grupos extremistas y desestabilizar sociedades, manteniendo una fina capa de distancia.

    Cada ataque ha dejado cicatrices imborrables. Cada familia destrozada por la violencia se convierte en parte de una larga cadena de sufrimiento humano, que rara vez se incluye en análisis estratégicos o temas de conversación diplomáticos.

    Sin embargo, para quienes hemos vivido las consecuencias, el patrón es inconfundible.

    Por eso, el conflicto actual con Irán puede representar un punto de inflexión histórico. No es simplemente otra escalada en una confrontación prolongada, sino potencialmente el comienzo del fin de un ciclo de terror que ha definido una era.

    Durante demasiado tiempo, el régimen iraní ha operado bajo la suposición de que podía exportar violencia y evitar consecuencias significativas. Sus aliados han disparado cohetes contra la población civil, perpetrado bombardeos y alimentado la inestabilidad regional, todo mientras Teherán se posicionaba como un actor distante.

    Para quienes trabajamos en respuesta a emergencias, el terrorismo nunca fue un término geopolítico abstracto. Era algo que tocábamos con nuestras propias manos y que llevábamos a casa en silencio mucho después de que cesaran las sirenas

    Ese modelo debería finalmente estar moribundo. En Combat Antisemitism Movement (Movimiento de Combate al Antisemitismo), y en particular a través de nuestra labor en español, hemos advertido repetidamente que el antisemitismo, el extremismo y el terrorismo de Estado están profundamente interconectados. La misma infraestructura ideológica que demoniza a Israel y a los judíos a nivel mundial a menudo se entrelaza con campañas más amplias de represión y radicalización.

    Lo que a menudo se pasa por alto en el discurso internacional es el sufrimiento del propio pueblo iraní. Si bien el régimen proyectaba poder en el exterior, gobernaba en el país mediante el miedo y la coerción. La ola de protestas que estalló en diciembre de 2025 y continuó hasta principios de 2026 demostró una vez más que muchos iraníes no están alineados con la agenda extremista del régimen. Exigen dignidad, oportunidades y libertad. Su valentía no debe olvidarse en el momento actual.

    De hecho, una de las grandes fallas morales de la comunidad internacional en las últimas décadas ha sido la tendencia a separar la agresión externa de Irán de su represión interna. En realidad, son dos caras de la misma moneda. Un régimen que brutaliza a sus propios ciudadanos rara vez es una fuerza de estabilidad más allá de sus fronteras.

    Por eso el momento actual tiene tanta importancia. Si se gestiona con prudencia, podría marcar el inicio de un cambio estratégico y moral que finalmente obligue a los patrocinadores estatales del terrorismo a rendir cuentas, a la vez que abra el camino a un futuro diferente para el pueblo iraní y la región en general.

    Una de las grandes fallas morales de la comunidad internacional en las últimas décadas ha sido la tendencia a separar la agresión externa de Irán de su represión interna. En realidad, son dos caras de la misma moneda. Un régimen que brutaliza a sus propios ciudadanos rara vez es una fuerza de estabilidad más allá de sus fronteras

    Sin embargo, la esperanza debe moderarse con realismo. Las próximas semanas y meses probablemente serán complejos y volátiles. La escalada siempre conlleva riesgos, y ningún observador serio debería subestimar el potencial de mayor inestabilidad. Al mismo tiempo, los momentos de ruptura geopolítica a veces crean oportunidades que años de diplomacia no pueden.

    Hoy, con el recuerdo del atentado de julio de 2002 en Tel Aviv aún vívido en mi mente, me encuentro con una esperanza cautelosa junto a una conciencia sobria. Espero que la larga era en la que las redes terroristas respaldadas por Irán operaron con relativa libertad esté llegando a su fin. Espero que las víctimas, pasadas y presentes, no hayan sufrido en vano. Debemos esperar que esta confrontación, por dolorosa que sea, ayude a abrir un nuevo capítulo definido menos por el miedo y más por la rendición de cuentas, la seguridad y la posibilidad de una paz genuina en Irán, la región y más allá.

    Para quienes hemos vivido de cerca las consecuencias del terrorismo, este sería sin duda un punto de inflexión histórico, uno que el mundo ya no puede permitirse pasar por alto.

    *Director ejecutivo de asuntos hispanos de Combat Antisemitism Movement (CAM).
    Fuente: The Jerusalem Post.
    Traducción Sami Rozenbaum, Nuevo Mundo Israelita.

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    Yossi Bentolila
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