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PARASHÁ

Mishpatim: de ángeles

“H e aquí que yo mando un ángel delante de ti para cuidarte en el camino, y para llevarte al lugar que he preparado. Cuídate de él y escucha su voz, no te rebeles contra él, pues no perdonará tus infracciones, ya que mi nombre está dentro de él” (23, 20-21).

Dios comunica que mandará al pueblo de Israel a un ángel para protegerlo y procurar el éxito en las guerras de conquista contra los pueblos de la tierra de Canaán, entre otras cosas.

¿Quién era este ángel? ¿Cuándo apareció? En los cuarenta años que estuvo Israel en el desierto, no se señala que estuvieron acompañados por algún ángel, sino únicamente por Moshé Rabeinu. De hecho, después del pecado del becerro de oro, Dios dice a Moshé que desde ese momento en adelante los acompañará un ángel en lugar de él mismo, lo que era parte del castigo por ese terrible tropiezo.

En esa oportunidad, al escuchar dicho comunicado, Am Israel se enlutó, y también Moshé suplico al Eterno que si no los acompañaba de manera personal, mejor sería no llevarlos a Eretz Israel.

¿Por qué en esta oportunidad no reaccionó y rechazó esa propuesta? ¿Por qué Moshé estuvo absolutamente de acuerdo con la iniciativa de ser conducidos por otra entidad espiritual y no por Dios en “persona”?

Estas son parte de las preguntas que formula el Malbim, ZT”L, y así responde: “De acuerdo con mi apreciación, el ángel al que se refiere la Torá en esta oportunidad no es el mismo del que habla después del pecado del becerro de oro. En ocasiones se presenta un ángel cuyo dueño no se encuentra dentro de él, y hay veces que Dios mismo habla y actúa por intermedio de él, siendo este ángel un emisario en el que su dueño se encuentra dentro. Es decir, la presencia de Dios está en él. Así sucedió en el episodio de Guideon, pues él pidió una señal que demostrara qué tipo de ángel se le presentaba. Por esa razón ofrendó un sacrificio, y al ver que lo aceptó, se dio cuenta de que se trataba de un ángel en el que reposaba la presencia de Dios, ya que no se puede ofrendar sacrificios a nadie más sino a Dios.

No así el ángel que se le apareció a Manoaj (padre de Shimshón), pues no aceptó el sacrificio para él mismo, como está escrito: ‘Y si ofrendareis un sacrificio (holocausto) a Dios, entonces subirá’ (Shofetim 13), ya que era un emisario cuyo dueño no se encontraba con él.

Así también existen estas dos formas de conducción del mundo por parte de Dios. En ocasiones creará un ángel que dentro de él no se encuentre la presencia de Dios, solamente le otorgará cierta fuerza para actuar de acuerdo a una necesidad específica, sea un milagro o una salvación. Este ángel no contemplará las acciones humanas, ya que es un enviado incondicional, y aun cuando se descarríen y se aparten del camino del bien, de cualquier manera continuará con la orden de Dios hasta el final, hasta que reciba una orden contraria.

A veces el Eterno mandará un delegado que tendrá dentro de sí su presencia. Todo comunicado y acción será hecha por Dios mismo a través de él. Por ende, este ángel portará el nombre del Todopoderoso. Se exige escuchar a este ángel más de lo que se obligaría escuchar a otro, ya que Dios habla por su intermedio. El ángel que Dios pretendió mandar después del pecado del becerro de oro, quien no portaba dentro de sí el nombre de Dios, se limitaría a salvaguardar la integridad de Israel, y sería indiferente si le escucharen o no, pues tendría una misión específica que cumplir. Por esa razón Dios dijo que lo mandaba, porque vio que somos un pueblo testarudo. No sea que nos rebelemos contra él y esta osadía nos cueste la vida.

Pero aun así Israel se entristeció, y Moshé comenzó a hacer tefilá al saber que Dios no los acompañaría por el desierto de forma personal, ya que es más digno ser conducidos por quien porta la presencia divina, pues es mucho más elevado que otro tipo de emisario. Y añadirá más milagros y protección al pueblo, mostrando la cercanía de Dios a Israel por medio de una columna de fuego y con nubes”.

Es posible concluir que cada uno de nosotros tiene la libertad de elegir la forma de relacionarse con Dios. Todos tenemos la absoluta claridad de que es vital cumplir mitzvot y conducirnos por la vida a través del camino de la Torá. Todas esas acciones podrían ejecutarse como simples órdenes, dejando atrás la sensibilidad sobre quién nos pide cumplirlas, de alguna manera diciendo: cumplir para salir de la obligación. O, por el contrario, buscar desempeñar nuestros deberes, porque así nos colocamos más cerca de Dios.

Estas mismas acciones portarán el nombre de Dios, siendo ellas una especie de extensión de la elevada presencia de Dios en su mundo. Cada mitzvá crea un ángel. Nosotros tenemos el poder de decidir de qué tipo será.

¡Shabat Shalom!

Yair Ben Yehuda

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