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    “Creatividad, Actividad y Servicio”: la visión de tres alumnos participantes

    Published by Yossi Bentolila on 16 mayo, 2025
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    El Bachillerato Internacional del Colegio Moral y Luces Herzl-Bialik comprende la asignatura “Creatividad, Actividad y Servicio” (CAS), que es parte fundamental de ese programa. A continuación reproducimos, gracias a la colaboración de la coordinadora de CAS, profesora Jany Páez, una selección de tres de los ensayos que los estudiantes redactaron como síntesis de sus experiencias

    “De lo conocido a lo desconocido: cómo CAS cambió mi vida”, por Andrea Kuperstein

    Antes de empezar el Bachillerato Internacional (IB) y conocer CAS, mi vida era bastante simple. Me enfocaba en mis estudios y en algunas actividades extracurriculares, pero no había mucho espacio para explorar cosas nuevas o enfrentar desafíos. Creía que el éxito se medía solo por las notas, y aunque participaba en deportes, lo hacía más por obligación que por gusto. Mi mundo era pequeño, centrado en mis actividades, mi familia, mis amigos de siempre y metas personales que no estaban muy claras. La idea de «ayudar a la comunidad» me parecía algo lejano. Recuerdo que cuando era pequeña hice una gran donación de juguetes que había recibido por mi cumpleaños. Lo hice, pero sin entender realmente el impacto de esa acción. En ese entonces, no veía cómo mis acciones podían trascender más allá de lo personal. El IB llegó como un desafío, pero CAS se presentó como algo intrigante y a la vez intimidante: ¿Cómo iba a equilibrar estudios exigentes con actividades que parecían «sin nota»? No entendía que CAS no era un requisito, sino una oportunidad.

    En Mérida, el viaje fue una experiencia de autosuperación. Uno de los momentos más difíciles fue subir a una cumbre en los Andes. El camino fue agotador, con caminos empinados y un clima que cambiaba de repente, pero llegar a la cima fue increíble. Sentí una gran satisfacción al superar mis límites físicos y mentales. Además, durante el viaje, participamos en varios trabajos de labor social, ya que hicimos actividades con los niños de la escuela del pueblo e hicimos distintas donaciones en comunidades rurales. Ver la gratitud en sus rostros me hizo entender el verdadero valor de ayudar a los demás.

    Por otro lado, Chuao fue un viaje divertido pero igualmente importante. Trabajamos con niños de una escuela local, organizando actividades recreativas. Fue muy gratificante ver cómo los niños se divertían y aprendían al mismo tiempo. También llevamos donativos como uniformes escolares y cotillones, lo que les dio una sonrisa y un impulso para su educación. Este viaje me mostró que ayudar no tiene que ser algo serio o aburrido, sino que puede ser una experiencia llena de alegría y conexión humana.

    Mérida y Chuao fueron dos experiencias muy diferentes, pero juntas me enseñaron algo invaluable: la vida se vuelve más interesante cuando nos atrevemos a salir de lo conocido. En Mérida, aprendí a superar mis miedos físicos y mentales, y en Chuao, descubrí la alegría de conectar con otros de manera auténtica. Ambos viajes me mostraron que, aunque los retos y las personas sean distintos, el crecimiento personal siempre viene de dar un paso adelante, incluso cuando da miedo.

    CAS no fue solo un requisito del IB; fue un regalo que me cambió la vida. Antes, pensaba que el éxito era algo individual, algo que se medía en notas o logros personales. Ahora sé que el verdadero éxito es dejar una huella positiva en los demás. Mérida y Chuao me dieron algo que no se puede aprender en un salón de clases: la capacidad de ver el mundo con otros ojos.

    Hay momentos que no se pueden explicar con palabras, como la sensación de llegar a la cima en Mérida o la risa de los niños en Chuao. Es como dicen: «Si no lo vives, no lo entiendes, y cuando lo vives, no lo sabes explicar». CAS me dejó un vacío en el corazón, pero no de tristeza, sino de gratitud y recuerdos. Gratitud por las personas que conocí, por los desafíos que superé y por la persona en la que me convertí.

    CAS no fue solo un requisito del IB; fue un regalo que me cambió la vida. Antes, pensaba que el éxito era algo individual, algo que se medía en notas o logros personales. Ahora sé que el verdadero éxito es dejar una huella positiva en los demás

    Ahora, cuando miro hacia atrás, veo que Mérida y Chuao no fueron solo viajes, fueron el inicio de algo más grande. Me enseñaron que la vida no es solo sobre mí, sino sobre lo que puedo hacer por los demás. Y aunque todavía no sé exactamente qué haré en el futuro, sé que quiero que sea algo que marque la diferencia. Porque, al final, eso es lo que CAS me dejó: Saber que el mundo brilla más cuando decidimos ser luz para los demás.

