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    Perspectivas

    Caen los muros: cómo Egipto construye silenciosamente la «Opción Sinaí» para Gaza

    Published by Yossi Bentolila on 5 enero, 2026
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    • Amine Ayoub
    • Desierto del Sinaí
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    • Gaza

    Un decreto presidencial de al-Sisi ha asignado territorio en la Península para radicar población gazatí. Parece una solución factible para el problema de la Franja, pero podría convertirse en una pesadilla de seguridad tanto para Egipto como para Israel

    Amine Ayoub*

    Durante más de dos años, la «Opción Sinaí» —el desplazamiento masivo de gazatíes a territorio egipcio— ha sido la tercera línea de la diplomacia en el Medio Oriente. Funcionarios egipcios, desde el presidente Abdel Fattah al-Sisi hasta el guardia fronterizo de menor rango, la han calificado como una «línea roja» que desencadenaría la guerra. La han denominado la «liquidación de la causa palestina».

    El 25 de diciembre de 2025, el Estado egipcio finalizó la publicación del Decreto Presidencial número 736 de 2025 en el Boletín Oficial (N° 52 bis (c)). Se trata de un documento burocrático con implicaciones geopolíticas explosivas. Bajo el inocuo pretexto del «desarrollo nacional», El Cairo ha asignado oficialmente 6,3 kilómetros cuadrados de terrenos estatales en el norte del Sinaí a la Autoridad General de Tierras y Diques Secos.

    El propósito declarado es el establecimiento de «zonas logísticas» para facilitar el comercio. Sin embargo, un análisis más detallado del mapa revela que Egipto no está construyendo centros comerciales, sino la infraestructura para una población que ya no puede mantener fuera.

    Chozas-en-el-Sinai-Flash90 decreto

    Chozas en la Península del Sinaí, Egipto
    (Foto: Flash90)

    El decreto se centra en tres lugares estratégicos: Rafah, El Hassana y la zona de Bagdad en el norte del Sinaí. La elección de estos lugares no es económica, sino táctica.

    Rafah sirve como válvula de entrada, la zona de desbordamiento inmediata para los millones de palestinos que actualmente se encuentran presionados contra la valla fronteriza. Sin embargo, son los otros dos lugares, El Hassana y Bagdad, los que delatan la verdadera intención del régimen. Ubicadas en el corazón del Sinaí Central, lejos del poblado Delta del Nilo y el sensible Canal de Suez, estas áreas sirven como una segunda capa de defensa.

    Al establecer aquí grandes «zonas logísticas», el ejército egipcio está creando una estrategia de defensa en profundidad para la gestión de los refugiados. El plan parece ser procesar a los refugiados en la frontera y luego trasportarlos rápidamente a estas zonas aisladas de alta seguridad, poniendo en cuarentena a la población gazatí en el desierto, antes de que puedan mezclarse con la población egipcia o conectarse con la oposición interna en El Cairo.

    Fundamentalmente, el Artículo 2 del decreto estipula que las Fuerzas Armadas conservarán la propiedad y el control de cualquier terreno designado militarmente que se encuentre dentro de los límites de estas parcelas recién asignadas. Esto confirma que, a pesar de la cobertura civil de la Autoridad General de Tierras y Diques Secos, estas zonas permanecerán bajo estricta jurisdicción militar. Es una ley marcial disfrazada de planificación urbana.

    El Colapso de una «Línea Roja»

    ¿Por qué ahora? El momento de la promulgación del Decreto 736 está inextricablemente ligado a la intensa presión de los últimos días. Los informes indican que el gobierno de Netanyahu, envalentonado por la administración Trump, se prepara para facilitar unilateralmente la salida de los gazatíes.

    Durante meses, el ministro de Asuntos Exteriores de Egipto, Badr Abdelatty, ha insistido en que el desplazamiento es una «línea roja». Pero la realidad económica ha obligado a un cambio pragmático, aunque cínico. Con la libra egipcia bajo una inmensa presión y los pagos de la deuda internacional inminentes, es probable que el régimen vea la «Opción Sinaí» no como una verdadera opción, sino como un mecanismo de supervivencia.

    Pesadilla de seguridad en ciernes

    Los Acuerdos de Camp David se basaron en un Sinaí desmilitarizado y una clara separación entre el Estado egipcio y la “causa palestina”. El Decreto 736 erosiona esa separación.

    Si estas «zonas logísticas» se convierten en los nuevos hogares de facto para cientos de miles de gazatíes, el Sinaí del Norte se trasformará en una plataforma de lanzamiento permanente para la guerra asimétrica. Los cuadros de Hamás, integrándose a la población de refugiados, se encontrarán en una región ya marcada por una década de insurgencia contra el Estado egipcio. La zona de «Bagdad» en el Sinaí Central podría convertirse fácilmente en un nuevo centro de gravedad para la actividad militante, ubicada a poca distancia de la frontera israelí, pero protegida por la soberanía egipcia.

    Además, la retórica de los socios de coalición de Israel, que desde hace tiempo han abogado por la «migración voluntaria», se verá ahora validada. Verán a los equipos de construcción egipcios en El Hassana no como trabajadores de logística, sino como los contratistas de una nueva realidad regional.

    Si estas «zonas logísticas» se convierten en los nuevos hogares de facto para cientos de miles de gazatíes, el Sinaí del Norte se trasformará en una plataforma de lanzamiento permanente para la guerra asimétrica

    Con el Decreto Presidencial 736, la expansión se ha formalizado de hecho. Egipto está vertiendo hormigón para el «día después», y no se parece en nada a la solución de dos Estados con la que sueñan los diplomáticos en Ginebra. Parece un archipiélago securitizado de campamentos de tiendas de campaña y «diques secos» en el desierto del Sinaí, gestionado por el ejército egipcio y financiado por un mundo desesperado por mirar hacia otro lado.

    Los muros están cayendo. La pregunta ya no es si los palestinos se trasladarán al Sinaí, sino cuánto tiempo podrá mantenerse la cobertura «logística» antes de que se levanten las tiendas.

    *Miembro del Middle East Forum, analista político y escritor residente en Marruecos.
    Fuente: Arutz Sheva (israelnationalnews.com)
    Traducción Sami Rozenbaum, Nuevo Mundo Israelita.

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    Yossi Bentolila
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