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    25 años después, ¿qué piensan los “hijos de Oslo”?

    Published by Sami Rozenbaum on 27 septiembre, 2018
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    Tamara Zieve y Khaled Abu Toameh*

     

    Conversaciones con jóvenes israelíes y palestinos que nacieron en 1993 para descubrir cómo ven el mundo que aquellos acuerdos crearon

     

     

    Imagen icónica: Itzjak Rabin y Yaser Arafat, tras firmar los Acuerdos de “Oslo I” en los jardines de la Casa Blanca ante un entusiasta Bill Clinton, el 13 de septiembre de 1993 (foto: Reuters)

     

     

     

    Hace un cuarto de siglo, el 13 de septiembre de 1993, el fallecido primer ministro Itzjak Rabin y el jefe de la OLP, Yaser Arafat, estaban de pie junto al presidente estadounidense Bill Clinton ante la Casa Blanca, y se dieron la mano, lo que marcó un momento histórico tras la firma del primer Acuerdo de Oslo. Para muchos, ese momento rebosaba con la esperanza de que una paz duradera entre Israel y los palestinos estaba al alcance de la mano.

    Los aspectos cruciales del acuerdo eran el reconocimiento palestino del derecho de Israel a existir y el reconocimiento israelí de que la OLP era la representante legítima del pueblo palestino. La división de Cisjordania (Judea y Samaria) en las áreas A, B y C, cada una con un diferente nivel de autonomía, y la intención declarada de Israel de retirarse tarde o temprano de Cisjordania y la Franja de Gaza, fueron otros logros sin precedentes.

    “Creo que todavía existe una mayoría aquí en Israel que está a favor de una solución, pero solo si vemos que existe un socio verdadero del otro lado”

    Shaked Cohen-Dor, israelí de Jerusalén

    Los palestinos e israelíes que nacieron ese año pueden solo revivir aquel momento a través de la euforia o el escepticismo que sintieron sus padres. Ellos solo tenían dos años de edad cuando a Rabin lo asesinó un miembro de su propio pueblo, siete cuando el proceso de paz colapsó en Camp David, y pasaban de la escuela primaria a la secundaria cuando la Segunda Intifada —que algunos llamaron la “Guerra de Oslo” o “Guerra de Arafat”—, de cuatro años de duración, estaba en su punto álgido.

    The Jerusalem Post conversó con algunos “bebés de Oslo”, que actualmente son jóvenes adultos de 25 años, para averiguar cómo ven esos acuerdos y la realidad que crearon mientras ellos se incorporaban al mundo.

     

    Shaked Cohen-Dor, de Jerusalén, siente que el optimismo por el proceso de paz se desvanece al paso de los años. “Había la esperanza de que los Acuerdos de Oslo traerían paz, pero de alguna manera hemos perdido esa esperanza”, dice. También comenta que después surgió la ilusión de que acciones unilaterales, como la “desconexión” de Gaza en 2005, podrían traer seguridad y hacer avanzar el proceso de paz, pero esas acciones “incluso empeoraron la situación”.

    “Actualmente estamos atorados en el statu quo”, lamenta Cohen-Dor, quien menciona la famosa cita de Abba Eban de que “los árabes nunca pierden una oportunidad de perder oportunidades”, y opina que la solución de dos Estados no será alcanzable mientras Mahmud Abbas esté al mando de la Autoridad Palestina. “El hecho es que Abbas no está preparado para aceptar que haya dos Estados en los que Israel sea un Estado judío”.

    Cohen-Dor piensa que se requiere un líder palestino similar al presidente egipcio Anwar Sadat para lograr la paz. “Creo que todavía existe una mayoría aquí en Israel que está a favor de una solución, pero solo si vemos que existe un socio verdadero del otro lado”, afirma. Aunque no espera ningún paso osado por parte del primer ministro Benjamín Netanyahu, cree que él podría trabajar para lograr la paz con un líder distinto en el bando palestino. “Antes lo hemos visto hablar el lenguaje de la paz”, observa. Cohen-Dor dice creer que en un ambiente adecuado, Netanyahu lo haría de nuevo.

    Asaf Abramovich, del moshav Bnei Dror (cerca de Netanya), apoya inequívocamente los Acuerdos de Oslo. “Fue un gran paso hacia la paz, hacia un arreglo para vivir juntos, que no es la situación actual. Produjo el reconocimiento mutuo”, afirma. Hoy en día, sin embargo, siente que las actitudes de ambos pueblos han cambiado. “Hoy no podemos decir si [Oslo] es bueno o malo, porque no vemos ningún proceso”.

    Aunque no cree que Israel esté hoy en el camino de la paz, tiene fe en que regresará a esa ruta en el futuro. “Al final del día, ambos lados quieren vivir en paz y con dignidad; queremos que nuestros niños no tengan que ir al ejército. La gente quiere paz”. Para alcanzarla, opina que el gobierno israelí debe cambiar su enfoque: “El gobierno debe decir qué debe hacerse, y comenzar a trabajar en ello”.