    “Una experiencia inolvidable”, por Gabriela Cohen

    Creatividad, Actividad y Servicio, tres palabras sencillas, pero fundamentales para ser un alumno del Bachillerato Internacional, o mejor dicho, un alumno integral. Estas tres palabras forman CAS, una materia fundamental, la cual sin ella, yo no sé qué haría. Es una materia en donde te enseñan a ser una persona humilde, más organizada, donde el trabajo en equipo es fundamental y llena de experiencias inolvidables e increíbles.

    CAS, más que todo de ser una materia, es un aprendizaje que es fundamental tener presente en la vida, específicamente cuando uno se encuentra en la etapa de la adolescencia, ya que es cuando los valores se aprenden y se quedan en uno, y eso es lo que hace CAS, enseñar valores fundamentales para la vida. De hecho uno se acuerda de eso, cada vez que se hacen las planillas, porque al final te preguntan los resultados de aprendizaje.

    Los resultados de aprendizaje (RDA) no es nada más que un recordatorio de qué es lo que uno aprendió realizando las actividades propuestas por CAS, pero si uno se da cuenta, en la mayoría de los proyectos todos los RDA, son utilizados y todos dejan un alto legado en uno. Los RDA, también ayudan a darse cuenta de las debilidades y fortalezas de uno.

    Las experiencias CAS, son como montarse en una montaña rusa, uno no sabe qué se espera de ello, hasta que se monta.

    CAS a mí me cambió la vida, la perspectiva de muchas cosas y lo más importante, me dejó una de las mejores experiencias de mi vida y aunque ya va a cumplirse un año desde que se realizó, la cual fue Chuao, la sigo mencionando siempre, sigo viendo los recuerdos. Porque eso es CAS, experiencias que te marcan y que nunca se le va a olvidar a uno.

    Como mencioné anteriormente, CAS te enseña el trabajo en equipo. Los proyectos individuales, son proyectos, el cual tienes la opción de realizarlo solo o con un equipo de personas y yo elegí todos mis proyectos, realizarlo con ciertas personas de mi clase y siendo sincera yo no soy la mejor para hacer trabajos en equipo, pero todo cambió gracias a CAS, ya que me hizo trabajar mucho con personas y cambió mi perspectiva del trabajo en equipo, desde realizar proyectos desde cero, que hoy en día van a ser heredados a los niños de cuarto año.

    Tampoco se puede olvidar el trabajo en equipo, en los proyectos grupales, tanto Chuao como Mérida o la Escuelita, cambió a nuestro salón por completo, llevábamos estudiando toda la vida juntos, pero nada nos unió más que CAS y a esas actividades que nos marcaron por siempre.

    “Es una experiencia inolvidable, y sobre todo ayuda a uno a madurar y ser más humano, de estar más consciente de qué es lo que está pasando afuera de la burbuja de uno”

    Y si a mí me preguntan ¿qué te llevas de CAS?, no sabría responder, ya que de esta materia que veíamos una vez a la semana por 90 minutos, era todo lo que un alumno necesitaba para que nuestro cuerpo secrete más dopamina y no cambie por completo nuestro estado de ánimo. Por eso CAS es fundamental, porque es una experiencia inolvidable, y sobre todo ayuda a uno a madurar y ser más humano, de estar más consciente de qué es lo que está pasando afuera de la burbuja de uno y por eso yo agradezco tanto esta materia, ya que me convirtió en una persona completamente diferente, me volví una persona que se preocupa por todo el mundo y que siempre está y estará dispuesta a ayudar a quienes más lo necesiten. Así que gracias CAS, por esta experiencia inolvidable.

    “Dejando huellas: Mi transformación a través de CAS”, por Hannah Makowski

    Cuando comencé mi trayecto en CAS, no imaginé que cada experiencia me llevaría a descubrir partes de mí que no conocía. Este ensayo no es solo un recuento de actividades, sino una reflexión profunda sobre cómo estas experiencias me han cambiado. ¿Por qué es importante escribirlo? Porque me permite cerrar un ciclo, entender cómo he crecido y valorar cada momento que me ha hecho quien soy hoy. A través de estas palabras, contare cómo enfrenté desafíos, descubrí mis fortalezas y debilidades, y cómo cada sonrisa, cada gesto de gratitud y cada reto superado, han dejado una huella imborrable en mí.

