Las Actas de Independencia de dos de las más grandes naciones del continente americano se firmaron casi el mismo día, aunque con 35 años de distancia. Pero como si esta “coincidencia” fuera poca, la Guerra de independencia norteamericana se inició el 19 de abril de 1775, el mismo día, con 35 años de distancia, del inicio hacia la independencia de Venezuela, cuando el 19 de abril de 1810 tuvo que renunciar Vicente Emparan como Capitán General ante la animadversión que producía en el pueblo, dando inicio a la emancipación que más adelante conquistaría la libertad con Simón Bolívar a la cabeza.
Los judíos jugaron un papel muy importante en ambos hechos históricos y trascendentales, como lo fue en el caso de la nación norteamericana el aporte decisivo que Haym Salomón propició mediante la inyección de fondos imprescindibles para la guerra, dentro de lo cual los historiadores hacen mención especial a un préstamo que fue crucial para la campaña de George Washington en Yorktown.
Salomón fue un inmigrante judío polaco que llegó a Nueva York en 1775 y tuvo un éxito extraordinario en la bolsa, como emprendedor financiero y altruista, lo que le permitió obtener un importante caudal económico que utilizó en gran parte para las causas más nobles del país que lo acogió, invertir en su libertad; y vaya que sus aportes e influencias fueron tan útiles que dieron un impulso vertiginoso para la conquista de la soberanía norteamericana, firmada en el histórico salón de la Independencia de Filadelfia.
Haym Salomón, quien financió la lucha por la independencia de Estados Unidos
(Imagen: Wikiwand)
Salomón nació un 7 de abril de 1740 en Leszno, Polonia, falleciendo e 6 de enero de 1785, por lo que tuvo una corta vida de solo 45 años, tiempo que el Creador le concedió para el Tikum Olam, mejorar al mundo en libertad, en soberanía y en búsqueda del camino que cada nación se proponga, siempre en beneficio de su gente.
Por el lado de Venezuela, también los judíos tuvieron un papel transcendental, al socorrer al Libertador en momentos oscuros y desesperanzadores como lo fue la pérdida de la Primera República. Pero el apoyo irrestricto de David Castillo Montefiore, quien fue uno de sus grandes financistas, así como de Joshua Naar, quienes le hacían llegar cuantiosos recursos económicos a Bolívar a través del almirante Brión.
Los historiadores también han mencionado a Joseph Curiel por 1818, cuando se presentó en Angostura ofreciendo el apoyo de los judíos del Caribe, que no solo se limitó al aspecto económico, ya que militares activos como Benjamín Henríquez participaron en la Campaña Admirable y en la Expedición de los Cayos. En 1816, Henríquez fue enviado por el Libertador a Curazao a fin de reclutar hombres para la lucha independentista; en 1818 fue ascendido al grado de teniente coronel.
Samuel Henríquez fue otro judío que alcanzó el grado de capitán, y Juan Bartolomé de Sola llegó nada más y nada menos que al grado de General de Brigada del ejército patriota.
El aporte judío en todos los ámbitos de la guerra fue un factor clave en la independencia de Venezuela, tanto que el 6 de mayo de 1819, a dos años de la insigne Batalla de Carabobo, el gobierno de Nueva Granda emitió un decreto que acordaba a los miembros del “pueblo hebreo” el derecho a establecerse en su territorio con garantías de libertad religiosa, lográndose que el 22 de agosto de 1821 fuera abolido el despótico tribunal de la Inquisición, lo que permitió que un gran contingente de familias judías de Curazao se mudara a nuestro país.
También para confirmar estos convenios, en 1829 se firmó un tratado entre Holanda y la Gran Colombia, que como se sabe estaba conformada por Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá, según el cual se garantizaba la libertad religiosa a los súbditos holandeses en el territorio de la Gran Colombia.
Así que estimados lectores, tanto ayer como hoy el pueblo judío, ya en su gran mayoría nacido en estas tierras de gracia y bendición, ha sido un factor para el progreso, el bienestar y la fraternidad tan necesarias.