Con el permiso del Rab Isaac Cohen y del Rab Oshri Arguane,
Estimados miembros de nuestra kehilá, Kahal Kadosh:
En esta noche solemne en la que recibimos el nuevo año 5786, me corresponde, en calidad de presidente de la Asociación Israelita de Venezuela y del Vaad Hakehilot, dirigirles unas palabras con la sinceridad y responsabilidad que exige este cargo.
Es para mí un honor y un privilegio dirigirme en este momento de renovación espiritual, de reflexión profunda y de esperanza. Un instante en el que cada uno de nosotros detiene su andar para pensar en lo vivido, agradecer las bendiciones recibidas, y pedir al Todopoderoso por un futuro mejor para nuestras familias, nuestra comunidad, nuestro país y nuestro pueblo de Israel.
Nuestra realidad demográfica muestra que la comunidad ha bajado en número de personas y ha subido en edad promedio. La situación económica nacional ha impactado directamente a nuestras familias, y muy en especial a nuestras instituciones, generando una crisis financiera que obliga a sostener estructuras sobredimensionadas con ingresos que no alcanzan. Esto nos impone la necesidad de tomar decisiones difíciles, siempre con la convicción de que el bienestar colectivo está por encima de los intereses individuales.
La educación debe seguir siendo nuestra máxima prioridad. Sin colegios no habrá continuidad comunitaria. En este ámbito, debemos reforzar la innovación, el compromiso académico y la formación en valores, garantizando que nuestros hijos crezcan en un entorno judío que asegure la trasmisión de nuestra identidad a las generaciones futuras. Uno de nuestros objetivos debe ser la integración de la educación comunitaria, con los cambios que sean necesarios.
Me preocupa profundamente la falta de identificación de algunos miembros con nuestras instituciones. Vivir en comunidad no es un acto individual, es un compromiso colectivo y compartido. Tenemos que hacer sacrificios importantes para poder sostener nuestra kehilá. Aprovecho esta oportunidad para invitarlos a cada uno de ustedes a reunirnos y aportar sus buenas ideas para afrontar juntos este gran desafío.
Es importante que pongamos nuestras manos en el corazón, y entendamos lo que es vivir en comunidad. La Asociación Israelita de Venezuela no es un ente abstracto: es el hogar de todos nosotros, el engranaje que hace posible nuestra vida judía en este país. Sinagogas, rabinos, kashrut, kolelim, colegios, club, Beit Avot, Edad de Oro, seguridad, cementerios, programas de bienestar y desarrollo social: todo esto constituye el marco que sostiene nuestra identidad comunitaria.
Queridos hermanos, heredamos esta kehilá gracias a los sacrificios de nuestros padres y abuelos, quienes construyeron con esfuerzo y amor las instituciones que hoy disfrutamos. Hoy, más que nunca, tenemos la obligación de honrar ese legado y garantizar su continuidad para nuestros hijos y nietos.
Permítanme destacar algunos de los logros alcanzados durante este año:
Todos estos avances son fruto del esfuerzo conjunto de los miembros de nuestra Junta Directiva, de nuestros rabinos, de nuestros voluntarios, profesionales y de todo el personal de la institución. A cada uno de ellos expreso mi más sincero reconocimiento y gratitud.
Heredamos esta kehilá gracias a los sacrificios de nuestros padres y abuelos, quienes construyeron con esfuerzo y amor las instituciones que hoy disfrutamos. Hoy, más que nunca, tenemos la obligación de honrar ese legado y garantizar su continuidad para nuestros hijos y nietos
Querido Kahal: Rosh Hashaná es un tiempo sagrado en el que pedimos a Hashem paz, salud, prosperidad y bendiciones. Pero también es un tiempo de teshuvá, de retorno, de reflexión y de compromiso. Nuestros sabios enseñan que cada ser humano llega al mundo con una misión única e irrepetible. El Midrash Bereshit Rabá 44:1 compara al pueblo de Israel con las estrellas del cielo: cada estrella brilla con una luz distinta, pero todas juntas forman el esplendor del firmamento. Así también, cada uno de nosotros tiene una chispa divina que ilumina al mundo de una manera que nadie más puede hacerlo.
Vivimos días desafiantes, en los que el antisemitismo, esa plaga de la humanidad, vuelve a mostrar su rostro. Sin embargo, a diferencia de generaciones pasadas, hoy contamos con voz, con instituciones y con un Estado judío fuerte que nos recuerda que jamás volveremos a estar indefensos. Los ataques y prejuicios que enfrentamos son reales y dolorosos, pero también son controlables, porque hemos aprendido a estar unidos, vigilantes y orgullosos de nuestra identidad. Cada acto de odio nos exige responder con más vida judía, más solidaridad, más compromiso con nuestros valores eternos.
Hoy nuestros pensamientos se dirigen también a Medinat Israel, que enfrenta una realidad difícil y dolorosa. Nuestros corazones están con los soldados de Tzáhal, con los heridos, con las familias enlutadas, con los secuestrados y desplazados. Rogamos al Todopoderoso por su refuá shlemá, por su fortaleza y protección, y por el pronto restablecimiento de la paz. Apoyar a Israel significa reafirmar nuestra identidad, nuestra historia compartida y la fuerza de nuestro pueblo.
Que el sonido del shofar resuene en nuestros corazones, recordándonos la importancia de la fe, la unidad y la determinación de trabajar juntos por un futuro mejor.
En este inicio del año 5786, pido al Creador que nos inscriba y selle en el Libro de la Vida, y que nos conceda esperanza, paz, prosperidad y salud.
Shaná Tová Umetuká