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    Vida Religiosa

    ¿De qué se trata Janucá realmente?

    Published by Yossi Bentolila on 12 diciembre, 2025
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    Rav Ken Spiro

    El significado de la primera guerra ideológica de la historia, el impactante final de los macabeos, y por qué los judíos se centran en el milagro del aceite y no en la batalla

    ¿Cuál era realmente la lucha entre los judíos y los griegos?

    Hay una idea errónea respecto a que Janucá fue una revuelta contra la ocupación helenística de Israel, pero no fue así. Trascurrió más de siglo y medio entre la llegada de Alejandro Magno a Israel y la revuelta de los macabeos a mediados del siglo II antes de la era común La ocupación física no fue el tema central de la revuelta. Fue un problema ideológico.

    Para entender esto, necesitamos entender cuán diferentes eran los judíos no solo de los griegos, sino de todo el mundo.

    En este período de la historia humana, todos eran religiosos. Pero todas las religiones eran politeístas. Diferentes culturas e imperios adoraban diferentes dioses, pero todos creían que el mundo estaba repleto de deidades. Para los griegos, Zeus era el dios de los cielos, Poseidón era el dios del mar, y cada fuerza de la naturaleza tenía su propia deidad. Los antiguos griegos pueden haber adorado dioses diferentes que los egipcios, e incluso pueden haber considerado que sus dioses eran superiores, pero nunca negaron los dioses de los otros pueblos.

    Januca-Aish-Latino macabeos

    (Foto: Aish Latino)

    En medio de este vasto mundo politeísta estaba el pequeño pueblo judío con su singular creencia en un Dios, que era el único Dios, y el Dios de todo. El judaísmo era radicalmente diferente de todas las otras religiones, y los judíos se negaban a reconocer o a servir a los dioses de cualquier otro pueblo. A los otros pueblos del mundo esto les parecía muy extraño, arrogante y elitista. No sorprende que creara sospechas y enojo hacia los judíos, especialmente entre los griegos.

    También tenemos que entender que los griegos no eran solo imperialistas físicos, sino también culturales. Ellos no solo conquistaban y subyugaban a otros pueblos, sino que exportaban su cultura a los pueblos que conquistaban, muchos de los cuales adoptaron de buena gana lo que consideraban que era una cultura superior. En el vasto mundo del Imperio Helenístico, los judíos eran los únicos que quedaban fuera. La mayoría de los judíos se negaban a aceptar los dioses y la cultura griega.

    Los griegos consideraron que eso no solo era un insulto, sino también una traición. “¿Cómo podemos confiar en estos judíos, si rechazan obstinadamente nuestra cultura?”.

    Esta lucha cultural finalmente llevó al imperio griego seléucida a hacer algo que nunca antes había hecho: ir en contra del judaísmo, la religión de los judíos, en un intento de obligarlos a asimilarse.

    El judaísmo era radicalmente diferente de todas las otras religiones, y los judíos se negaban a reconocer o a servir a los dioses de cualquier otro pueblo. A los otros pueblos del mundo esto les parecía muy extraño, arrogante y elitista

    El Segundo Libro de los macabeos registra:

    «No mucho después de esto, el rey envió a un senador ateniense para obligar a los judíos a abandonar las leyes de sus padres y dejar de vivir de acuerdo con las leyes de Dios, y también a impurificar el templo en Jerusalén y llamarlo el templo de Zeus Olímpico» (1).

    Fue precisamente esta persecución religiosa, este intento de aplastar el judaísmo y obligar a los judíos a hacer idolatría, lo que eventualmente llevó a Matitiahu, el padre de los cinco hermanos macabeos, a levantarse desafiando abiertamente la opresión griega y liderar la revuelta.

    «Incluso si todas las naciones que viven bajo el gobierno del rey lo obedecen, y eligieron cumplir sus órdenes, alejándose cada uno de la religión de sus ancestros, de todos modos yo y mis hijos y mis hermanos viviremos de acuerdo con el pacto que hicieron nuestros padres… No obedeceremos la palabra del rey para alejarnos de nuestra religión hacia la derecha ni hacia la izquierda» (2).

    ¿Qué ocurrió con los macabeos?

    La historia de los macabeos es una de gran heroísmo y sacrificio, pero también de corrupción y tragedia. Los cinco hijos de Matitiahu dirigieron la lucha contra los griegos que duró 25 años. Durante ese largo conflicto, cuatro de los hermanos murieron o fueron asesinados en batalla.

