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VIDA RELIGIOSA

Purim: Aquí estamos para actuar


Eitan Weisman
Rabino de la Unión Israelita de Caracas
rabinoeitan@gmail.com

¿Q uién no conoce los hechos relatados en la Meguilá Esther? Nuestros sabios establecieron la lectura de la Meguilá para la noche y la mañana de Purim. En la misma se menciona el plan del malvado Hamán, quien pretendía exterminar al pueblo judío. Los hechos se revierten, y él y sus hijos pierden la vida, resultando victorioso Am Israel, por tanto la fecha es de enorme regocijo para Benéi Israel.

La heroína de esta historia es la reina Esther. Se trata de una judía huérfana que fue criada en la casa de su tío Mordejái, y que se convirtió en la reina del imperio, es ella quien salva a su pueblo.

Si se analiza el desempeño de Esther, se notará que su personalidad tuvo un cambio drástico. Inicialmente, su comportamiento corresponde al de una mujer pasiva y sumisa. Es obligada a ir al palacio real en el cual será una de las candidatas a reina, no pide nada que la pueda ayudar a destacar por sobre sus competidoras. No revela su origen, ya que así se lo exige su tío, cumpliendo con su mandato aun después de haber ser escogida como la nueva reina del imperio.

Sin embargo, ya finalizando la narración del relato, se nos muestra a una Esther totalmente diferente, pues se convierte en una mujer activa y creativa que invita al rey y a su ministro Hamán a dos banquetes, en los cuales planifica hacer caer en desgracia al enemigo de la nación hebrea. Se enfrenta al monarca para hacerle ver la necesidad de anular los designios de Hamán. Ella (conjuntamente con Mordejái) establece la celebración de Purim para conmemorar el milagro ocurrido.

¿Qué pasó? ¿A qué se debió el cambio de actitud? Cuando Mordejái se entera del decreto de Hamán, refrendado por el sello real, inmediatamente solicita a Esther que interceda ante el monarca y anule la orden de exterminio. Para su sorpresa, la reina se niega. Existen ciertas reglas: acercarse al rey sin haber sido convocado puede significar un inminente peligro. La vida está en riesgo.

Mordejái le envía entonces un mensaje sumamente fuerte. No se trata de una comunicación privada entre él y su prima; es un mensaje dirigido a cada miembro del pueblo judío. Mordejái dice: “No creas dentro de tu alma que has de escapar de la casa del rey más que cualquier otro judío. Por cuanto si en este momento callas, vendrán el socorro y liberación para los judíos de otra parte. Pero tú y la casa de tu padre perecerán, y ¡quién sabe si tú no has ascendido a la realeza para un momento como este!”.

Este es el instante en el cual ocurre una inflexión en el comportamiento de Esther. Ella entiende que cuando el destino de su pueblo está en juego, no existe lugar para la duda y el temor. Comprende que su miedo es la excusa por no estar clara en la misión que debe cumplir. Entiende que Dios la puso en ese lugar, momento y posición, no se trata de casualidades. Debe actuar sin miedo, dejando de lado sus intereses personales por el bien de su pueblo. Es en ese momento en el que decide ser el instrumento divino para salvar a Benéi Israel. Su única petición a Mordejái se refiere a que solicite a todos los judíos que se le unan en ayuno y oraciones que se prolongarán por tres días, para que con esa energía y voluntad del pueblo ella inicie la misión.

El mensaje está siempre vigente: cada uno de nosotros está ubicado en el lugar y en el momento para el cual el Creador lo envió a este mundo para ejecutar su misión, para ser su mensajero en esta dimensión material. Es fácil afirmar: “¿Quién soy yo?”, “Yo no puedo cambiar nada”, “Existen otras personas mucho más preparadas”. Son excusas. Si somos verdaderamente honestos, nos daríamos cuenta de que en situaciones en las cuales nuestro interés es cierto, no dejaríamos de hacer el esfuerzo, no cejaríamos en hacer el intento.

Debemos estar conscientes de que tenemos una responsabilidad en este mundo, lo que nos ayudaría a decidir adecuadamente cómo debemos actuar. Es nuestro deber tratar de mejorar la situación donde estimamos necesario. Considerar que somos únicos, ninguna otra persona podría cumplir la misión que a nosotros se nos encomendó. Si alguna otra persona pudiese lograr el objetivo por el cual fuimos traídos a este mundo, entonces Dios no hubiese necesitado de cada uno de nosotros. Nuestra alma existe desde antes de nuestro nacimiento, y seguirá perdurando aun después de nuestra desaparición física. Es por ello que el haber sido colocados por el Creador en este lugar y este momento, no es producto de la casualidad y no es en vano. Existe una misión que debemos cumplir, tal como Esther. Si no logramos el objetivo, como lo mencionó Mordejái, otro lo hará. Con esa actitud perderíamos la oportunidad.

Hagamos como la heroína de Purim y manifestemos tal como lo hizo ella: “Aquí estamos para actuar”. ¡Dios hará el resto por nosotros!

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