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VIDA RELIGIOSA

Relación padres-hijos: un deber


Eitan Weisman
Rabino de la Unión Israelita de Caracas
rabinoeitan@gmail.com

E n la parashá que se leerá esta semana se enuncian las Aséret Hadibrót (Los Diez Mandamientos). El quinto de ellos ordena: “Honra a tu padre y a tu madre de modo que vivas la larga vida sobre la tierra que Hashem, tu elokim, te da”.

De acuerdo a nuestros sabios, uno de los motivos por los cuales las Aséret Hadibrót estaban impresas en dos tablas se refería al hecho de representar la primera los mandamientos entre el hombre y Dios, mientras que la segunda se refiere a lo relacionado entre el ser humano y sus semejantes.

Obviamente, surge la interrogante sobre la motivación de colocar el mandamiento de honrar a los padres en la primera tabla, pues es evidente que los progenitores son tan humanos como el que más.

El Talmud dice: Shlosha shutafin baadam (“Son tres socios en la creación del ser humano: su padre, su madre y Dios”). Los padres proporcionan las cualidades físicas y Dios la parte espiritual del humano, su alma. Entonces, si los padres son socios de Dios en la concepción de las nuevas generaciones, se puede entender que al no respetarlos es una falta de respeto para con Dios también. Es ese el motivo por el cual el Creador ordena respetarlos. Cualquier falta contra los progenitores es una afrenta directa al Creador.

Un principio básico de la fe judía se refiere al hecho de que se debe observar un mandamiento no por lo lógico del mismo, sino que se debe cumplir porque fue ordenado por Dios. Independientemente de ser un precepto de fácil o difícil cumplimiento, elaborado o no, entendible o no, por el hecho de provenir del Todopoderoso debe ser cumplido

Otra motivación puede desprenderse de la afirmación que sostiene que la continuidad de la milenaria religión y tradición judías dependen del respeto que los hijos muestren a sus padres. El sistema educativo del Judaísmo asigna totalmente la responsabilidad de la educación de los hijos a los padres. A pesar de existir colegios en los cuales los maestros, actuando en representación de los padres, educan a los jóvenes, la mayor parte de la instrucción ocurre en casa, no en la escuela. De nada sirve la enseñanza de moral y ética en la escuela, si en la casa el joven observa una actitud opuesta a lo aprendido en sus horas de estudio. El joven debe tener en sus padres el ejemplo a seguir en cuanto al comportamiento, la tradición y la fe en Dios.

Lamentablemente, en las últimas décadas la autoridad de los padres se ha visto disminuida, no son ya el ideal a quien parecerse. Como consecuencia, una de las primeras bajas en esta situación es la larga y milenaria cadena de trasmisión de la manera de ser de Am Israel; en otras palabras, la asimilación.

En su infinita sabiduría, Dios anticipó lo que ocurriría, y por lo tanto ordena de manera especial el respeto a los padres; es el único de los Diez Mandamientos que informa de la recompensa por cumplirlo. Cumplir este quinto mandamiento de alguna manera garantiza que se observen los cuatro precedentes y se mantenga vigente el eterno mensaje de la Torá, que con la acción difunde Am Israel.

Un principio básico de la fe judía se refiere al hecho de que se debe observar un mandamiento no por lo lógico del mismo, sino que se debe cumplir porque fue ordenado por Dios. Independientemente de ser un precepto de fácil o difícil cumplimiento, elaborado o no, entendible o no, por el hecho de provenir del Todopoderoso debe ser cumplido.

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