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    Vida Religiosa

    Ante el terrorismo, hallemos coraje en la vulnerabilidad de Sucot

    Published by Yossi Bentolila on 6 octubre, 2025
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    • Antisemitismo
    • Ataque terrorista en Manchester
    • Miriam Heller Stern
    • Sucot

    Dos años después de que el 7 de octubre nos destrozara, esta época de festividades judías resulta agotadora. Sucot nos ayuda a recuperar la alegría y el valor

    Miriam Heller Stern*

    Durante estas fiestas he dominado una nueva habilidad: mirar en múltiples direcciones, manteniendo la concentración total.

    ¿Estaba observando aves? ¿Jugando un videojuego? ¿Observando a la gente en Rodeo Drive?

    No. Estaba aprendiendo a monitorear las cámaras de vigilancia como voluntaria de seguridad recién certificada en mi sinagoga. Me asignaron la tarea de observar si había algo sospechoso en el perímetro, lo cual hice diligentemente durante 30 minutos cada día, mientras guardias armados profesionales cumplían con su labor en las instalaciones.

    Ataque-sinagoga-en-Manchester-AP seguridad

    Escena tras el ataque terrorista en la sinagoga de Heaton Park en Manchester, el pasado 2 de octubre, que causó dos muertos y varios heridos. El asesino fue un musulmán británico de origen sirio
    (Foto: AP)

    Por suerte no vi nada inusual. Saludé a la gente, ofrecí indicaciones, y le dije a los padres dónde había visto a sus hijos jugando por última vez.

    Mis hermanos y hermanas judíos en Manchester, Inglaterra, no tuvieron tanta suerte. Hay una sensación de alivio que suele llegar al final de Yom Kipur, pero que no llegó este año. Recuerdo esa sensación de los Yom Kipur de mi infancia, junto a mi madre en la sinagoga. Ella me rodeaba suavemente con el brazo y me apretaba el hombro, mientras el último toque del shofar llenaba el santuario. Recuerdo la sensación de alivio que me invadía: ¡por fin podíamos comer!

    También recuerdo el alivio que invadía a mi madre por haber superado ambas la prueba existencial del juicio de Dios. Me parecía extraño que estuviera tan aliviada, como si el hecho de que aún estuviéramos allí de pie, mientras tres estrellas emergían en el cielo, significara que, de hecho, habíamos sido selladas en el Libro de la Vida. Lo que entonces no sabía, pero ahora entiendo, es que ella estaba aliviada de que mi padre —de bendita memoria—, quien luchaba con serios problemas de salud que yo desconocía en ese momento, hubiese sobrevivido otro año, y hubiese podido estar una vez más en la bimá como nuestro rabino. La sensación de alivio era palpable, aunque yo no supiera realmente de qué se trataba.

    Este año, mientras sonaba el shofar, abracé a mi hija, aferrándome a su inocencia, sabiendo que hay tantas cosas en este mundo que la amenazan. Rezo para poder protegerla.

    Con el segundo aniversario del 7 de octubre atormentándonos, ¿qué hacemos cuando Yom Kipur termina sin un suspiro de alivio? ¿Cómo avanzamos con valentía, sin saber lo que nos deparará el mañana?

    Este año, al terminar Yom Kipur, corrimos a casa para revisar nuestros teléfonos después de haber estado sin ellos durante 25 horas. En el extremo occidental del mundo judío nos topamos con la tragedia de Manchester: fieles judíos embestidos, apuñalados y asesinados en su sinagoga. Fieles de otras comunidades fueron llevados a casa con protección policial. El trasfondo: un antisemitismo brutal en el Reino Unido que ha estado creciendo como un hervidero, no bajo la superficie, sino en las calles de Londres. Escolares judíos han sido acosados en los autobuses públicos. A nadie le sorprende que esto haya sucedido. Y a nadie le sorprende que a nadie le sorprenda que haya sucedido. No hubo alivio al final de Yom Kipur.

