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VIDA RELIGIOSA

Por: Rachel Benchimol

¿Seguimos mereciendo la entrega de la Torá?

A cercándonos a la celebración de la festividad de Shavuot, cuando por primera vez y al pie del Monte Sinaí nos fue entregada la Torá, es válido considerar si, según nuestra actuación como seres humanos sumado a nuestra condición de yehudim, somos merecedores de recibir nuevamente el preciado obsequio que nos garantiza una vida plena, aun en circunstancias difíciles como las actuales.

Sin duda alguna me refiero a la Torá, nuestra guía y manual asertivo, de origen divino, capaz de conseguir en nosotros el alcance del verdadero propósito de la vida que Dios nos otorgó, logrando desarrollar nuestro máximo potencial, para satisfacción personal y complacencia de Dios.

Para mi humilde entender, no sé qué piensen los lectores, las 613 mitzvot contenidas en los preceptos afirmativos (248) y preceptos negativos (365) son la suma de nuestro deber ser como personas en la conducta diaria con nuestro prójimo y con Dios. Por esta razón, concentraré mi atención en el precepto que, según Hilel hazaquén, contiene toda la Torá: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Y bajo esta premisa relataré un episodio contenido en la Guemará, ocurrido en la época de los tanaim.

Hubo una persona que quería convertirse al Judaísmo y entró a la yeshivá de Shamai hazaquén, pidiendo que se le enseñara toda la Torá durante el tiempo en que ella lograra sostenerse de un solo pie. Ante esta extraña petición, Shamai blandió una viga de construcción y lo expulsó del recinto, indicándole que con mucho esfuerzo podría obtener el conocimiento entero de la misma.

Ante esta afirmación la persona intentó esta vez probar en la yeshivá de Hilel, haciéndole la misma extraña petición, pero obteniendo una respuesta diferente; Hilel le respondió con seguridad: “Ama a tu prójimo como a ti mismo; el resto de la Torá son simplemente comentarios acerca del mismo punto”.

“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19-8) es un precepto fundamental de la Torá que debe gobernar nuestras vidas. Aquel que lo cumple es considerado como si cumpliera toda la Torá. Amar al prójimo es no causarle perjuicios, directa o indirectamente, no ofenderlo ni hablar mal de él.

¿Quién es mi prójimo? Es todo aquel en Am Israel, que no soy yo mismo pero del que formo parte. ¿Qué quiere decir esta respuesta? El pueblo de Israel es uno solo con diferentes visiones de lo que es ser judío, pero todos coinciden en un punto: son parte de un mismo entorno. No existen varios pueblos de Israel, existen varias visiones dentro de Am Israel que han enriquecido nuestra esencia como pueblo.

“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19-8) es un precepto fundamental de la Torá que debe gobernar nuestras vidas.

Nuestra prioridad es entender la importancia de esta mitzvá. De hecho, el valor numérico de Ve’ahavta et Adonay eloheja bejol levavjá es igual al valor numérico de Ve’ahavta lere’aja kamoja ani Adonay, dando a entender lo importante y parecido que es amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos y el amor a Hashem.

Uno de los principales problemas que existen es la necesidad de entender la importancia del amor al prójimo, y cómo el cumplimiento de esta mitzvá nos ha ayudado a crecer como pueblo. Amar al otro es entender sus miedos, sus necesidades, sus anhelos. Ver al otro crecer y ayudarlo en ese proceso me tiene que producir alegría, y más aún en los malos momentos en que se requiera de mi presencia, debo estar allí dando lo mejor.

Entender que los triunfos de mi prójimo son los míos propios, y que sus fracasos lo son también, nos hace parte de una esencia en conjunto, parte de ser judíos, donde cada pieza es clave y fundamental para nuestra supervivencia. Tal como podríamos decir, todos estamos en el mismo barco y a la hora de las chiquitas, sin distinción ni diferencias, debemos dar la cara el uno por el otro.

Otra premisa fundamental para cumplir y entender este precepto es aplicar el principio de “no hacer a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”. El trato diario hacia nuestros semejantes debe ser amable y cordial sin distingos de ningún tipo, máxime a nuestros empleados y personas que tengamos a nuestro servicio por circunstancias distintas.

Partiendo de la base de que Dios decidió entregar la Torá al pueblo de Israel solo cuando los vio y percibió realmente como am ejad y lev ejad, es muy necesario en estos momentos de plegaria constante hacia Hashem que nosotros, en nuestra querida kehilá de Venezuela, veamos los unos por los otros ocupándonos constantemente de las necesidades de nuestro prójimo, no solo prestando ayuda económica, sino brindando nuestro apoyo y solidaridad a quien lo necesite, inclusive con una sonrisa.

Debemos sostener, fortalecer, consolar, mantener y cubrir las necesidades de nuestro prójimo, pues así dice Hashem: “Si me amas, ama también a mis hijos, alégrate con sus éxitos, procura ofrecerles tus bondades y participa en sus angustias. Tal como te gustaría que se condujesen contigo, condúcete con tu compañero”.

Aprovechemos los días previos a Shavuot, no solo como preparación para la entrega de la Torá, sino para hacer jésed con nuestro prójimo, ayudar como podamos, y así alcanzar el nivel de compenetración logrado al pie del Monte Sinaí, para que Dios nos vea nuevamente merecedores de poseer la Torá kedoshá y con ella ver cumplidos todos nuestros anhelos personales y comunes, representados en el bienestar y prosperidad de la mejor kehilá del mundo, nuestra hermosa comunidad judía de Venezuela.

¡Jag Saméaj para todos!


Agradezco al rabino Samuel Benarroch, quien en esta ocasión me brindó parte del material e información para preparar este artículo.

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