    Tamer Said Nassar, de Ramala —capital de la Autoridad Palestina—, ve los acuerdos como “un gran logro para los palestinos”. Señala: “Antes de los Acuerdos de Oslo, los palestinos vivíamos bajo control militar israelí. Israel estaba a cargo de todo en Cisjordania y Gaza. Gracias a Oslo tenemos nuestro propio presidente, gobierno y policía. He escuchado mucho sobre las dificultades que tenía la gente al tratar con el gobierno militar israelí. Los palestinos necesitaban permiso de Israel en todo lo relacionado con sus asuntos del día a día. No creo que ningún palestino quiera volver a la época anterior a los acuerdos de Oslo”.

    “Antes de los acuerdos de Oslo, los palestinos bajo control militar israelí. Israel estaba a cargo de todo en Cisjordania y Gaza. Gracias a Oslo tenemos nuestro propio presidente, gobierno y policía”

    Tamer Said Nassar, palestino de Ramala

    Nassar continúa: “Ciertamente estamos aún bajo ocupación, pero al menos tenemos nuestro propio gobierno, ministros, policía y bandera, y eso es muy importante. Los acuerdos de Oslo nos traerán eventualmente un Estado independiente. Tengo esperanzas porque estoy convencido de que nunca regresaremos a los días anteriores a Oslo, cuando Israel controlaba nuestras vidas y nos dificultaba mucho las cosas. También aspiro a que la Autoridad Palestina se reforme, se convierta en un mejor gobierno, y nos traiga democracia y trasparencia. Sé que mucha gente está contra Oslo, pero necesitamos ver el lado positivo, y yo veo que nuestras vidas han mejorado desde 1993”.


    Noa Ben David, de Tel Aviv, es también optimista, y expresa su esperanza de que se logre un acuerdo de paz en los próximos años. Ella ve a Oslo como el buen comienzo de un proceso que murió con el asesinato de Rabin. No cree que la paz sea posible con la actual coalición israelí, y no percibe líderes potenciales que puedan llevar el país a la paz. “Pienso que, al fin de cuentas, hay seres humanos en ambos lados, y nadie está satisfecho con la situación actual, nadie quiere que continúe. Quizá suene ingenuo pero creo que esta historia tendrá un final feliz. De otra manera, no estaremos más aquí”.

    Huda Jaber Sadeh, residente de Beit Hanina en Jerusalén Oriental, ve por su parte los Acuerdos de Oslo como un absoluto fracaso. “Mis padres siguen hablando sobre la vida antes de los acuerdos. Dicen que era mucho mejor que ahora. Casi no había puntos de control y la gente podía viajar libremente a Israel o a donde quisieran, incluso a Gaza. Dicen que la vida era menos complicada. Tras los acuerdos de Oslo, comentan ellos, la vida de los palestinos se ha hecho más difícil. Ahora necesitan permiso para entrar a Israel, y no es fácil viajar dentro de Cisjordania con todos esos puntos de control. Vivimos a diez minutos de Ramala, pero a veces se tarda una hora para entrar o salir de la ciudad debido al paso de Qalandia”.

    Sadeh dice que la vida se ha vuelto más difícil también en Jerusalén Oriental después de la firma de los acuerdos. “Vemos más construcciones para los judíos, mientras la municipalidad demuele las de los palestinos por haber sido levantadas sin permiso. La Autoridad Palestina no ayuda y no puede ayudar a los palestinos de Jerusalén. Israel tampoco quiere ayudarnos. A muchos palestinos de Jerusalén no les gusta la AP y la ven como un gobierno corrupto. Los Acuerdos de Oslo no han hecho nada por los palestinos de Jerusalén”.

    Por su parte, Asaf Eisenstadter, de Kfar Saba, en el centro del país, coloca los Acuerdos de Oslo en un área gris. “Es muy difícil saberlo. Los Acuerdos de Oslo determinaron una realidad sin la cual las cosas podrían haber sido muy diferentes. Es difícil saber qué camino habrían tomado las cosas de otra manera”.

    Por una parte, opina, era importante establecer un gobierno palestino, reconocer su derecho a la autodeterminación y comenzar un proceso de separación y paz. “Pero por otro lado, las negociaciones empezaron en secreto y sin un acuerdo nacional, lo que no estuvo bien. Y se hicieron con representantes de una organización terrorista [la OLP]”, con lo que sugiere que una mayor participación de los líderes palestinos locales habría terminado siendo más exitoso.
    Eisenstadter agrega que no se puede ignorar que los acuerdos condujeron a muchos ataques terroristas. Sin embargo, cree que la paz puede estar aún al alcance: “Muchos otros conflictos se han resuelto. Alemania y Europa estaban sumidos en una guerra demencial hace unos 70 años y ahora todo allá está abierto; así que nunca se sabe”.

    *Periodistas israelíes.
    Fuente: The Jerusalem Post. Traducción NMI.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

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    Sami Rozenbaum
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