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VIDA RELIGIOSA

Metzorá: Lepra espiritual, ego y séder de Pésaj

Moré David Chocrón

Asistente de rabinos de la Unión Israelita de Caracas

tipsdetorahonline@gmail.com

www.proyectojai.com

E ste shabat recibe el nombre de Shabath HaGadol —“el gran shabat”—, el shabat que precedió a la salida de Egipto y, por consiguiente, a la celebración de Pésaj.

La parashá que leemos en la sinagoga este año es metzorá, que relata sobre la lepra espiritual contraída por hablar mal del prójimo.

¿Quién es capaz de hablar mal del prójimo? Solo aquel que pretende subir a cuesta de rebajar al otro y no por méritos propios. ¿Y por qué? Simplemente porque no tiene fe en Hashem. ¿Pero hay muchos judíos con fe que sí lo hacen? Debe ser que su nivel de fe no está bien definido.

Una de las razones de la falta de fe es el orgullo negativo. Y aunque podamos pensar que es imposible en el caso de una persona con mucha fe que su orgullo salga a florecer, de todas formas puede existir la sospecha de una especie de orgullo que agrande su corazón.

Está escrito en el Mishlé (cap. 16) que Hashem desprecia a todo el que agranda su corazón, o como se dice en criollo, aquel que “se las echa”, y en esta ocasión, la palabra “todo” viene a aumentar un caso como este, en el que no es posible que exista el orgullo como una sensación de vanidad sino como algo muy lejano, casi imperceptible, pero a la vez necesario.

¿Cómo se cura? La forma en que se cura la tzaraat —lepra espiritual— nos enseña cómo curar el alma. Saber cómo curar enfermedades emocionales implica verdaderamente más de lo que aparenta, ya que era función ni más ni menos que del cohén y, paradójicamente, mientras más elevados sean los niveles del alma a los cuales uno es capaz de acceder, incluyendo las dimensiones más internas que pueden parecer estar separadas de los síntomas físicos reales, uno puede descender más profundo en el mundo práctico para curar el dolor de una persona, y así consecutivamente curar a la sociedad, que por esta misma falta fue desterrada de su tierra ancestral y hasta hoy en día tenemos diáspora.

Para ello, como buen médico físico, debemos tener buenos médicos espirituales y para diagnosticar debemos tener el medicamento a mano.

¿Lo tenemos? Por supuesto que sí, lo único que no debemos ser como aquellos niñitos que rechazan la medicina por lo desagradable de su sabor. El rey Salomón nos enseña: “¿Quién es capaz de enderezar lo que él torció?”(Kohelet 7:13), y a la vez afirma el Talmud en Pesajim 54a: “La teshuvá (arrepentimiento) fue creada antes del mundo. Antes de que ocurriera la enfermedad ya Dios había creado la cura”. Pero este año se nos presenta mucho más fácil el diagnóstico para salir airosos y triunfantes al vencer ese orgullo y ego superfluos.

El signo astrológico de Nisán es el carnero (Aries), el cual está relacionado con las características de orgullo y arrogancia, lo cual se expresó en Egipto y el faraón: creyeron solamente en sí mismos, negando la fuerza de la supervisión divina. La salida de Egipto destruyó ese orgullo.

¿Cómo lo hacemos práctico hoy en día? Muy fácil, por eso decimos que Hashem da el remedio antes que la enfermedad y la solución antes que el problema.

La opresión y oposición a estas fuerzas negativas de orgullo y ego propias de Aries que caracterizan a Nisán es contrarrestada con la mitzvá de comer matzá en el séder de Pésaj. ¿Por qué en el séder? Recordemos que el séder lo celebramos el 14 de Nisán por la noche, que es 15 de Nisán, día de luna llena, en el cual esta cualidad de Aries está en su máximo esplendor, y a la vez debemos concluirlo antes de la medianoche por la misma razón.

Matzá es símbolo del “pan de aflicción que comieron nuestros padres en tierra de Egipto”, como reza la Hagadá, pan de pobreza, y a la vez en el relato de la Hagadá que nos es encomendado ese día hacerlo en grupos familiares damos fe y testimonio de que nosotros como pueblo venimos de ser esclavos y no somos “nada particular”, que si no fuese por Hashem seguiríamos en la esclavitud, y que nuestro patriarca Abraham era hijo de un insigne idólatra llamado Teraj, etc., y así logramos “bajarnos las ínfulas” y disminuir las acusaciones de nuestros “enemigos espirituales” que quieren acusarnos de orgullosos y egocentristas para separarnos de nuestro padre celestial.


¡Pésaj Kasher Saméaj para la comunidad de Venezuela y Am Israel!

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