    Este año corrí a casa para ver si mi hijo, quien está a punto de completar el entrenamiento avanzado en las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), había sido desplegado según lo previsto. No, resulta que los planes cambiaron. Un alivio, aunque temporal. Es solo cuestión de semanas antes de que le encomienden proteger a los israelíes de los mismos ataques que acaban de devastar la sinagoga en Manchester (varios intentos fueron interceptados o frustrados en los últimos días en varias carreteras de Israel). Mi hijo se ha ofrecido como voluntario en las FDI; lo menos que yo puedo hacer es vigilar las cámaras en Beverly Hills.

    Este año también corrí a casa para ver si había alguna noticia sobre la posibilidad de «paz», sabiendo que, sea lo que sea que eso signifique, no es paz sino un paso hacia la calma de la locura, del sufrimiento, de la angustia. El destino de los rehenes sigue pesando mientras rezamos por su regreso a casa. Mientras escribo esto, el día después de Yom Kipur, todavía no hay alivio en ese aspecto. Solo la cuerda floja emocional de avanzar lentamente hacia cualquier titular que aparezca, tratando de interpretar su significado. Con el segundo aniversario del 7 de octubre atormentándonos, ¿qué hacemos cuando Yom Kipur termina sin un suspiro de alivio? ¿Cómo avanzamos con valentía, sin saber lo que nos deparará el mañana?

    En tiempos de calma, cuando el peor escenario en Sucot era la lluvia, la sucá nos recordaba que debíamos ser humildes y agradecidos, y no dar por sentada nuestra seguridad. Ahora que vivimos en un mundo donde la seguridad judía se ve amenazada, la sucá cobra un nuevo significado

    Este año, al salir de Yom Kipur, puede que aún nos sintamos maravillados, atrapados ante la luz de un mundo vasto y complejo que no comprendemos. Ese asombro y maravilla —lo que llamamos yirá en la tradición judía— es la fuente de nuestro valor. Nos aferramos a la posibilidad de que la sucá shalom, el manto de paz de Dios, se extienda en los próximos días. La frágil sucá es nuestra protección espiritual mientras deambulamos por lo desconocido.

    En tiempos de calma, cuando el peor escenario en Sucot era la lluvia, la sucá nos recordaba que debíamos ser humildes y agradecidos, y no dar por sentada nuestra seguridad. Ahora que vivimos en un mundo en el que la seguridad judía se ve amenazada, la sucá cobra un nuevo significado. No es solo un lugar de reunión y convivencia, sino un recordatorio de que nuestra fuerza como pueblo vibra a través de siglos de toques de shofar. No debemos acobardarnos por el miedo, sino reunirnos con alegría.

    Mi sinagoga puede tener más cámaras de seguridad que festividades (lo cual dice mucho sobre este momento de la historia judía), pero al igual que las cámaras, cada festividad ofrece una perspectiva sobre cómo vivir, practicar y orar. Sucot nos invita a aceptar la inevitable incertidumbre, y a llevar la inspiración de los Diez Días de Reverencia al nuevo año, para que podamos dar paso a la alegría de la resiliencia en lugar de quedar paralizados por el quebrantamiento.

    ¿Cómo generamos esa alegría? La alegría se conserva cuando abrazamos a nuestros hijos y velamos por el bienestar de todos. La alegría se amplifica cuando nos reunimos con un propósito común. La alegría se trasmite a través de historias, música y recetas. Con un compromiso renovado de hacer el bien, podemos esforzarnos por restaurar la luz del aprendizaje y la sabiduría, del jésed, la compasión y la valentía. Sucot viene a darnos ánimo cuando nos sentimos inseguros e inestables. «¿Recuerdas ese nudo en el estómago el otro día en Yom Kipur? No era solo hambre. Era real. Y es normal. Sigue adelante. Tú puedes. Elige maravillarte en lugar del miedo. Elige la vida. Tienes una tradición y una comunidad en las que apoyarte».

    Las festividades judías son el escenario en que expresamos nuestra resistencia espiritual. Encontremos valor en la vulnerabilidad de Sucot, sabiendo que nuestra tradición nos invita a enfrentar el miedo de frente. Hemos pasado por esto antes, y podemos generar alivio espiritual.

    *Miriam Heller Stern es directora ejecutiva de la ONG Constructores de Educación Judía en Los Ángeles, California.
    Fuente: The Times of Israel.
    Traducción Sami Rozenbaum, Nuevo Mundo Israelita.

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    Yossi Bentolila
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