    Trágicamente, los gobernadores posteriores de los macabeos no solo se corrompieron completamente por su poder, sino que terminaron persiguiendo a los líderes rabínicos cuyos ancestros sacrificaron sus vidas por preservar. Las luchas de poder dentro de la familia eventualmente degeneraron en una guerra civil

    El único hermano que sobrevivió, Shimón, finalmente obtuvo la independencia y estableció una dinastía, conocida como la de los Jashmonaim (hasmoneos), que duró 103 años. Durante un siglo Israel tuvo independencia plena, y los descendientes de Shimón asumieron los roles de Grandes Sacerdotes y reyes de Israel. Como descendientes de Aharón, el hermano de Moshé, ellos podían ejercer el sacerdocio, pero no tenían derecho al reinado, que era un puesto que solo podían ocupar los descendientes del rey David.

    Trágicamente, los gobernadores posteriores de los macabeos no solo se corrompieron completamente por su poder, sino que terminaron persiguiendo a los líderes rabínicos cuyos ancestros sacrificaron sus vidas por preservar. Las luchas de poder dentro de la familia eventualmente degeneraron en una guerra civil, que abrió la puerta a la conquista romana de Israel en el año 63 aec y también llevó al fin de los Jashmonaim en el año 37 aec, cuando los romanos designaron a Herodes el Grande como rey de Israel.

    Herodes, no descendiente de judíos, tenía todavía menos derecho que los macabeos a ocupar el trono. Para compensar su falta de legitimidad, Herodes se casó con la única descendiente que quedaba viva de los macabeos, Miriam. El historiador Flavio Josefo escribe que Herodes, obsesivamente paranoide, celoso e impulsivo, eventualmente ordenó que la ejecutaran. También hizo matar a los dos hijos que ella le había dado, así como al hermano de Miriam, el Gran Sacerdote Aristóbulo. Los macabeos dejaron de existir (3).

    El relato talmúdico del fin de los Jashmonaim difiere en cuanto que no menciona el matrimonio de Herodes con Miriam ni su asesinato, sino que dice que la última mujer que quedaba de los macabeos se suicidó antes de casarse con Herodes (4). Sin importar cuál versión se elija, la familia de los macabeos tuvo un final trágico hace más de 2000 años.

    ¿Por qué el foco de atención es el pequeño milagro del aceite? ¿Acaso la victoria militar no fue un milagro más grande?

    En el Talmud hay solo una breve referencia a Janucá y, sorprendentemente, se enfoca más en el aceite que en la revuelta misma:

    «Cuando los griegos entraron al Santuario, profanaron todo el aceite que había allí. Cuando los Jashmonaim vencieron a los griegos, buscaron y solo encontraron una vasija de aceite que tenía intacto el sello del Gran Sacerdote, lo único que los griegos no habían profanado. Allí había suficiente aceite para encender el candelabro por solo un día. Ocurrió un milagro, y el aceite ardió durante ocho días. Al año siguiente, los Sabios instituyeron estos días como festividad con la recitación del Halel y plegarias y bendiciones especiales de agradecimiento (5).

    Los griegos quisieron destruir el Judaísmo, no a los judíos. A pesar de la belleza y la sofisticación de la cultura griega, su objetivo era apagar la luz del judaísmo, y por eso nos enfocamos en el milagro del aceite y nos referimos a Janucá como «la festividad de las luces»

    Ahora que sabemos qué hubo realmente detrás de la revuelta, podemos entender por qué es así. La victoria militar del pequeño Israel contra la potencia mundial de Grecia fue sin duda un impresionante logro físico, pero el simbolismo de la luz de la menorá llega al eje de la lucha verdadera y la victoria real en un nivel mucho más profundo: Janucá fue la primera guerra religioso-ideológica de la historia. Fue una batalla del paganismo contra la única fe monoteísta de la humanidad. Los griegos quisieron destruir el Judaísmo, no a los judíos. A pesar de la belleza y la sofisticación de la cultura griega, su objetivo era apagar la luz del judaísmo, y por eso nos enfocamos en el milagro del aceite y nos referimos a Janucá como «la festividad de las luces».

    La victoria militar permitió la independencia de Israel, pero eso no duró mucho. Lo que duró, y sigue durando hasta el día de hoy, fue la victoria espiritual. Las luces de Janucá que continúan brillando con fuerza durante la época más oscura del año representan el milagro real, la supervivencia de una fe y de un pueblo que ha trasformado a la humanidad y lleva su luz a todo el mundo.

    Referencias

    1. Macabeos II 6:1.
    2. Macabeos I 2:19-22.
    3. Flavio Josefo, Las guerras de los judíos.
    4. Talmud de Babilonia, Bava Batra 3b.
    5. Talmud de Babilonia, Shabat 21b.

    *Rav Ken Spiro, originalmente de Nueva Rochelle, NY, se graduó de la Universidad Vassar con un BA en Lenguaje Ruso y Literatura y realizó estudios de postgrado en el Instituto Pushkin en Moscú. Tiene ordenación rabínica de Aish Jerusalem y un Master en historia de la Facultad de Vermont de la Universidad de Norwich.
    Fuente: Aish Latino (aishlatino.com). Versión NMI.

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    Yossi Bentolila
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