Este jueves arribo B’H a mis 67 años, rodeado de afectos como base central de estabilidad emocional y motivacional, siendo la familia el sostén, escudo y fortaleza para seguir recorriendo el camino, en un mundo que hoy se torna bizarro, donde nuevamente después de casi un siglo, vuelve a recorrer la senda del odio antisemita, judeófobo, ya no se esconde con el disfraz antisionista. Ya se quitó la máscara, lo vemos en la profanación de sinagogas, cementerios, escuelas e instituciones en todas partes de mundo, o impidiendo que turistas judíos de cualquier edad inclusive niños, disfruten un campamento, o sean bajados de un avión, desalojados de un restaurante, en fin, viendo en perspectiva, ya el mundo no es “indiferente” como expresaba Elie Wiesel en lo que significó el Holocausto; ahora el mundo, a través de gobiernos, movimientos, artistas, redes sociales, etc., ha fijado una posición clara a favor de los bárbaros, esos mismos que cometen atrocidades en el Congo, en el Líbano, en Yemén, en Siria, en Iraq, en Irán, pero que pasan inadvertidos, ya que los ojos del mundo están puestos sobre Israel, a través de una campaña global y multimillonaria que lo ha tratado de demonizar y deslegitimar, a pesar de su lucha existencial por sobrevivir, desde el mismo día en que dio su primera bocanada de aire como Estado Moderno, en la misma tierra que ha detentado en mayor o menor medida en los últimos 3000 años.
Este cumpleaños lo paso con familia y amigos, siempre con la esperanza de ver en vida una paz duradera para Israel, en armonía con sus vecinos, refiriéndome en esta ocasión a los palestinos, al Líbano, a Siria y a Arabia Saudita; que los Acuerdos de Abraham sean un bloque enorme que aplaste los radicalismos, la imposición de una Guerra Santa que solo ha traído víctimas, sufrimiento, esclavitud, horror y pobreza a los pueblos sumidos en esa consigna barbárica.
Quiero celebrar mi cumpleaños, y los meses que le siguen, con buenas noticias de paz entre Rusia y Ucrania, el arribo a Gaza de un liderazgo responsable que busque la coexistencia, el reconocimiento y la cooperación con Israel, que América Latina se enrumbe hacia el camino de la prosperidad, libertades amplias en todos los aspectos de la vida ciudadana, sin imposiciones ideológicas o dogmáticas, que el deporte y la cultura nos unan sin importar nuestras diferencias.
Como saben, amigos lectores, ya desde hace 17 años después de practicar deportes como el béisbol, el softbol y el tenis, que me han traído tantas satisfacciones, me he dedicado al running, que me mantiene enfocado y disciplinado, por lo que puedo decirles que la edad no define nuestras capacidades ni nuestros sueños.
El Altísimo siempre nos da una nueva oportunidad todos los días, para seguir trazando el rumbo y para cumplir nuestras metas. Los años que acumulamos nos sirven como herramienta que utilizamos para el bien, por el cúmulo de experiencias vividas, buenas y no tan buenas, pero nos van formando justamente para seguir sirviendo en la evolución y fortaleza familiar, en el desempeño y liderazgo en la comunidad, en el abrazo con los panas y en el darlo todo en las competiciones donde participemos.
A quienes me leen, los invito a levantarse cada mañana con agradecimiento, con propósito, abrazar los desafíos, porque como en una carrera, lo que cuenta no es solo llegar a la meta sino, y más importante, el camino recorrido y quienes nos han acompañado en él.