Sucot: En su presencia
14 octubre, 2016
Los nombres judíos del Premio Nobel 2016
14 octubre, 2016

VIDA RELIGIOSA

בס''ד

Yom Kipur 5777

(Discurso ofrecido en la UIC por el rabino Yaakov Kraus)

Queridos mitpalelim,

Un año más estamos aquí reunidos en el día más sagrado para nosotros pidiendo por un año mejor a través de nuestros rezos, el ayuno y la reflexión.

Desde mi corazón les deseo a todos los presentes y sus familiares Shaná Tová con salud y bienestar.

Aprovechemos de pasear por nuestras memorias las vivencias y experiencias agradables vividas durante este año que acaba de terminar y por los errores cometidos para ser borrados y corregidos en el año venidero.

La memoria es el tema que me gustaría compartir con ustedes en esta ocasión. En efecto, me refiero a lo relativo con respecto a este concepto.

Con su permiso les narraré un cuento:

En un apartamento ubicado muy cerca al parque vivía una persona mayor quien no lograba descansar en horas de almuerzo debido a un grupo de niños que jugaban debajo de la ventana de su dormitorio. A pesar de hacer varios intentos de pedirles que jugaran en otro lugar éstos fueron fallidos.

Después de pensar mucho cómo resolver el problema, se le ocurrió algo: les ofreció 10 dólares por cada vez que jugaran frente a su habitación, la propuesta fue muy bien recibida. Durante una semana los chicos aparecían a diario jugando y el Sr. les daba los 10 $ prometidos. Al cabo de esos días el Sr. se disculpó alegando que lo sentía que ya no podía seguir dándoles esa cantidad y ofreció en adelante 5 $... pasaron los días y les dijo que se quedó sin dinero y sólo les podía ofrecer 10 cts. Los niños se molestaron diciendo que por 10 cts no valía la pena y se fueron a jugar a otra parte. El viejo astuto finalmente podía descansar sus tardes.

La memoria de los niños fue manipulada por el Sr. de tal manera que recordaban el dinero olvidando así su objetivo que era jugar.

Nuestra memoria es engañosa, no siempre lo que queremos recordar es lo que debemos recordar y no necesariamente nuestros recuerdos son fieles a la verdad.

Gracias a D_os existe el olvido que nos ayuda seguir adelante olvidando los momento o hechos desagradables. Pero es lamentable recordar hecho reales de forma equivocada.

El concepto llamado memoria colectiva pretende unificarnos bajo un recuerdo común de manera tal que nos enmarca en un solo pueblo.

Un grupo o un pueblo escoge un evento histórico o una serie de sucesos y le van dando forma alimentando con datos, detalles y conocimientos, estableciendo así una identidad y una formación gradual identificada.

La memoria colectiva no fue inventada por los sociólogos de nuestro siglo como piensan muchos, sino por el pueblo judío hace miles de años.

La salida de los judíos de Egipto fue establecida por la Torá y por nuestros sabios como una memoria colectiva a través de los jaguim, los rezos, nuestras leyes y costumbres.

El judaísmo nos indica la manera y la forma que debemos recordar éste evento como pueblo.

De la misma manera recordamos la entrega de la Torá como memoria colectiva bien guiada e instruida. La entrada de los judíos a Israel, así como todos los acontecimientos relevantes en nuestro pasado.

La misma memoria colectiva continuó con el Sionismo moderno y por supuesto como todos sabemos con el recuerdo de la Shoá basados en hechos, datos y fechas. Es por ello que podemos tomar como ejemplo de la memoria colectiva el acontecimiento de la Shoá.

Hoy en día, podemos escuchar personajes académicos de prestigio a nivel mundial negando el holocausto judío con pruebas entre comillas. Argumentando que los 6 millones de judíos es un número imaginario, que las cámaras de gas nunca existieron, que la bestia nazi protegía a los judíos del mal y que han muerto más gentiles que judíos. Por suerte existen hoy en día testigos presenciales que han sufrido en carne propio ese horror e infierno, también tenemos museos con testimonios y documentos que ratifican ese horrible suceso en diferentes lugares del mundo.

Sin embargo, imaginemos al mundo 100 años más adelante.

¿Ustedes creen que sin la memoria colectiva que hemos creado para recordar esta tragedia el mundo sabrá algo sobre este hecho? Más aún… ¿nuestros jóvenes sabrán algo? ¿Quién recuerda la masacre de 1 millón de armenios? y ¿Cuánto tiempo más hablarán de las 500.000 personas entre adultos y niños que han muerto en los últimos 5 años en Siria?

Un pueblo que no establece su memoria colectiva con precisión de generación en generación desaparecerá rápidamente.

Aquellos judíos que deciden adoptar una memoria colectiva de nuestra historia y rechazan otra por alguna razón deben saber, a mi criterio que todos los recuerdos tienen la misma importancia para nuestra existencia.

La salida de Egipto, la entrega de la Torá, la construcción y destrucción de los Templos hasta los acontecimientos de la Nueva Era son un conjunto de recuerdos que se encadenan uno con el otro y permanecen en nuestra historia. Somos parte de esta memoria colectiva obligados a cumplir y creer en esta cadena que va formando y fortaleciendo nuestro pueblo.

Me pregunto y les recomiendo reflexionar en el tema ¿Qué hago en la práctica para encadenarme con ésta memoria colectiva a través de las mitzvot, costumbres y comportamientos que forman parte de mi vivencia judía?

¿Cómo festejo nuestras fiestas? ¿Cómo recuerdo las tragedias y qué aporto yo a las memorias colectivas que nos mantienen como un solo pueblo con una sola religión?

Recomiendo hacer ésta reflexión cada uno consigo mismo, especialmente el día de hoy Yom Kipur, un día elevado espiritualmente. Nuestro cuerpo está en ayuno pero nuestra mente y alma deben estar bien alimentados.

Una anécdota jasídica cuenta que el Baal Shem Tov fundador del movimiento jasídico cuando afrontaba un peligro para el Pueblo, iba a un lugar puntual en el bosque, encendía un fuego divino rezaba un rezo especial y el peligro se anulaba. Su sucesor el Máguid de Mezeritsh cuando se le apareció el mismo peligro, fue al bosque y dijo: no recuerdo el lugar con exactitud en el bosque pero sí puedo proceder al fuego y al rezo, así desapareció el peligro.

El Rabino de la tercera generación, cuando le apareció el peligro fue al bosque y dijo: no recuerdo el lugar exacto, del fuego también me he olvidado pero me queda el rezo y así ha desaparecido el peligro.

En la cuarta generación, al aparecer el peligro, el rabino decía: D_os mío, el lugar hace tiempo fue olvidado al igual que el fuego.. no sé cómo encenderlo. El rezo ya lo hemos olvidado.. lo único que me queda es el cuento. Por favor, sálvanos por eso.

Querido pueblo. Seamos aquellos que siguen con todo lo nuestro tal como lo recibimos de generación en generación y así continuemos, con un cuento maravilloso de un pueblo fuerte, optimista y con plena voluntad para seguir llevando en alto la antorcha del judaísmo.

Que tengamos todos un ayuno fácil. Gmar Jatimá tová.

Am Israel jai.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *


Close