¡Si Dios quiere!
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PARASHÁ

Shelaj Lejá: A recibir

P stá escrito en la Guemará de Shabat (89ª): “Cuando Moshé subió a los cielos, encontró a Dios cosiendo coronas a la letras de la Torá. Le dijo a Moshé: ¿Acaso no hay saludo en tu ciudad? Explica Rashí: ¿Acaso no se acostumbra a saludar en tu ciudad? Le contesta: ¿De qué manera un esclavo puede darle un saludo a su amo? Dios le responde: Debiste haberme ayudado. Dice Rashí: Debiste haberme dado una bendición para que tenga éxito en mi trabajo. Inmediatamente se paró Moshé y dijo: Y ahora que se engrandezca la fuerza del Eterno, como has dicho” (Bamidbar, 14, 17).

Fue justo en nuestra parashá cuando Moshé apela a la “fuerza” de Dios para apiadarse y perdonar a toda la congregación, recurso que resultó muy efectivo, y gracias a él el pueblo judío sobrevivió al castigo, por el pecado de no haber tenido suficiente confianza en el Todopoderoso, y entrar con plena seguridad a la tierra prometida.

¿De qué manera llega a esta conclusión? ¿Cuál es la explicación del relato mencionado? Dice rabí Eliyahu Dessler, ZT”L: “Las coronas de las letras de la Torá representan la perfección que se alcanza por medio de nuestra sagrada Torá. Dios unía estas coronas a las letras de la Torá, porque uno mismo no puede llegar a esta perfección por sus propios medios, solamente si Dios se la da de regalo. Y aquello que preguntó Dios a Moshé: “¿Acaso no hay saludo en tu ciudad?”, de alguna manera diciendo: “¿Tú crees que el ser humano no tiene parte en la labor de alcanzar esta perfección? ¡Está presente la idea de dar un saludo (Shalom), es decir, una bendición sobre la perfección (Shlemut)!”. En otras palabras, ¡existe el concepto de que las acciones de la persona —de una forma u otra— puedan bendecir y engrandecer la “obra de perfección”, hecha por el Todopoderoso!

Moshé cuestiona cómo un esclavo puede darle saludos a su amo, ya que hay lugar para suponer que es imposible agregar algo al tipo de perfección llamado “corona” creada por Dios, pues de manera íntegra se considera un regalo celestial. Y ni la decisión humana ni sus actos podrían jamás llegar hasta ese nivel. Entonces responde Dios: “Debiste haberme ayudado”.

También en la perfección más elevada existe un orificio del tamaño de una aguja creado por el hombre, que sin él dicha perfección jamás podrá descender al mundo físico, pues así lo ha instituido Dios: todo depende de las acciones del ser humano.

¿De qué se trata esta abertura que aporta el hombre? Dice el Maharal (Beer HaGolá): “La ayuda que da quien ha de recibir esta perfección es su disposición a recibirla. Si no hay receptor, tampoco habrá quien la otorgue”. En resumen, la persona debe prepararse a sí misma para recibir perfección, deseándola y rezando a quien tiene toda la capacidad de otorgársela, pues no existe límite ni fin para su misericordia.

A eso se refería Moshé al decir: “Que se engrandezca la fuerza de Dios, como has dicho”. Y a continuación menciona los trece atributos de misericordia (tefilá) que surgen desde lo más profundo del corazón, los cuales tienen la capacidad de revelar lo recóndito y provocar que la influencia divina ligada a la perfección descienda por causa de su gran misericordia.

El gran tropiezo de Israel en este episodio se centró en la falta de deseo de recibir. Los espías generaron sobre sí mismos una visión negativa de la realidad, la cual se tradujo en un eventual alejamiento del Todopoderoso. De esta manera rechazaron la posibilidad de convertirse en el recipiente perfecto para materializar las mitzvot, y a la vez recibir el más alto nivel de bondad que se haya visto: la tierra de Israel.

Debemos aprender que lo que venga de Dios hay que tomarlo, pues todo lo que nos manda es bondad pura.

¡Shabat Shalom!

Yair Ben Yehuda

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