El drama de la guerra en Gaza, y todos los frentes abiertos contra Israel desde el 7 de octubre de 2023, pasan por una serie de declaraciones muy llamativas, que logran mucho eco en la prensa y en los comentarios. Y que terminan con escasos o nulos resultados.
Justo al ocurrir la tragedia de la fecha mencionada, el presidente Biden expresó un categórico don’t. En la conmoción del momento, estas palabras sonaban como una seria advertencia a no escalar, a no atreverse a acciones violentas como consecuencia del ambiente creado. Luego de unos días, semanas, meses y no sigamos contando, este don’t, aunque muy bien intencionado, se quedó, muchas veces, en muy poco avance hacia alguna solución.
Los israelíes también han sido protagonistas de declaraciones muy importantes, altisonantes. Hamás sería destruido, desalojado de Gaza. Gaza no volvería a ser la amenaza que fue. La visualización del “día después” siempre fue grandilocuente; pero en honor a la verdad, hasta el día de hoy no se percibe esa eventualidad en forma objetiva.
Los hutíes son el más patético participante en una guerra en la que nadie los ha llamado, pero logran interrumpir el sueño de los israelíes con su lanzamiento de cohetes
(Foto: AP)
Las declaraciones de Hezbolá fueron siempre intimidantes. Se prometió la destrucción de Israel. Las intervenciones de los voceros de Hezbolá desde su sede en el Líbano eran esperadas y analizadas. El arsenal de cohetes y drones resultaba atemorizante, más si se combinaba con una campaña de medios. Palabras.
Irán lanzó dos ataques sin precedentes sobre Israel. Momentos de tensión mientras se esperaba que los cohetes, misiles y drones llegaran a su destino, y en la expectativa de si serían neutralizados. Declaraciones de antes y después resultaban en un ambiente de terrible tensión para todo Israel.
Los hutíes desde el lejano Yemén lanzan cohetes y misiles con poca puntería, menos daños y una gran alharaca, que obliga a los golpeados israelíes a refugiarse al oír las estruendosas alarmas. Estas irracionales iniciativas son acompañadas de declaraciones altisonantes que provocan risa en todos, menos en los israelíes trasnochados y cansados. También asustados.
Entre las declaraciones más vehementes están las de la oposición israelí y su contraparte del gobierno. Acusaciones, excusas. Investigaciones pendientes y conflictos en todas las instituciones. El drama de los secuestrados, que resulta en una herida abierta y sangrante, un estigma nacional y el señalamiento permanente de un fallo de seguridad del momento, y en una concepción errada de cómo debió manejarse todo el tema con Hamás, Gaza y otros frentes.
El infierno anunciado por Donald Trump debe referirse a uno nuevo o distinto; porque infierno es lo que se ha vivido desde el 7 de octubre de 2023. La zozobra de un país entero reclamando sus rehenes de vuelta, luchando la guerra más larga de su historia y con el mayor número de frentes bélicos, cercanos y remotos
Cuando se llega a noviembre de 2024, reaparece en la escena un renovado Donald Trump. Su ímpetu y vigor da un nuevo giro al conflicto, a la situación de los rehenes. Es de reconocer que las últimas liberaciones de rehenes se deben en buena medida a sus declaraciones, amenazas y ultimátums. Prometió un infierno si no se liberaban todos los rehenes un sábado a mediodía. Al momento de escribir esta nota, hay 59 rehenes entre vivos y muertos, no hay cese al fuego, las negociaciones están suspendidas o sin rumbo cierto, y el Ramadán ha trascurrido en Gaza sin hostilidades.
El infierno anunciado por Donald Trump debe referirse a uno nuevo o distinto; porque infierno es lo que se ha vivido desde el 7 de octubre de 2023. La zozobra de un país entero reclamando sus rehenes de vuelta, luchando la guerra más larga de su historia y con el mayor número de frentes bélicos, cercanos y remotos. Con las instituciones internacionales haciendo caso omiso de la situación y sin ejercer sus funciones. Porque debe decirse que la Cruz Roja no ha hecho nada que no sea servir de taxi a los rehenes liberados, y las Naciones Unidas nada que no sea condenar a la víctima antes que al victimario.
La situación ha sido y sigue siendo muy propensa a dichos y declaraciones, entre interesantes y llamativas. Los hechos concretos distan mucho de los dichos. Del dicho al hecho hay mucho trecho, dice el adagio popular. Palabras y declaraciones no han surtido el efecto necesario. El infierno prometido por Trump es una realidad, pero una realidad continuada, un infierno que ya existía y se prolonga.
Esta es la triste realidad. Una de dichos fatuos, hechos consumados y largos trechos.
No perdamos el optimismo necesario… es un decir.