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VIDA RELIGIOSA

Por: Eitan Weisman

Yom Yerushalaim: ¿Nos hace falta Yerushalaim?

U na vez, el afamado rabí Itzkaj Meir Hacohen de Radin, conocido como el “Jafetz Jaim” ZT"L, recibió una carta de un judío que fue obligado a servir en el ejército polaco; sería enviado a un lugar sin presencia de judíos. El pobre soldado le consulta al rabino qué debe hacer, pues no tiene la posibilidad de rezar con minián ni de ingerir comida kasher. El rabino le contestó: “Si no lo puedes hacer, no desesperes, no es tu culpa. Cuando tengas un momento libre, dirígete a Dios y habla con él. Mientras te comunicas con el Creador, dirige tu mirada hacia el este, para que tus pensamientos estén enfocados hacia Jerusalén. Haciéndolo, te mantienes conectado con el pueblo judío y con Dios”.

Obviamente, un número muy importante de judíos no se encuentra físicamente en Jerusalén; sin embargo, Yerushalayim, de alguna forma, es parte intrínseca de su ser.

¿Qué es lo que hace a la capital eterna de Am Israel tan importante?

Es harto conocida la constante mención de Jerusalén en las plegarias que se enuncian diariamente. Uno de los momentos más dramáticos ocurre en Yom Kipur, finalizando Neilá, cuando se hace sonar el shofar. Inmediatamente todos los presentes expresan “Leshaná habaá birushaláyim” (“El próximo año en Jerusalén reconstruida”). Igual expresión se utiliza al finalizar esas dos noches tan especiales como son aquellas en las que se realiza el séder de Pésaj. ¿Qué hace a la ciudad tan importante para los descendientes de Jacob?

En la ceremonia de compromiso de la pareja, las madres rompen un plato; bajo la jupá, el novio pisa un vaso. En ambas ocasiones, se efectúa para demostrar que aún en momentos de tanta alegría, la felicidad no es completa. Yerusahláim todavía no se encuentra reconstruida totalmente.

Tres de los ayunos del calendario judío conmemoran la destrucción de la capital de David. En tres ocasiones del año tenemos ayuno público por la destrucción de Yerushalaim.

Muchos de los lectores del presente artículo han estado recientemente en la capital de Medinat Israel, y han observado su impresionante belleza. Nada que ver con lo mencionado hasta el momento; entonces, ¿por qué se siguen observando las diferentes costumbres que resaltan el luto por su destrucción?

La tristeza manifestada constantemente por los miembros de Am Israel no se motiva por el hecho de que el templo no esté en pie. Su explicación se debe a una situación más profunda; el sentimiento de tristeza se debe a la falta de ese sentimiento especial que el pueblo de Israel tenía, y no existe más. Estaba presente mientras el Beit Hamikdash estaba edificado.

Para entender lo que refiero, permítanme explicarles que el Judaísmo nos enseña que la presencia divina está manifiesta en el mundo físico. Otras culturas y religiones prometen grandes recompensas en el mundo venidero; el Judaísmo se refiere a este mundo. Tanto la recompensa como el castigo que se manifiestan aquí dependen del comportamiento del ser humano. Para sentir a Dios no es necesario estudiar Cabalá o apartarse de la vida, todo lo contrario. Al comer una manzana y decir la berajá, se debería percibir al Creador. Al salir de la casa y ver el sol y la montaña, allí se encuentra el Todopoderoso.

Hoy no es tan fácil percibirlo, pero cuando el templo estaba en pie se podía sentir fácilmente. Cuando se visita el Kotel (muro de los lamentos) se manifiesta una santidad especial, un contacto diferente con Dios y con la historia. Es fácil imaginar lo que sentían las personas que tuvieron el mérito de entrar al templo. Los milagros que ocurrían allí diariamente, los servicios religiosos, los sacerdotes con sus vestimentas especiales y la presencia divina que se percibía constantemente, hacían a las personas sentir al Creador como una realidad. Pero todo cambió con la destrucción del templo, ya no es tan fácil sentir la presencia de Dios. Ahora se tienen dudas y preguntas. Esa es la motivación de los ayunos que se perdió hace casi dos mil años, la de sentir la presencia divina.

Cuando se le solicita a Dios ya finalizando Yom Kipur “Leshaná habaá birushaláyim”, no se refiere exclusivamente en encontrarse allí físicamente, es el deseo de poder sentirlo y percibirlo, tal como ocurría en la antigüedad. En los momentos más felices de la vida, se recuerda que esta no es completa, no se mantiene la cercanía que hace dos mil años se tenía con el Todopoderoso.

El 28 de Iyar 1976, el ejército israelí liberó la parte antigua de Yerushalaim. Durante 19 años los judíos no podían llegar al lugar donde estaba edificado el templo. Es verdad que aún no se edifica, pero al menos está más cerca de hacerlo. El área en la cual se encontraba está bajo soberanía israelí; se puede acceder al Kotel. Por dichos motivos, se festeja y agradece a Dios esta fecha que se conocida con el nombre de Yom Yerushalaim.

Am Israel afirma que se encuentra al inicio de la redención final; solo falta la construcción del tercer templo para poder sentir al Dios de nuestros antepasados, con la misma intensidad con que ellos lo percibieron. Mucho depende de cuanto se anhele, lo cual se demuestra con el comportamiento y la moral que se exige en la Torá. Si se cumplen dichas premisas, no hay duda de que se cumplirá la petición que diariamente se hace en la parte más importante del rezo: la Amidá, en la cual se ruega al creador “Velirushalaim irjá berajamím tashúv” (“Retorna con clemencia a tu ciudad, a Jerusalén”).

¡Amén!

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