“No puedes ver tu reflejo en el agua hirviendo. No puedes ver con claridad cuando estás iracundo. Y el ego se impone”. La sentencia se despliega como un tríptico: el hervor, la furia y el ego. Tres fuerzas que, juntas, desfiguran la trasparencia y nos devuelven un espejo roto.
El agua hirviendo es la metáfora de la emoción desbordada. La ira es el fuego que la alimenta. El ego, en cambio, es la mano que se niega a apartar la olla del fogón. Allí donde la serenidad podría devolver la calma, el ego insiste en mantener la ebullición, convencido de que el calor es poder, de que la deformación es triunfo.
(Foto: infosalus.com)
En la vida pública, el ego se impone como máscara de liderazgo. Políticos que confunden firmeza con soberbia, sociedades que celebran la voz más estridente, redes sociales que premian la vanidad disfrazada de opinión. El ego, como el vapor, ocupa el aire y no deja espacio para la escucha. La ira sola nubla la visión; el ego la convierte en espectáculo.
En la vida íntima, el ego es la voz que se niega a reconocer el error. Es la burbuja que estalla con orgullo, la palabra que se lanza sin pedir disculpas, la insistencia en tener razón aunque el reflejo ya no exista. El ego no busca claridad: busca imponerse, incluso sobre la verdad.
La lección es doble (comenzando por mí): no basta con apagar el fuego de la ira, hay que aprender a soltar el ego que insiste en mantenerlo encendido. La claridad no es solo calma, es también humildad
La metáfora se expande: el agua que hierve es la ciudad que arde, el país que se agita, el individuo que se consume. La ira es el hervor que nubla. El ego es la tapa que impide que el vapor se disipe. Y así, el espejo nunca se enfría, nunca devuelve un rostro reconocible.
La lección es doble (comenzando por mí): no basta con apagar el fuego de la ira, hay que aprender a soltar el ego que insiste en mantenerlo encendido. La claridad no es solo calma, es también humildad. Solo cuando el ego se retira, el agua se enfría y el reflejo vuelve a ser posible.
El desafío, en definitiva, es aprender a reconocer que el ego no es fuerza sino obstáculo. Que la trasparencia requiere silencio y humildad. Que la sociedad —y el individuo— solo puede mirarse de nuevo cuando el agua deja de hervir y el ego deja de imponerse.
2 Comments
Hermoso artículo de Soledad Morillo Belloso. Nos invita a la introspección, reflexión para mejorar nuestra sociedad.
Excelente artículo!
Ls verdadera y realmente mortífera pandemia es el egoísmo que enferma los corazones y confunde el intelecto.
Gracias or publicar estas notas tan valiosas!