    Uno de los momentos que más me marcó fue mi viaje a Chuao. Allí, en medio de la calidez de su gente y la sencillez de su vida, entendí lo que realmente significa servir. El proyecto «Chuao de Oro» no fue solo una actividad más, fue una lección de humildad y empatía. Recuerdo claramente a la señora Teodosia, una mujer ciega y con movilidad reducida, que con una simple presión de su mano me transmitió más gratitud que mil palabras. Ese gesto me hizo sentir que, aunque pequeña, mi acción había tocado su vida. Fue en ese instante que entendí que el verdadero valor de servir no está en lo grande que sea el proyecto, sino en el impacto que tiene en las personas.

    Este proyecto fue tan exitoso por la colaboración de la comunidad, quienes me ayudaron sin ver a quién. También en Chuao, llevamos a cabo el proyecto “De Niñas para Niñas». Ver la alegría en los rostros de las niñas al recibir productos de higiene personal me hizo consciente de las desigualdades que muchas veces ignoramos. Me dolió darme cuenta de que algo tan básico como un jabón o una toalla sanitaria puede ser un lujo para algunas. Esta experiencia me abrió los ojos y me hizo comprometerme aún más con causas que buscan la igualdad y el bienestar de todos.

    En Mérida, viví desafíos en cada momento del viaje, pero siempre logré superarlos. Por ejemplo, cuando los materiales que habíamos planeado para las actividades con los niños no llegaron, sentí que todo saldría mal. Pero en ese momento de incertidumbre, descubrí que podía improvisar y crear algo nuevo junto a mi equipo, “La cocina de Alex” que terminó siendo de los juegos favoritos de los niños. Bailé, jugué y reí con ellos, y aunque no era lo planeado, fue igualmente especial.

    Además, subir al Pico Gavilán y acampar en el frío me enseñó que soy más fuerte de lo que creía. Esa noche, bajo las estrellas, reflexioné sobre lo pequeño que somos ante la inmensidad de la naturaleza y lo grande que podemos ser cuando nos atrevemos a superar nuestros miedos. Llegar a la cumbre fue uno de los momentos más gratificantes que he experimentado, el sentir que lo logré aunque parecía imposible, creó un nuevo sentido de seguridad en mí. Además me hizo darme cuenta de la necesidad de tener un grupo de apoyo, cada paso que dabas, alguien te celebraba, cada tropiezo, alguien te levantaba.

    En el colegio, la visita de los niños de la escuela Eleazar López Contreras me confrontó con una realidad que muchas veces ignoramos: la desigualdad social. Ver la inocencia en sus ojos y la alegría con la que disfrutaban de actividades simples me hizo cuestionar mi propia realidad y mi responsabilidad para construir un mundo más justo. En Caracas vivimos en una burbuja que constantemente nos aísla de los problemas que están pasando nuestros vecinos, cuando todo parece estar bien, la realidad nos pega y nos demuestra que esto no es así, que el impacto de la situación económica es mucho más grande de lo que las redes aparentan. La falta de educación es la destrucción de toda sociedad, y los niños al solo tener dos días de clases, no logran dar todo su potencial. Intenté dar lo mejor de mí, y anhelo haber hecho un cambio emocional e intelectual en los estudiantes, me di cuenta que cualquier error que cometiera pudiese tener un impacto en sus vidas.

    CAS no solo me enseñó a servir, sino a vivir con el corazón abierto y a creer en el poder de las pequeñas acciones para cambiar el mundo

    Mirar atrás y recordar cada momento de mi experiencia CAS me llena de gratitud y orgullo. He aprendido que crecer no es solo acumular logros, sino enfrentar miedos, conectar con los demás y dejar una huella positiva en el mundo. CAS me enseñó que la verdadera fortaleza no está en no caer, sino en levantarse cada vez que lo hacemos. Me mostró que las pequeñas acciones pueden tener un gran impacto y que, al final, lo que más importa son las personas y las conexiones que construimos con ellas. Este proceso no ha sido fácil, pero cada desafío, cada sonrisa y cada lágrima han valido la pena. CAS no solo ha sido un requisito académico, ha sido un viaje de autodescubrimiento que me ha transformado para siempre. Y aunque este capítulo está llegando a su fin, sé que las lecciones que aprendí aquí me acompañarán por el resto de mi vida. Porque, al final, CAS no solo me enseñó a servir, sino a vivir con el corazón abierto y a creer en el poder de las pequeñas acciones para cambiar el mundo.

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    Yossi Bentolila
    Yossi Bentolila

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