Beatriz W. de Rittigstein*
Como judíos latinoamericanos, hemos tenido numerosas conversaciones acerca de la parálisis de las organizaciones judías y de los propios judíos estadounidenses frente a las manifestaciones de cruento antisemitismo a lo largo y ancho de EEUU; por supuesto, nutridas críticas e incluso reclamos por la falta de contundentes reacciones frente a las injustas acusaciones contra Israel tras los brutales ataques terroristas del 7 de octubre de 2023. Todo ello resulta de muy grandes generalizaciones y muy parciales visiones, pues también somos testigos de protestas, marchas y actividades que desenmascaran a los grupos pro-Hamás.
Reflexionando sobre este tema, pienso que hay una variedad de razones que se van sumando y dan ese producto que nos resulta tan penoso; justo lo estuve conversando con mis hijas hace pocos días. En primer lugar, los jóvenes judíos estadounidenses no tienen una gran identificación con Israel; hay una relación, pero no es esa firme e inquebrantable conexión que forjamos en las comunidades latinoamericanas. Como ejemplo, esta pequeña experiencia: una señora americana me comentó que le pareció “muy lindo” que, cuando estuvo en Argentina, en los actos comunitarios se cantaba el Hatikva… Lo que quiere decir que en los actos en EEUU no lo hacen, al menos no en los actos no organizados por los latinos, porque en los nuestros sí y con mucho orgullo, junto con el himno estadounidense.
(Foto: Radio Jai)
Otro caso impactante: cuando mi hija mayor estaba cursando su doctorado, un compañero se dio cuenta de que es judía y la invitó a ella y a su esposo a un Séder de Pesaj. En la Hagadá que les dieron había una página en blanco para que escribieran sus buenos deseos hacia los palestinos… no para el pueblo judío y el mundo.
Esa débil identificación con Israel se debe, principalmente, a que la inmensa mayoría no asiste a colegios judíos; Miami es una excepción en todo este asunto, y realmente, si se quiere cambiar lo que ocurre en EEUU, obligatoriamente se debe ayudar a que todos los niños judíos reciban educación judía. El problema básico es que los colegios judíos son carísimos, un costo casi inalcanzable para las familias de clase media, por lo que entre las soluciones se deben buscar donaciones para invertirlas en numerosas becas y ayudas para ese propósito, e incluso establecer alianzas con los gobiernos estatales y con el federal. Por algún motivo, los colegios musulmanes consiguen la totalidad de las becas necesarias.
Aclaro que los colegios públicos son de muy buena calidad, especialmente los ubicados en zonas de clase media para arriba, y hay quienes piensan que al pagar unos impuestos tan elevados es un beneficio contar con una buena educación “gratuita”, pues a eso van los impuestos; tal vez se podría negociar ese asunto con las autoridades.
Otra cuestión: por todo Estados Unidos existen excelentes campamentos de verano de organizaciones judías sionistas; también son caros, y las familias deben hacer enormes esfuerzos para pagarlos, por lo que las ayudas también deberían reforzarlos.
En Miami funciona Macabi y hace una encomiable labor con niños, adolescentes y jóvenes judíos. Macabi funciona en otros estados, incluso se relacionan entre sí, pero no sé cuán exitosos sean; es importante una investigación al respecto. No hay duda de que instituciones como Jabad y Hillel realizan una admirable labor en las universidades, pero creo que se debería realizar un estudio a fin de hacerlas más efectivas.
También incide en la endeble identificación con Israel el que las poblaciones judías no se organicen como las comunidades en América Latina, sino por sinagogas, y cada una trabaja por su lado, sin tener que ver una con la otra; son independientes y resuelven como mejor les parece. No constituyen un centro unido y de consenso.
Por otra parte, las grandes organizaciones judías son independientes y compiten entre sí (no se ayudan). Así, se equivocaron en el diagnóstico y no vieron venir lo que ya enfrentamos.
También incide en la endeble identificación con Israel el que las poblaciones judías no se organicen como las comunidades en América Latina, sino por sinagogas, y cada una trabaja por su lado, sin tener que ver una con la otra; son independientes y resuelven como mejor les parece
Lo que vivimos tras el 7 de octubre de 2023 se venía preparando desde hacía años, y una de las alertas debieron percibirla en 2020 con el asunto del asesinato de George Floyd en Minnesota. Debemos considerar que ese primer estallido, precisamente en esa ciudad, no fue casual; ello trajo una ola de fuertes protestas y claras manifestaciones de antisemitismo por todo el país. Muchos de nosotros vimos que la extrema izquierda estaba detrás, que hubo grupos como Antifa y Black Lives Matter (BLM) que fomentaron distintos tipos de odio violento contra los blancos, contra las policías, contra los judíos, etc. Esas manifestaciones de 2020 fueron el preludio, el ensayo previo a las de octubre de 2023 y hasta el presente. Las organizaciones judías se desorientaron. Muchas (si mal no recuerdo fueron unas 500) firmaron una absurda carta pública de apoyo a BLM, una organización que mostraba ser furibundamente antisemita, y la publicaron un domingo a página completa en The New York Times; mayor estupidez imposible…
Aquí no existe una organización como ACOM en España, y es muy necesaria. En descargo puedo decir que, con el desborde del antisemitismo, se ha producido en EEUU una positiva toma de conciencia del peligro que conlleva; han ido surgiendo jóvenes líderes muy capaces, y algunas nuevas organizaciones que incorporan a muchos latinoamericanos y que han venido trabajando con acierto; pero por lo pronto, solo son una esperanza con algunos logros. Primero se debe trasformar la educación judía y, en su defecto, la educación no formal y los campamentos vacacionales.
A muy grandes rasgos, estos son los principales problemas.
*La autora es politólogo, miembro de la Comisión de Análisis de Hatzad Hashení.
1 Comment
Excelente artículo. Coincido con lo expuesto, lo cual observé desde hace aproximadamente 20 años, cuando los hijos de emigrantes judíos venezolanos en Florida no podían aspirar a estudiar en los colegios judíos por su alto costo y falta de becas. Ojalá los grandes donantes judíos, desilusionados de Harvard y similares, pudieran redirigir donaciones a los colegios judíos para hacerlos más asequibles